La muerte del bolívar

Cuando los Defensores del bolívar irrumpimos en la escena nacional a fines de 2003 1, lo hicimos con el firme propósito de defender la fortaleza de nuestra moneda, en virtud de nuestro absoluto convencimiento de  que el éxito o fracaso de Venezuela como sociedad y como nación está estrechamente ligado al poder de compra de la moneda bautizada con el nombre de nuestro Libertador. Desde ese entonces, tanto el camarada y amigo Jairo Larotta, primer Presidente de nuestra Asociación Civil, como este servidor, de manera sostenida y consistente,  hemos alertado al gobierno nacional de los graves peligros de las devaluaciones injustificadas. Igualmente y basándonos en las realidades macro económicas,   siempre propugnamos la necesidad de revaluar nuestro signo monetario para darle al pueblo humilde una protección efectiva contra la inflación y la defensa de sus salarios y magros ahorros.  De esa manera, denunciamos oportunamente la elaboración de presupuestos nacionales en los cuales se desestimaban groseramente los ingresos petroleros para de ese modo justificar el endeudamiento obsceno del país y la devaluación injustificada de su moneda 2. En esa lucha, fuimos una voz solitaria y disonante, pues mientras la mayoría de nuestros economistas abogaban por más devaluaciones de nuestro signo monetario, nosotros tozudamente, pero con argumentos sólidos, proponíamos la revalorización del bolívar, la venta de nuestro petróleo en bolívares 3, 4 o la instauración del Bolívar Divisa o el Bolívar Oro 5.  Pero lastimosamente nuestros esfuerzos han sido en vano. No contábamos con la astucia de quienes dirigían y dirigen  la economía de este país, quienes siempre se las han arreglado para imponer inconsultamente sus inconfesables propósitos: destruir nuestra moneda nacional.

En efecto, el bolívar ha sido atacado sin misericordia en todos los flancos por las autoridades monetarias y el cogollo que toma las decisiones económicas. El ataque se hizo primero mediante el saqueo y expoliación de nuestras reservas internacionales (Recordemos los 24 millardos de dólares estafados a CADIVI, según Giordani y Edmeé Betancourt). Segundo, a través de la emisión año tras año de dinero inorgánico o bolívares sin respaldo.  De tal manera que pasamos de un dólar a Bs. 1,6 en 2003 hasta el dólar SIMADI a Bs. 174 de hoy día.  Con dolor debemos admitir que esa política artera contra el bolívar ha sido exitosa. El gobierno bolivariano, el que se suponía debía defender el poder adquisitivo del pueblo humilde, hoy puede jactarse que ha destruido al bolívar.  El Dr. Merentes ha sido muy efectivo en esta tarea de aniquilamiento y su último invento, el SIMADI,  es el clavo que le faltaba a la urna del bolívar para enterrarlo definitivamente, sin posibilidad de recuperación.

Entonces, a la luz de este trágico panorama, los Defensores del bolívar declaramos que es inútil seguir planteando la revalorización del bolívar, porque el daño que se le ha causado a éste con la políticas cambiarias de estos últimos 13 años ha sido irreversible e imposible de recuperar mientras persistan los bajos precios petroleros, el control de cambio y sus 3 tipos de cambio (CENCOEX, SICAD y el SIMADI).  En efecto, mediante los dos primeros tipos de cambio, las empresas fantasmas pueden seguir adquiriendo divisas a 6,30 y a 12 y luego venderlas legalmente a 170 y más en el SIMADI). Este último es inmoral porque en la práctica equivale a la legalización del mercado negro. Como la revaluación ya resulta imposible en las actuales circunstancias, el pueblo humilde tiene que preguntarse ahora cuál opción le conviene más, el SIMADI o la dolarización.

 

Los Defensores del bolívar hemos llegado a la conclusión de que es la dolarización y no el SIMADI lo que más le conviene al pueblo en el escenario actual. ¿Por qué? Simplemente porque si se dolariza el Banco Central tendría que recoger todos los bolívares circulantes que actualmente ascienden a Bs 2.038,39 millardos, mediante el canje de las reservas internacionales actuales (US$ 21,212 millardos), a razón de 96 bolívares por cada dólar (Tipo de cambio implícito).  Este último tipo de cambio haría el salario mínimo actual (Bs. 5.622,48) equivalente a US$ 58, 57. En cambio, con el SIMADI, el salario mínimo equivaldría a US$ 32,31, el más bajo del continente, inclusive inferior al de Cuba y al de Haití.

Conclusión. Los Defensores del bolívar proponemos a un futuro gobierno que efectúe la dolarización con la finalidad de acabar con la emisión de dinero inorgánico y el control de cambio, a la par de propiciar la inversión masiva de capitales aprovechando las enormes ventajas competitivas de Venezuela (abundancia de energía, mano de obra más barata que la de China, etc.) Así seguiremos los pasos de Ecuador, El Salvador y Panamá, que hoy día disfrutan de economías pujantes, con mínima inflación y salarios mucho mejores que los de Venezuela.

 

Referencias.

1.      http://www.aporrea.org/actualidad/a6205.html. Carta abierta al Presidente Hugo Chávez Frías, con motivo de la anunciada devaluación del bolívar

2.      http://www.aporrea.org/actualidad/a10303.html. Cómo preparar un presupuesto nacional para que genere inflación y endeudamiento

3.      http://www.aporrea.org/actualidad/a65910.html. ¿Por qué no vender bolívares, además de petróleo?

4.      http://www.aporrea.org/actualidad/a188156.html. Vendamos nuestro petróleo en bolívares a la paridad con el dólar

5.      http://www.aporrea.org/actualidad/a186157.html. El Bolívar-Oro y el Bolívar-divisa petrolero    

 



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Eudes Vera

Ingeniero Electricista, UDO, 1969. Jubilado UDO como Profesor Titular en 1994. Maestrías y Ph.D.en Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Pennsylvania (EEUU), Aston y Hatfield, Reino Unido.

 eudesvera3@gmail.com      @eudesve

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