Ahora..., si vamos a comer

El hombre entró como un trombón, casi que no cabe por la puerta. Su vestimenta estaba sudada. Muy sudada. Absolutamente sudada y como sí lo hubieran estrujado contra algo. Lucia cansado, pero alegre. Se le veía en los ojos. A penas vio a su mujer gritó: “Mi amor, ahora, si vamos a comer”. Mientras sacaba del bolsillo de su camisa, un carnet.

“¿Y eso qué es, mijo?”—preguntó la mujer, asombrada.

“Esto que tú ves aquí es el carnet de la patria… De ahora en adelante comida en abundancia, buena y barata. Y también medicinas, y hasta podemos realizar trasferencia bancaria”.

“Pero, mijo, si nosotros no tenemos dinero en el banco, ¿qué vamos a trasferir? A usted como que me lo está afectando la crisis, no, jile… ”

“Usted, como siempre, negativa. Yo no sé cómo voy a hacer para sacarle ese negativismo de la cabeza. También podremos sacar nuestra cuentecita en uno de los bancos del gobierno, o nuestra libretica, dizque para ahorrar el excedente que nos quedará al cobrar lo de las misiones… ¡Alégrese!, con esa cara se parece a María Corina Machado, o a un militante de Voluntad Popular, o de Primero Justicia. No ve que esto si es bueno de verdad. Es una tecnología china, de última generación, según oí en la cola. Y es un carnet único en el mundo. Muy bonito… Casi vamos a poder viajar en avión de vacaciones, y pagar después, como lo hacíamos en la I V… ¿Usted no se acuerda?”.

La mujer tenía rato que se había ido a vigilar unas caraotas negras brasileras y adquiridas en el bachaqueo, que se estaban ablandando para el almuerzo. Por eso no oyó las últimas palabras de su marido. Dos horas más tarde, llamó:

“Ven para que comas las caraotas que preparé. Pero sin anda. No hay nada para acompañarlas, ni siquiera una taza de arroz. Ven, y cómete tus caraotas tranquilo, y deja esa habladera del famoso carnet. En este país, con carnet, o sin carnet es la misma vaina. Ojalá el millonario ese, que mientan, Donald, y que ganó las elecciones en Estados Unidos, nos meta una manito. Dizque está forrado en dólares, y tanta falta que nos hace a nosotros un billetico de a 100… No alcanza para nada, pero es bueno tener uno y guardarlo de recuerdo, aunque Maduro anunció que los billetes de 100 seguirán en la calle, pero, verdaíta, verdaíta, yo no los veo. Y menos veo los de a 500, los de 1000, 5000, 10000, y muchos menos los de a 20000. Ni siquiera en sueño. A mí, del carajazo, hasta se me fue el sueño… pero a ti ni un terremoto te quita el sueño… Lo tienes pesado, como un sacó de cemento. ¿Anda, flojo, levántate y deja de soñar, que con eso no se come”.



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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