¡La vida de un animal lo merece!

Sobre la nueva Ley de Protección de los Animales

Leyendo el artículo de Francisco Velazco, en Aporrea 02/01/01. En el que se puede uno dar cuenta evidente que lamentablemente la nueva Ley de protección de los animales, en realidad está llena de errores y de trampas que lejos de darles a todos los animales el derecho a la vida por igual, son ellos “los animales” que son nuestros mejores amigos, discriminados y sacrificados en pro de la defensa de intereses a los que bien llama Francisco carroñeros, a estos personajes que eternamente han traficado con el dolor y el sufrimiento del os animales enjaulados, privados de su libertad y condenados a vivir una vida corta o larga dentro de pequeñas e incomodas jaulas o echados a la arena de un ruedo como en los tiempos de la Roma imperial, para el disfrute y el morbo de unos aberrados espectadores y el lucro de algunos pocos empresarios que trafican con la vida y la felicidad de los animales sean estos toros, vacas o animales encerrados en un zoológico para el disfrute de unos sádicos que se pasean y pagan por admirarlos privados de su libertad, o pagan por ver como un enfermo torero “enfermo de falta de sentimientos” asesina a un toro en un ruedo bajo el grito y el aplauso del público taurino, o ver como son maltratados en una manga de coleo.

No, señores de la Asamblea Nacional, esa nueva Ley mal llamada de protección animal, no tiene nada de revolucionario, de bolivariana, ni de socialista. Acuérdense de Nevado, El fiel perro del Libertador caído en una de sus batallas, de las muchas a la que acompañó a su amo y señor el Libertador, cuando bolívar, fue avisado de que su perro Nevado “un mucuchies” estaba herido se separó un momento del combate y acudió donde su perro herido de muerte, al Libertador se le vieron dos lagrimas en sus ojos que corrían raudas por la muerte de tan fiel animal.

Aquí, anexo un párrafo de la historia escrito por tulio Febres Cordero y que deseo sirva para refrescar la memoria de tanto asambleísta desmemoriado:

/“Don Tulio colocó esta leyenda histórica en sus Archivo de Historia y Variedades, valiosísima obra editada con el auspicio del Gobierno Nacional como aportación de Mérida en la celebración del centenario (1811---5 de Julio---1911) de la declaración de la independencia de Venezuela. Tiene el caracterismo de la llaneza y la caballerosidad de esta gente de la montaña, tan noble y franca; en ella se destacan tres personas de la región de Mucuchíes, a saber: el hacendado Don Vicente Pino, dueño de Moconoque, y su hijo pequeño, Juan José; el vaquero del Sr. Pino incorporado a las fuerzas que mandaba el Cnel. Vicente Campo-Elías, indio llamado Tinjacá, quien dijo a Bolívar cuando éste le preguntó si conocía al perro Nevado: Si señor, se ha criado conmigo. Ocho años después del primer encuentro, en la sabana de Carabobo tocó al mismo Tinjacá cerrar la historia del heroico animal con esta frase dicha al propio Bolívar: ¡Ah, mi general, nos han matado al perro!... Sobra decir que la triste noticia produjo consternación general a los valientes guerreros que en aquel campo aseguraron la independencia política de la República. Los lugares más importantes nombrados por esa leyenda son: Moconoque, hacienda del señor Pino en donde nació el perro Nevado; Mucuchíes; Caracas, en la cual entró el Libertador Bolívar victorioso de la Campaña Admirable; los campos de la batalla de Carabobo y de La Puerta; el sitio de Valencia; el palacio de San Carlos de Bogotá; el páramo de Timotes, en donde ocurrió un reencuentro de manera emocionante, después de prolongada separación”. /


Para terminar espero que esto haga recapacitar a nuestros señores asambleístas, para que rectifiquen en nombre de las tres RRR esta Ley de “Protección Animal” o que el presidente Hugo Chávez, con la gran sensibilidad humana que lo caracteriza se las regrese para corregirle los entuertos que tiene ahora.

Mucho se ha hablado en los medios de comunicación sobre el maltrato a los animales. Para mí es un tema muy triste porque he visto muchos casos, algunos de los cuales no es que me hayan provocado ganas de denunciar a los dueños, sino de darles una paliza allí mismo. Me da muchísima pena que traten a palos a sus perros, o que los tengan al borde de la muerte de hambre o de sed...y los pobres perros todavía se mueren por una caricia de sus dueños y darían la vida por ellos, cuando se merecerían un mordisco en la yugular como poco.

Yo parto del hecho de que el que maltrata a un animal es porque es un cobarde. Es muy fácil pegar a alguien que no se va a defender. Eso es precisamente lo que más duele. El perro, le peguen lo que le peguen, nunca muerde a su dueño. El pobre aguanta la paliza. Es su dueño y, aunque no entienda por qué lo hace, no duda de él. Le sigue adorando, aunque le tenga muchísimo miedo.

