El agobio de la cultura

Ignacio Ramonet, publicaría un libro intitulado: Un Mundo sin Rumbo. Crisis de fin de siglo. La versión castellana estuvo a cargo de la Editorial Debate. La primera edición sería en el año 1997 hasta alcanzar la que hemos leído, la cuarta edición, de 1999. La traducción estuvo a cargo de Antonio Albiñana. Está constituido por diez capítulos y un epílogo, en el cual formula la  pregunta: Hacia una geopolítica del caos. Su contenido transita temas como el nuevo paisaje internacional, la neohegemonía americana. De igual manera, aborda los regímenes globalitarios y el pensamiento único. También el ascenso de lo irracional y el despertar de las tribus. Asimismo, aborda temas como las rebeliones futuras y las ciudades al asalto del planeta para concluir con temas considerados de vital y actualizada importancia: uno formulado como interrogante: la agonía de la cultura y el otro intitulado, la era Internet.

Tras la metamorfosis del poder, tras el final de la guerra fría, no queda más que una sola gran potencia, Estados Unidos. Todos los Estados están metidos en el gran movimiento de la mundialización, que convierte a las economías en dependientes unas de otras. Los mercados financieros trenzan una invisible cuerda que ata a los países, y, al mismo tiempo, maniata y aprisiona a los gobiernos. Prácticamente ningún Estado puede aislarse ya del resto del planeta. La Tierra, como en el siglo XV, está, a partir de ahora, disponible para una nueva era de conquista. En la época del Renacimiento, los Estados eran los principales actores de la expansión conquistadora. Hoy son empresas y holding, grupos industriales y financieros privados los que se plantean dominar el mundo, lanzas sus razias y amasan un botín inmenso. Nunca los amos de la Tierra han sido tan poco numerosos, ni tan potentes.

La caída del Muro de Berlín produjo la expansión mundial del modelo capitalista y  la aparición triunfante del neoliberalismo. El término que se acuño sería el de la globalización junto a otros términos que incluso los intelectuales progresistas utilizan para que le sean perdonados sus pecados. La crítica de James Petras resulta contundente, determinante y aclaratoria: los intelectuales de izquierda evitan usar conceptos más precisos que son mucho más útiles para identificar las configuraciones contemporáneas del poder como imperialismo en lugar de globalización; Estado imperial en lugar de corporaciones desestatizadas; ascendencias del poder financiero en lugar de la revolución de la información; explotación intensiva/ extensiva en lugar de flexibilidad laboral; reversión económica en lugar de reforma económica; reconcentración y monopolización de la riqueza en lugar de ajuste estructural. Pero tal crítica no alcanza  a Ramonet porque coincide con el diagnóstico de Petras y Velmeyer. El Director de Le Monde Diplomatique, una vez precisado los nuevos amos del mundo expone el planeta saqueado, al respecto señala:

En nombre del progreso y del desarrollo, el hombre ha emprendido, tras la revolución industrial, la destrucción sistemática del medio natural. Las predaciones y los saqueos se suceden, deteriorando los suelos, las aguas y la atmósfera de la Tierra, La contaminación ocasiona efectos –recalentamiento del clima, empobrecimiento de la capa de ozono, lluvias ácidas- que ponen en peligro nuestro planeta. El productivismo a ultranza es el primer responsable del saqueo, pero también la explosión demográfica del sur, y la contaminación urbana provocada por los tubos de escape de un número excesivo de automóviles. La amplitud de los desastres ecológicos, y de los problemas que éstos provoca,, preocupa cada vez más a todos los ciudadanos del mundo. La desaparición de numerosas especies de la fauna y de la flora crea desequilibrios inquietantes. Proteger la variedad de la vida se convierte en un imperativo, puesto que la riqueza de la naturaleza reside en su increíble diversidad.

Desde la anterior perspectiva y alarmante diagnóstico, el Socialismo del Siglo XXI incorpora en sus categorías y bases fundamentales la teoría del Ecosocialismo pero también el Indo Socialismo porque el deterioro y destrucción de la naturaleza compromete a las comunidades  étnicas originarias: venezolanos y venezolanas que por primera vez en la historia de Venezuela han sido dignificadas desde las misma Carta Magna. La biodiversidad y la diversidad de ecosistemas; la diversidad de especies y la diversidad genética han comenzado vertiginosamente a ser motivo de preocupación e intranquilidad  permanentes. Venezuela forma parte de la Primera Reserva Internacional de la Floresta Amazónica. Es la primera  nación del planeta de reservorio de energía fósil y la quinta en gas. De igual manera, posee quince de los diecisiete minerales estratégicos. La mira está puesta desde el capitalismo imperialista en la Patria de Bolívar. En el Siglo XXI amanecimos bajo la cultura de lo incierto. Las estructuras espirituales seculares han explosionado y se han destruido los referentes culturales antiguos. Se impone desde los medios industriales-masivos privados la cultura de la homogeneización y el pensamiento único. El fantasma de la Cultura Global recorre internet con la lógica del, también, mercado mundial. Las particularidades nacionales han comenzado a ceder ante la cultura estadounidense. Precisa Ramonet:

El ritmo de la revolución tecnológica es cada vez más rápido, Su aceleración transforma, por contacto, todas las actividades de la sociedad, Cuando asistimos, a causa del vaivén en el universo de la información, a una desmaterialización creciente de las actividades tanto económicas -explosión de los mercados financieros-  como culturales –explosión de las nuevas televisiones digitales, de videojuegos, de Internet-  serán capaces los ciudadanos de hacer frente a todas las incertidumbres.

Los principales bloqueos son indiscutiblemente culturales. El verdadero problema es operar, en una sociedad traumatizada por el ritmo de la innovación, el desbloqueo de la inteligencia socioeconómica, es decir, de los problemas culturales en sentido amplio. Puesto que para iniciar este desbloqueo sin duda es necesario retomar, con mirada crítica, el hilo de la construcción de los principales parámetros culturales…



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Efraín Valenzuela

Católico, comunista, bolivariano y chavista. Caraqueño de la parroquia 23 de Enero, donde desde pequeño anduvo metido en peos. Especializado en Legislación Cultural, Cultura Festiva, Municipio y Cultura y Religiosidad Popular.

 efrainvalentutor@gmail.com

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