La muerte de Aylan

Quienes has visto la terrible fotografía del niño sirio de tres años Aylan, fallecido por inmersión en una playa de Turquía representa el signo del infierno en el planeta. Ese condenable hecho plasmado en una imagen es la peor de las desgracias que millones de seres deben confrontar antes las infamias de la guerra, generadas por la lucha del poder político, el fanatismo religioso y hasta el pensamiento de superioridad racial.

Pero no solamente ha muerto Aylan. En el bote en el cual intentaba escapar junto con su familia, apenas pudo sobrevivir su padre. También fallecieron por inmersión su hermanito mayor y la madre de ambos, tal y como lo relata su padre, Abdula Kurdí¹, quien también señala que en otra embarcación perecieron otras “ocho personas, entre ellas un bebé de 9 meses, dos gemelos de año y medio y dos hermanos de 9 y 11 años”.

Esta dramática historia que ocurre todos los días en diversos conflictos del mundo, lo cuales no son recientes, pero que cuando se extrapola una situación de tipo político  que afecta a cualquier país de Europa (en este caso Turquía, aunque con muchas similitudes culturales y religiosas a Siria) o del Norte, por efectos de los mal llamados “desplazados”, inmediatamente casi que estos seres humanos, con igual derecho de vivir, con semejante etiqueta de “desplazados”, prácticamente son definidos como “inhumanos” o “indeseables”, generando no sólo acciones y decisiones políticas exabruptas por parte de los llamados “gobiernos”, sino que en tal semántica se manipula el concepto de esa bazofia de “humanidad”, que sólo convierte en auténticos inhumanos a quienes la practican y ejecutan desde lo más alto del poder.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) y el resto de las organizaciones de su tipo que existen en los distintos continentes se han convertido en cómplices de las matanzas y asesinatos originadas por luchas entre grupos que pugnan por el poder. Genocidios como los ocurridos en Ruanda sobre las minorías tutsis (1994).  El interminable conflicto palestino-israelí, ahora enrarecido por la guerra civil “islámica”, que de “civil” nada tiene, salvo las víctimas, debido a lo indescriptible de sus armamentos militares, afectando directamente a los pueblos de Siria y Libia (éste de África de Norte). La ambición de Rusia por intentar el control de Ucrania como paso para “reconquistar” lo que una vez fue la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La desgracia hegemónica del poderío militar por la cual ahora compiten Estados Unidos y China, cada quien buscando mantener el dominio occidental y oriental del mundo, son una condición geopolítica nefasta para el desarrollo de esa “humanidad” tan pregonada.

Mientras la industria de la guerra siga con su fortalecimiento y expansión, vinculada con la hipócrita praxis política del poder,  controlado por los países con “derecho a veto” en el seno de la ONU, continuarán las desgracias de Aylan y su familia, reflejadas en millones de seres humanos, sino que indefectiblemente no sólo los países de ese “medio oriente”, Asia y África continuarán sumergidos entre la muerte y la barbarie sino que tampoco  los países de este continente, es decir, América Latina, encontrarán frentes comunes a sus problemas de pobreza, narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo y descomposición moral y ética de sus “democracias”.

Lo irónico sobre la desgarradora foto de Aylan es que existen algunos gobiernos depauperados por sus propias políticas internas quienes nos hablan de aliados “buenos”. ¡Ignorantes!  Mientras esos “aliados” promuevan creación de armas nucleares y tecnológicas de destrucción masiva,  no hay, ni habrá aliados “buenos”.  Mientras existan “aliados” de cualquier país inmerso por la dependencia de otros, y que esos otros sólo distribuyan sus recursos financieros y de ese desarrollo tecnológico a costa de los recursos naturales de los pueblos (fundamentalmente el petróleo y el agua) éstos tendrán que seguir luchando hasta por su Derecho a la Vida.

La muerte de Aylan, su hermanito y su madre son una tragedia no sólo para su padre. Es la tragedia de un mundo envilecido, convertido en depauperación política y armamentista. Mientras Estados Unidos unido en bloque con  Europa y Japón, y China buscando fortalecerse con Rusia en el plano militar, el único camino seguro seguirá siendo la muerte. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

 

¹http://internacional.elpais.com/internacional/2015/09/03/actualidad/1441232434_109669.html



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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