Cuando voy todos los años por los pueblos haciendo la campaña de vacunación antirrábica, me suelo comer por dentro. Cuántas veces me acerco a un perro a vacunarle y, cuando el dueño mueve un poco una mano, aunque sea para rascarse, el perro se tira al suelo, todo encogido, con los ojos cerrados, pensando que le va a caer una paliza. Cuando le digo al dueño que qué hace con su perro, que por qué le trata a palos, siempre lo niega: “yo qué sé por qué hace eso, le habrá dado la bobada”. Y entonces tengo que controlarme para no clavarle a él la vacuna antirrábica en vez de al pobre perro. Y, claro, ¿yo qué hago? ¿Denuncio a medio pueblo? ¿Y luego a medio pueblo de al lado? ¿Y así con todos los pueblos a los que voy? Normalmente les echo unas broncas gordísimas y les digo que les voy a vigilar, que como al año que viene el perro se encoja otra vez se les cae el pelo.

Y además, maltratar no sólo es pegar al perro. Hay muchas formas de maltrato. Voy a poner unos ejemplos:

- Un día fui a vacunar de rabia a un pueblo de montaña. Para llegar a él había que salirse de la carretera y meterse por unos caminos...Por ahí, como mucho pasaba un coche cada tres días. Bueno, pues llego al pueblo, a una casa que tenía tres perros de caza. Los tenían en una cuadra encerrados, atados, y la cuadra a oscuras del todo. Le pregunto a la dueña: “Los perros no estarán así siempre, ¿no?”. Y ella me dice: “No, un día al año mi hijo viene a cazar y los saca”. ¡Un día al año! Claro, los perros, al salir, no verán nada, estarán medio ciegos y casi no sabrán dar diez pasos seguidos. ¿Cómo se sentirán los pobres, día a día a oscuras, atados? Según la dueña, ¿y si los dejaba sueltos y los atropellaba un coche? ¿Pero qué coche, digo yo, si estaban medio aislados en un monte? Han pasado unos años y aún me acuerdo muchas veces de ellos. Encarcelados en una celda de castigo sin haber hecho nada más que ser unos buenazos.

- Otro día fui a vacunar unos perros a otra casa. El dueño tenía varios perros de caza. No estaban en muy buenas condiciones, pero eso no era lo peor. Por fuera de la verja, tenía atado a un pastor alemán muy delgado, a pleno sol (en agosto) y sin gota de agua. Cuando le dije al dueño qué pasaba con ese perro, me dijo: “Sí, casi siempre se me olvida ponerle agua, A veces, cuando vengo, se tambalea y todo de la sed que tiene. Como le da el sol de lleno...Yo le pregunté que por qué le tenía así y me dijo: “No sé, es muy majo, pero me cae mal, no sé por qué”. Le puse...Le dije que me iba a llevar el perro de allí, que le iba a buscar otro dueño. En menos de tres días el perro estaba en otra casa, bien cuidado.

- Otro día, en otra casa, fui a vacunar un pastor alemán y un Alaska malamute. “¿Dónde están, que no les veo por la finca?”, pregunté. “Están encerrados, para que no maten a las gallinas.” Cuando vi dónde estaban encerrados, casi me da algo. Era un cobertizo minúsculo en el que cabían los dos justos. Pero cuando digo justos, quiero decir que no se podían ni girar. Y, por supuesto, (debe ser la moda), a oscuras. Se los mandé soltar. Y me dio una pena... Empezaron a correr como locos por toda la finca a toda pastilla, sin parar. Les dejé correr todo el rato que quisieron para que se desahogaran, los pobres, antes de vacunarles. Le dije a la dueña: “Estos perros no salen nunca”. “No, a veces los saca mi hijo a dar una vuelta.” “¿Cómo a veces? ¡Tienen que salir todos los días! ¡Pues no hay prado ni nada alrededor de la casa! ¡Hay que hacer un cercado para las gallinas y el resto de la finca, para los perros! ¡No hay derecho a que dos gallinas campen a sus anchas por toda la finca y los perros estén encerrados! El próximo día que venga quiero ver el cercado de las gallinas hecho y los perros sueltos. Y, mientras hacen el cercado, los perros se sueltan por el prado un rato cada día. Si el próximo día todo sigue igual, tendré que denunciarles”.

Por supuesto, no puedo ir denunciando a todo el mundo, pero lo que intento es meterles miedo. A veces tengo suerte, lo consigo y el perro mejora de condiciones. Pero otras veces no tengo suerte. Aunque lo sigo intentando. Y seguiré intentándolo siempre. Si por lo menos consigo que se deje de maltratar a un pobre perro, merecerá la pena.

Patria, Socialismo o Muerte

requenave1@gmail.com


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José Juan Requena

Soñador, escritor y poeta.

 requenave1@gmail.com      @Ripidio

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