El Cardenal de la infamia y la sangre de Danilo Anderson

Patricia Poleo había huido, Antonio Ledezma esperaba un empujón para montar otra marcha como la del 11-A y acabaron por hacerla el 23 de enero; al tiempo que Mezherane callaba desde su covacha carcelaria sin dejar alimentar desde Lobovisión los realities shows contra el “tirano”; Enríque Mendoza se chupaba el dedo en la espera de su papá Goriot (aquel que nunca quiso chuparse cuando ordenó tumbar la señal de VTV). El diario “El Nacional” mantenía a todo vapor la defensa de los que asesinaron a Danilo Anderson (con el vil descaro de no escribir ni una somera línea indagando sobre la participación de los supuestos criminales en este monstruoso delito). Todo unidos como rezando en familia, porque familia que reza unida…puede que algún día consiga la burda aplicación del artículo 350 de la Constitución, el magnicidio contra el Presidente, la pertinaz burla hacia las misiones, la manía por alentar un golpe de Estado con apoyo de paramilitares colombianos, sostener una campaña internacional contra Venezuela, y una y mil veces la defensa cínica, despiadada y frontal de los asesinos de Anderson.

Defender el asesinato de Danilo Anderson se ha convertido en un punto de honor para la oposición. La sicología como ha actuado sobre todo El Nacional, es hacer ver que el fiscal Anderson era un miserable extorsionador. No ha bastado con se le mate de la manera horrenda como se hizo, es necesario convertirlo en el más soberano de los bandidos que además fue destrozado por “los propios cuervos y la carroña del chavismo”. Y el manto supremo de la púrpura derecha de la Iglesia católica también debe poner su grano de arena para tapar o confundir a todos los que contribuyeron con este crimen. Este crimen se parece cada vez más al Crimen de Berruecos, instigado y dirigido por los liberales y fanáticos de Bogotá, y que llegó a ser tan empantanado por los propios jueces y politiqueros de entonces que produjo varias guerras civiles e incluso fue declarado, dos años después, oficialmente olvidado por el Congreso de la República de la Nueva Granada.

Al empezar el año 2006, el decisivo para la elección presidencial, el cogollo ultra-derechista, digo, de la oposición entró, vía de las vírgenes desgarradas de la Iglesia al combate directo para otra vez intentar “tumbar al tirano Chávez”. Se trata de esa púrpura eclesiástica, que nunca calla, que jamás perdona ni mucho menos pide perdón. La oportunidad estaba servida con la Homilía en el cierre de Feria de la Divina Pastora y como exponente máximo el cardenal fascista de Rosalio Castillo Lara (14 de enero de 2006). Al Cardenal Castillo Lara en nada le importaba de nuevo empantanar su alta investidura, ni irrespetar al pueblo católico que desde hace tantas décadas viene celebrando en sana paz esta sagrada fecha. El Cardenal Castillo no pensaba, claro, en el pueblo, sino en su gente, digo, en Patricia, en Ledezma, en Manuel Rosales y en los militares que aún andan soñando con provocar una guerra civil y en El Nacional que puja por defender a los que cuadraron la Trama Mortal contra Anderson; y se lanzó con aquel espantoso panfleto, cargado de cizaña, de vituperios del más bajo fanatismo: viperino veneno de incontenible maldad. Los asesores del Frente Intelectual Golpista (con Manuel Caballero a la cabeza), le habían agudamente aconsejado que su homilía tenía representar para el “régimen” de Chávez lo que fue la Carta Pastoral de Arzobispo Rafael Arias Blanco el 29 de abril de 1957 para la dictadura de Pérez Jiménez. Como si la cúpula de Iglesia realmente hubiese sido pieza clave en la caída de la dictadura perezjiminista. A Arias Blanco se le ha llamado “el Obispo de la Resistencia”, cuando en él todo era blandura, pesadez y torpeza. Pérez Jiménez solía decir que Arias Blanco era un “arzobispo con voz de tiple y cuerpo de señora”.

A la muerte del Arzobispo Lucas Guillermo Castillo (tío de Rosalio), Arias Blanco pasó a ser Arzobispo de Caracas, el 9 de septiembre de 1955, en se portó con el gobierno a las mil maravillas. Ya habiendo decidido el Departamento de Estado norteamericano salir de Marcos Pérez Jiménez, se le hizo llegar a Arias Blanco, desde Argentina, un documento que el 1º de mayo de 1957 leyó como Carta Pastoral. Algunos dicen que la escribió el obispo Feliciano González Ascanio. Cogió el pobre hombre una fama inesperada a partir de 1958, Recordemos por otra parte que en la época de Pérez Jiménez, muchos curas decidieron pasear a la Virgen de la Coromoto por toda Venezuela para hacerle campaña electoral (proselitista) al dictador y promocionar el buen gobierno que hacía, hasta el extremo que fue catalogada de la suprema virgen perejimenista.

Nadie sabe más que Castillo Lara, que la Iglesia moderna es otra transnacional: capitalista, neoliberal y supra-salvaje como cualquier poderosa compañía que cotiza en la Bolsa. Y presiona. Tiene con qué presionar (manipular) con sus medios de comunicación, con sus templos y con las tradiciones cristianas. Es patética la confesión que hace Laureano Vallenilla Lanz, en “Escrito de Memoria”, cuando dice que la Iglesia sabe cambiar a tiempo, y acomodarse con el que tiene el garrote. Cuando derrocaron a Rómulo Gallegos, el decano de la prensa nacional, “La Religión”, agitaba banderas de pesimismo para desalentar la resistencia popular y abrirle camino holgado a los conspiradores. Entre los primeros que van a Miraflores a felicitar a Carlos Delgado Chalbaud por derrocar a Gallegos fue el arzobispo de Caracas, Lucas Guillermo Castillo, el tío de Rosalio (no olvidemos que algunos curas suelen llamar sobrinos a sus hijos).

