Agricultura: con los huevos escondidos

La  producción de huevos  por la avicultura industrial funciona como una fábrica de ensamblaje nada diferente a la industria automotriz. Las gallinas hacen de la salida común de las excretas y deyecciones digestivas y metabólicas un ducto para colocar a la disponibilidad del mundo, la proteína de más alto valor biológico conocida, referente para las comparaciones con otras fuentes proteicas que se utilizan en la alimentación humana. En esta perfección de la naturaleza, la proteína sale en un estuche calcáreo que favorece las condiciones de almacenamiento naturales, requiriendo refrigeración solo cuando el período de almacenamiento supera una semana.
 
Para ese modelo productivo avícola, el Estado, no el sector privado, otorga las divisas preferenciales para la adquisición desde la genética, los insumos para la salud hasta los componentes  de los  alimentos. Estos últimos representan en términos de costos entre el 75 -80 % del total de los costos de producción. Y en cuentas muy escuetas, eso significa que para producir una docena  de huevos puede requerirse 1,5 Kg de alimento, cuyos componentes  adquiridos a 6,30 Bs/$ e incluyendo los costos de transporte, procesamiento, almacenamiento y el trabajo socialmente necesario para colocarlo a disposición de las gallinas, bien sea por medios mecatrónicos o manuales, todo eso debe estar en unos Bs. 100  por docena. Los demás costos están asociados a pagar la depreciación del capital fijo y otros insumos de la producción.  Pero,   con esa  inversión favorecida por el Estado, los costos por docena de huevos no deben  superar Bs. 180. De allí que la decisión del gobierno en la cual  fija el precio máximo de venta al público en algo menos  de 500 bolívares por cartón de 30 unidades, se ajusta perfectamente a la dinámica del modelo industrial productor de huevos, cuyas distorsiones se presentan en la larga cadena de intermediarios y la golosa forma de querer apropiarse del dinero del Pueblo.
 
La respuesta es conocida por todos. La medida  es muy bien vista por la población; pero, nuevamente la jugada  es esconder esos estuches proteicos por un tiempo limitado por la vida útil en condiciones de almacenamiento precarias. En corto tiempo puede suceder una caída estrepitosa del precio por acumulación de inventarios, o veremos las similares dantescas escenas de los productores de leche, durante el paro petrolero,  vaciando este líquido en los ríos, lagos y hasta en el mar. En esta jugada contra el Pueblo, la cadena del modelo industrialista de los huevos de gallina ha incrementado los niveles de intermediación en un absurdo número de pasos que han sido los que en definitiva han colocado el cartón de 30 unidades en algo cercano a Bs. 1000. Por los momentos han detenido  la intermediación pero están prestos a  activarla con el solo objetivo de disminuir la credibilidad  en el gobierno. El Pueblo, despojado de esta proteína de  alta calidad y bajo precio estaría dispuesto a pagar  algo más que lo establecido por el Gobierno, pero también está dispuesto a  actuar para obtener de los escondrijos los huevos que necesita para su alimentación. Esa es la situación ahora mismo.
 
Para plazos mayores,  nuestro país debe continuar profundizando los programas de avicultura familiar: rural, periurbana y urbana. Existen enemigos naturales de esas propuestas, entre  otros el sector industrialista de la producción de huevos que se mantiene adverso aduciendo riesgos a los sistemas de salud animal del modelo industrial; y desde hace mucho tiempo ha venido desmotivando la producción de huevos  en pequeña escala. Es  ridículo  e inexplicable ver como se movilizan huevos desde el sector industrial hacia los espacios  campesinos. Pero esto programas de baja escala ya comenzaron y no se van a detener. Hace falta un poco de inversión, mejor organización de los planteles genéticos que respaldan ese tipo de avicultura, una mejor interinstitucionalidad agrícola y salir del marasmo importador de materia primas para la alimentación de aves y entrar paradigma re-emergente de recursos alimenticios integrados a los sistemas de producción.
 
Entre tanto estos cambios continúan su curso hay que hacer algo, entre otras  acciones, presionar para que los huevos se coloquen a disponibilidad del Pueblo, para que se corten las cadenas de intermediación, so pena de  no soportar la “pichera” en que  convertirían nuestros espacios naturales cuando arrojen los huevos “ñeros” usados en la guerra  contra el Pueblo.


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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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