Isaías Rodríguez: Dignidad y decoro de un hombre íntegro

Después del presidente Hugo Chávez, no hay duda que la personalidad política más atacada, vituperada, ofendida en su dignidad y decoro por los medios comerciales de incomunicación social, radio, tv, prensa escrita, internet, es el Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez.

Precisamente por su dignidad, su valentía, su entereza, por su defensa de la verdad, la libertad y la justicia, por tener en sus manos la herramienta formidable de poder enjuiciar a los que delinquen, de investigar el delito en sus raíces, en sus génesis, tal es el caso del crimen horrendo y monstruoso de Danilo Anderson, complot terrorista de carácter político.

Danilo dejó un mandato: que en Venezuela cese la impunidad y se haga justicia. Ese mandato, a nuestro juicio, marcó a Isaías Rodríguez, que ya venía, desde su llegada al proceso revolucionario, avanzando política, ideológica y moralmente en un norte de hacer justicia en Venezuela, sobre todo en el poder que representa el Ministerio Público, tan venido a menos los últimos 40 años, cuando imperaba el autoritarismo de los gobiernos defensores de los grupos poderosos y la justicia era una entelequia para el pueblo.

¿Quién no recuerda a un Serpa Arcas, prototipo de lo que no debe ser un Fiscal General y que llevó a la Fiscalía a los más profundos extremos de envilecimiento y decadencia y, sin ningún recato, defendió a delincuentes y la justicia desapareció por completo en Venezuela?

Isaías con toda seguridad se ha mirado en el triste espejo de lo que ha sido la Fiscalía en el pasado, como en general toda la estructura del sistema de justicia venezolano, al servicio de la oligarquía y grupos dominantes, incluso en la actual Fiscalía la presencia de abogados enemigos del proceso de cambio, personas que militan –o han militado– en las filas de la contrarrevolución golpista, no son pocos los obstáculos que han puesto para que se haga justicia en diferentes casos, incluso en la investigación del crimen de Danilo.

Con el señalamiento hecho por Isaías Rodríguez de algunos de los autores intelectuales del crimen de Danilo, se percibe no sólo una decisión de hacer justicia, sino una justicia nueva que rompa la interminable cadena de impunidad que impera en Venezuela. Se percibe una valentía poco común en estos tiempos, esa que desborda el comandante Chávez.

El 12 de abril de 2002, durante el golpe de Estado contra el presidente Chávez, en valiente actitud denunció la acción artera de la contrarrevolución golpista y del imperialismo y dejó claro que Chávez no había renunciado, abriendo con ello un espacio nuevo para las luchas que el pueblo –quien se asumió como poder originario– estaba escenificando en las calles para restablecer el poder constituido, como en efecto ocurrió.

Un año tardó la Fiscalía en dar los nombres de los primeros encausados como autores intelectuales –ya estaban descubiertos y apresados, en las primeras semanas del suceso, parte de los autores, algunos muertos en enfrentamientos con la policía– ¿por qué tardó tanto en ocurrir?

Se entiende lo complejo de la investigación, aunque ya se sabe lo fundamental por los testimonios de testigos claves salidos a la luz, eso quizás haya hecho tan largo el proceso y que salieran al conocimiento público los nombres ya conocidos, pero pensamos que el dominio que tenían los Guevara de las policías de investigación, impidieron, entre otros elementos obstaculizadores, el desarrollo de la investigación; de hecho, varios equipos policiales de investigación tuvieron que ser cambiados ¿por qué? porque desviaban la investigación para encubrir a los autores intelectuales y materiales del abobinable crimen.

Isaías Rodríguez se ha empinado sobre la miseria, se ha elevado por la montaña de miseria humana y bajezas que ha construido la oligarquía criolla a través de sus instrumentos (los medios), de sus sigüices, sicarios y manipulables que ejecutan o se prestan, conscientemente o no, a desvirtuar la magnífica labor investigativa hecha por la Fiscalía General de la República para que no sólo se hiciera luz en el crimen, sino que se comience a hacer justicia y cese la impunidad.

Los fascistas, la contrarrevolución, la clase media de extrema derecha, el imperialismo, no podrán fusilar a Isaías, él, moralmente, éticamente, es inmortal porque, precisamente, representa la justicia, esa que enlodaron y prostituyeron quienes ahora lo atacan.

Es evidente, a la luz del cuadro opositor subversivo –incluso el de la oposición electoral, que se precipita torpemente en cuadrarse con una Poleo terrorista y abiertamente golpista y eso les va a costarles unos cuantos votos más– que la fase final del caso Anderson precipita la agenda golpista cuya filo principal en esta etapa es no sólo defender a ultranza a los acusados de ser los autores intelectuales del crimen, sino arremeter contra la Fiscalía y el Fiscal General, los jueces y juezas, amedrentar a quienes llevan el caso y socavar las bases del naciente Estado bolivariano y sus instituciones, condición previa de ablandamiento sicológico para una arremetida golpista-terrorista de mayor envergadura.

¡Hay que parar la ofensiva mediática de la derecha!, allí está su estrategia fundamental, no tienen otra. (13-11-05) (caracola@cantv.net)


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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

 humbertocaracola@gmail.com      @hgcaracola

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