Derrocado Rómulo Gallegos, la revista SIC (esa misma donde se esconden tantos jesuitas golpistas) escribió: “Ha empezado a brillar bajo la mirada providente de Dios, el amanecer de este nuevo día, de una nueva época, para nuestra patria venezolana. (Léase “La Espada y el Incienso”, Luis Colmenares Díaz, Caracas, 1961, pag. 7)”. Entonces con los militares gobernando, la Iglesia con los jesuitas a la cabeza, se dieron a la tarea de enaltecer al niño mimado de Dios y al Cardenal Honorario de la Iglesia, el Generalísimo Francisco Franco. La Iglesia en Venezuela siempre había sido adeca o copeyana (fascista), y cuando criticaban a estos partidos lo hacía para chantajear y para pedir más dinero, más prebendas, nunca por el bien del país ni mucho menos para luchan contra el hambre como lo pregonan ahora, porque si no que vean como han vivido sus obispos en jauja, en mansiones y carros de lujo, dándose la gran vida en Europa.

En las elecciones de 1952 la Iglesia se puso de parte del dictador Marcos Pérez Jiménez, por puros intereses materialistas. Lo de siempre. Sabían que se preparaba un fraude. Entonces decidió entrar en campaña, con mucho vigor, a través del uso de la Virgen de Coromoto, como dijimos, cuya leyenda es el llamado a la sumisión, al orden establecido. Entonces recorrieron el país con aquella reliquia y con el llamado a obedecer al mandón de turno que les daba cuanto exigían. Poco antes de las elecciones, y en ocasión del tercer centenario de la aparición de esta Virgen, entre pomposas fiestas costeadas por el gobierno, se invitó sin tapujos a los feligreses a apoyar el “renovador espíritu de la patria”: Que se le diera el SI al gobernante católico que tan espléndidamente se estaba portando con el proyecto de Dios. Pese a este esfuerzo demencial ocurrió lo contrario: es decir, no ganó el SI. Pero sin embargo la Iglesia no perdió. Nunca pierde: Quedó enaltecida ante la dictadura por su servicio incalculable al sistema, y por lo tanto tendría cuanto pidiera, sobre todo sería pieza esencial y clave para ocultar el monstruoso fraude electoral, igualmente clave para ocultar la tortura en las cárceles, la represión y el crimen político. La Iglesia nada dijo cuando asesinaron a Leonardo Ruiz Pineda ni a otros verdaderos luchadores que se enfrentaron a la dictadura. La Iglesia calló esos crímenes como callará todos los que se cometieron en los 40 años de la “democracia” puntofijista.

Poco antes pues, de ese 23 de enero de 2006, la púrpura ultra-decherista de la Iglesia, quiso se recordara la Carta Pastoral de Arias Blanco, a ver si el pueblo reaccionaba contra Chávez, y lo que se llevó fue el desprecio del pueblo y fuerte abucheo. El Cardenal de la Infamia, Castillo Lara no pidió en aquella homilía contra la nefasta e inmoral guerra que desde tantos flancos se le lanza contra nuestra patria sino que imploró a la Divina Pastora porque salvara a Venezuela. Comparó a la situación de nuestro país con la e con la epidemia de peste que hace 150 años motivó la intervención milagrosa de la Divina Pastora. Añadió: “Ante la triste situación que vivimos y ante el peligro de que, si el pueblo venezolano no toma conciencia de su gravedad y no se pronuncia categóricamente a favor de la democracia y la libertad, nos encontraremos sometidos a una dictadura de tipo marxista, vamos a pedirle, todos unidos, a la Divina Pastora: «¡Virgen Santísima, que en nuestra historia has manifestado muchas veces tu benevolencia y cariño por este pueblo, te pedimos que no nos abandones en este momento!». Nuestro Señor Jesucristo ha querido, quizás, darnos una dura lección por nuestras infidelidades, por no haber sabido aprovechar los dones que nos dio de una naturaleza tan fértil y rica, de una población inteligente, trabajadora y generosa, y por no haber ayudado debidamente a los más necesitados y no haber vivido limpiamente nuestra fe cristiana. Apóyanos, dulce Divina Pastora, a aprender la lección y danos a todos la claridad de la mente para conocer y evitar el peligro, y la fuerza para superar democráticamente este momento difícil. Consíguenos el don de la paz, de la reconciliación, de la conversión y danos la alegría de la recuperada libertad. Así sea.

Así habló este hombre que tantas hostias ha repartido con la misma mano que ha estrechado la de tantos asesinos. Así habló quien estuvo al lado del Santo Padre y fue gran admirador de la Falange Española y del fascismo italiano. El que fue gobernador del Estado Vaticano y aplicó las recetas neoliberales en los viajes del Papa para recaudar fondos nefastos en sus negocios, sobre todo la de promocionar la venta de papas fritas en cuyas bolsitas aparecía la imagen del Santo Padre. Fue él quien aprobó como ejemplar y necesaria la sangrienta represión ocurrida el 27 de febrero de 1989, denominada "Caracazo". Fue igualmente el que quiso imponer a Adam Celis como dictador en lugar de Pedro Carmona Estanga, y el que ha estado detrás del macabro terrorismo que asesino a Danilo Anderson. Obispo oprobioso, Cardenal de la Infamia.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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