Nicolás y la corrupción

Así como el Comandante Chávez fue el Presidente de la Inclusión y en su gobierno se logró reducir a menos de la mitad la pobreza en nuestro país; reducir el analfabetismo a niveles que lo sacan de las estadísticas mundiales; aumentar significativamente el acceso a la educación y la salud. Todos estos son variables sociales en las cuales buena parte de los venezolanos estuvimos excluidos antes que el Comandante Chávez llegara a la presidencia.

Nicolás debe continuar la labor del Comandante que ha sido el signo distintivo de la Revolución Bolivariana: “la inclusión”, pero debe colocar su propio sello, y en mi opinión, y en la de muchos, lo está haciendo con el combate a la corrupción. Es insoslayable, que en materia de ataque a la corrupción administrativa, el gobierno de Nicolás Maduro ha hecho más en tres meses de lo que se hizo sumando en todos los gobiernos que lo antecedieron, incluyendo el de nuestro Comandante Supremo. Esta política del gobierno de Nicolás se está convirtiendo en su sello distintivo y está aportando algo que ya se había perdido en la esperanza del venezolano: “los corruptos no son intocables”.

Hasta el oposicionismo locuaz venezolano reconoce el éxito de esa política, cuando dicen: ¿cuándo caerán los peces grandes? En esa pregunta capciosa se reconoce implícitamente que hay un ataque efectivo en contra de la corrupción. Yo les respondería: “tranquilos, ya vamos por ustedes”.

La corrupción corroe la economía del Estado y afecta de manera importante, cualquier intento que se haga por prestar un mejor y eficiente servicio a nuestro pueblo.

Esta política del actual gobierno revolucionario, además de necesaria es osada, ya que en un país donde la corrupción se convirtió en una cultura, atacarla es llenarse de enemigos por todos lados.

La corrupción como cultura en Venezuela, es algo de vieja data; recordemos aquella expresión que se le atribuye a Gonzalo Barrios: “esta es una sociedad de cómplices” porque casi todo el mundo tiene su rabito de paja. En nuestro país sólo hay dos tipos de honestos: el que nunca lo han puesto donde hay, y el que lo han puesto donde hay y no agarra (estos son pocos, pero existen), por cierto a estas personas los llaman “pendejos”, en una clara manifestación de pérdida de valores éticos.

Al margen del tecnicismo, corrupto no es sólo el funcionario que se apropia o usa indebidamente la cosa pública; corrupto es al que le dan vuelto de más y se hace el loco; corrupto es el que ve a un amigo en los primeros puestos de una cola que él tiene que hacer y se colea; corrupto es el que busca un contador para no pagar impuestos. La pregunta obligatoria sería: ¿cuántos venezolanos NO hacen eso? En este sentido, es evidente que el problema de la corrupción no sólo es un problema del Gobierno, es un problema de toda la sociedad en su conjunto. Necesitamos una revisión profunda de nuestros valores éticos. Es impresionante el deterioro moral de nuestro pueblo.

En el libro: Fidel y la Religión, escrito por Frei Betto, el Comandante Fidel dice que la religión es muy importante para la formación moral del ciudadano, y en Venezuela tenemos una Iglesia Católica que le dio asilo a un prófugo de la justicia venezolana acusado por violación y los altos representantes de esa iglesia, son en la práctica, voceros de la oposición política venezolana. Nuestras iglesias cada vez tienen menos feligreses.

El rescate de la moral venezolana pasa por el hogar, las iglesias, los colegios, el cine, la televisión (en todas sus programaciones) la música, el arte en general. Todo lo que de alguna manera influya en mayor o menor grado a la formación cultural del individuo.

Esa es una reunión que hay que hacer, camarada Presidente con todos los sectores involucrados en la formación ciudadana. Hay que ponerse de acuerdo cuáles son los valores que deben regir a la sociedad venezolana y cómo los definimos, para que los entendamos todos de la misma forma.| Las sociedades humanas funcionan bajo un sistema de valores y los de nuestra sociedad hay que revisarlos.

20 puntos por la política anti-corrupción.


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Juan Carlos Valdez G.


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