Parar la muerte, ni un Neomar Lander más

Rápido salieron unos y otros a repartir responsabilidades, más que con la premura de buscar justicia con la intención grosera de lavar sus culpas, voceros de ambos bandos se apresuraron a dar cada uno su versión; una bomba lacrimógena del campo represivo twitteaba un diputado opositor, un arma cacera del lado "terroristas" twitteo el "Defensor del Pueblo", los espectadores de siempre desde la comodidad de sus computadores y teléfonos se hicieron eco de cada una de las versiones, cada quien defendiendo su parcela, los twitter en la web corrieron a la velocidad de la sangre derramada desde el pecho destrozado de Neomar.

Cuantos de nuestros muchachos tienen que morir para parar esta barbarie que solo complace a quienes desde el poder busca aniquilar nuestros pueblos, y no me refiero al poder interno, ese que desde sus palacios de lujo y sus cúpulas podridas son solo marionetas manejadas desde los factores reales de poder, me refiero a quienes desde el nuevo orden mundial impone la agenda guerrerista para que nosotros pongamos los muertos.

Y yo me pregunto ¿por qué? ¿Por qué Neomar casi un niño estaba allí? ¿Quién lo llevo al campo de batalla? ¿Quién lo saco de su aula de clases? ¿Por qué no estaba en una cancha de juego? Muchas son las preguntas y muchas serán las respuestas que seguramente cada quien desde su conveniencia puede dar, pero Neomar jamás debió estar allí, jamás.

Neomar es una luz que se apaga para vergüenza de todos, es el futuro fusilado, son los sueños apagados, asquea oír los argumentos de unos y otros para probar o evadir la culpa, asquea ver como unos y otros se lavan las manos como Poncio Pilato. Neomar no merecía estar allí, como no merece el desprecio de sus detractores, llamarlo terrorista no justificara jamás su muerte.

Cada muchacho que matan es como un hijo, lo digo como madre, y no solo los que son asesinados en las protestas, también los que mueren en manos de la delincuencia, los que mueren por falta de un medicamento, los que son usados como vehículo para el narcotráfico, los que mueren en manos de las mafias de la minería, los que como Neomar quería irse a buscar oportunidad en otras tierras.

Duele Neomar, la justicia que no es tan ciega en su administración, tal vez se encargue de esclarecer tu caso o tal vez no, lo que sí es seguro es que tu memoria seguirá allí recordándonos para siempre la cobardía de no evitar tu muerte.



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Natali Vásquez


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