Viajar en Metro: un peligro mortal

Hace unos meses escribí algo sobre este tema tan desgarrador; no sé cuántos lo leyeron, pero no ocurrió nada. Ahora bien, yo no escribo solamente para expresar una opinión, sólo para hacerme sentir. Voy a llevar mi planteamiento hasta las últimas consecuencias, pues para algo he sido Premio Nacional de Humanidades: yo le debo mucho a esta hermosa Patria.

No es posible que nos matemos subiendo y bajando de los vagones del Metro; se lo digo especialmente a los jóvenes, quienes parecieran solazarse con ese pandemónium.

Un país sadomasoquista no sirve para nada; no se puede aspirar a ningún futuro mejor. Para ello, la mutua enemistad -prevalente en algunos sectores- debe transformarse en solidaridad recíproca. Lo otro es simplemente un caótico desmoronamiento de nuestra identidad nacional.

Aún estamos a tiempo para reconquistarla: comencemos pues por lo más fácil, respetando nuestro derecho a la vida. Inspirémonos en nuestras tradicionales comunidades indígenas y afrodescendientes, donde todavía no impera ese tan feo resentimiento de todos contra todos.

También me dirijo, nuevamente, a los estimados amigos y amigas que laboran en el Metro. Ellos merecen y obtendrán todo nuestro apoyo en sus justas reivindicaciones, en medio de sus admirables luchas gremiales intersectoriales. Pero también, es necesario, más que necesario imprescindible, que estos dignos y dignas trabajadoras nos ayuden a los infortunados pasajeros, que exponemos nuestras vidas cada vez que nos disponemos a intentar cruzar la raya amarilla. Ellos y ellas podrían hacer muchísimo por nosotros.

Rescatemos el tejido social: lo pido de todo corazón.

 



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Esteban Emilio Mosonyi

Antropólogo y Lingüista. Rector de la Universidad Experimental Indígena del Tauca


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