Ética Médica

Un recado ético a la médica Beatriza Toro

Presumo que la médica –no sé si doctora- Beatriz Toro, por ser residente de guardia, debe ser joven profesional de la medicina i no ha valorado filosóficamente, desde lo ético i lo esencialmente humano, la ciencia profesional que tiene en su haber; a punto que nuestros antepasados i viejos profesores creyentes, la consideraban un apostolado. Personalmente, por no creer en religiones, la conceptúo como ciencia i luego, con un fundamento ético, nada de metafísica, sino acorde al Principia Éthica de George Edgard Moore, alumno i condiscípulo de Bertrand Russell.

Entre nosotros, hubo un médico extraordinario, cirujano, célebre profesor de Anatomía incluso en el exterior; escritor e historiador (escribió sobre el cráneo del Libertador); además pintor, taurino (escribió un libro de Tauromaquia) i sobre todo de una gran prestancia ciudadana, científica i ética. Pues bien; existe una anécdota de que, como manejaba el humor i a veces una fina ironía, en un examen final para un alumno que se creía no mui bien dotado o preparado i pasó muchísimos años estudiando la carrera (quizá con cuantas carencias, pobrezas i problemas) le obsequió una pluma-fuente como se usaba, i no bolígrafos, diciéndole: Tome esta bella pluma; pero le aconsejo que la empadrone (como se hacía con las escopetas). Sin embargo se equivocó, puesto ese hombre se fue a ejercer al llano; resultó un médico excelente, amigo de los pobres i sufridos; ganó varias veces el premio del mejor Médico Rural de Venezuela, i fue toda una hermosa leyenda del llano donde hasta descubrió enfermedades. Así, después de leer a Luis Pérez i hacer mi escrito, he visto otro de Augusto Hernández, donde el autor trata de reconstruir un diálogo entre usted i su paciente nuestro respetable colega psiquiatra, Jorge Rodríguez, i quizá hasta su profesor. Si fue así, es deplorable que usted mezcle sus odios políticos, con el ejercicio de su bella i noble misión para la cual se comprometió en la vida.

Por eso, no le voi a regalar una pluma-fuente (que es lo que uso) ni un bolígrafo, i menos pedirle que la empadrone; pero si darle al menos un recado ético como presente. Cuando se tiene tanto odio retenido o acumulado, no sabe cuando la va a traicionar i meter en un problema grave. Si puedo le enviaré un librito de cerca de cien páginas que publiqué creo que hace como 25 años sobre lo que es el médico. Las cifras son risibles, pero el texto i los argumentos, válidos por muchísimos años. Si no, quiera estudiar filosofía, lea a Marañón, a Laín Entralgo, a Blanco Soler, a Weizsäcker, a José María Vargas, a Luis Razetti, a Rízquez, a Augusto León, a Adolfo D’Empaire, a Hernández DÉmpaire, i muchísmos más extranjeros i criollos que le formarán un acirate ético, para un camino profesional sombreado por la ciencia, el amor i la justicia. No creo como decía Letamendi que, el médico que no sabe filosofía ni medicina sabe; pero la filosofía es lo más sano i maravilloso que puede llegar a la mente del hombre, para comprender mundo i vida. I a todo, póngale la rosa de los vientos de la vida superior i hermosa; la Poesía. Entonces, amanecerás cada mañana, repitiendo con Darío:

Yo soy aquel que ayer nomás decía

el canto azul y la canción profana

en cuya noche un ruiseñor había

que era alondra de luz por la mañana!


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Roberto Jiménez Maggiolo


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