Bolivia: la derecha se reorganiza contra Evo, con el apoyo de Petrobrás


Las maniobras semi-militares contra la Constituyente y contra
el Gobierno que realiza el Comité Cívico de Santa Cruz no
parecen ser medidas separatistas para fundar un nuevo mini-estado.
Es, en primer lugar, una estrategia política y de movilización
social para re-establecer la hegemonía del "empresariado"
boliviano en el país.

La "media luna", sus comités cívicos, sus partidos políticos
y sus organizaciones empresariales, sobre todo la Cámara de
Hidrocarburos que nuclea a las multinacionales petroleras
y es el principal sustento del Comité pro Santa Cruz, tienen
varios objetivos. Entre ellos sobresale el objetivo estratégico
de movilizar las clases medias y, en lo posible, los sectores
urbanos, para trasladar la sede de gobierno a Santa Cruz,
tal como ya se evidenció en octubre de 2003. La "autonomía"
es eso: recuperar el poder político. Es un hecho que al morir
la "democracia pactada", los partidos políticos representantes
de las oligarquías y de la embajada habían quedado en bancarrota.
Hoy están acumulando nuevo capital y preparándose para un
movilización político militar con el fin de recuperar su preeminencia.

Los movimientos sociales habían dejado en la lona en Octubre y
luego en Mayo-Junio de 2005 a la institucionalidad de los
partidos políticos como intermediarios y depositarios del
monopolio de la "soberanía popular". La soberanía había sido
recuperada por el pueblo en las calles. En base a esa realidad,
el sistema político fue obligado a convocar a una asamblea
constituyente. Ahora el partido político de gobierno, el MAS,
ha logrado insuflar oxígeno en la vieja institucionalidad
y ha limitado la capacidad de movilización independiente de
las organizaciones sociales. Primero ha acordado con los partidos
políticos de derecha una ley de convocatoria que elimina el
carácter soberano y fundacional de la Constituyente. Luego
ha monopolizado la representación indígena y popular, impidiendo
que las naciones originarias y pueblos indígenas tengan representación
directa por usos y costumbres. Las piruetas que ahora se están
haciendo para "declarar" que la asamblea es "originaria" ya
no pueden volver atrás el reloj de la historia. Esta asamblea
respetará la institucionalidad del estado y no interferirá
en los otros poderes del estado, como ya lo acaba de confirmar
el propio presidente Evo Morales (La Razón 3 de octubre 2006).
Para qué entonces tanta fanfarria, que si son 2/3 o si es
la mayoría absoluta la que decide? Si ya se ha decidido que
la Constituyente no podrá salirse de los marcos de la actual
constitución, quiere decir que NO ES ORIGINARIA, en los hechos.

Los amagues de "nacionalización" que terminan luego nada más que
como amagues, solo sirven para mostrar inseguridad, despertar
inquietud y desmovilizar a la gente. Todo esto no hace más
que alimentar y fortalecer a los grupos empresariales, principalmente
al grupo liderizado por Petrobrás. Brasil no oculta sus objetivos
hegemónicos sobre Bolivia y Lula se ha permitido amenazar
con "medidas duras", ante lo cual el vicepresidente García
Linera se ha apresurado a congelar totalmente cualquier medida
de recuperación del control sobre los hidrocarburos. La convocatoria
a la revolución agraria últimamente se ha convertido en "reconducción"
agraria (Los Tiempos octubre 1°). En síntesis se le ha permitido
a la derecha rearmarse, y conquistar a las clases medias,
mientras se desarma y desmoviliza a las organizaciones sociales
en función de dar oxígeno a una institucionalidad que supuestamente
es la misma que la Asamblea Constituyente debería reemplazar
por otra nueva, que permita encarar un nuevo camino civilizatorio.
Los movimientos sociales todavía están a tiempo de recuperar
la iniciativa y asumir un camino independiente para derrotar
los preparativos político-militares de la derecha.


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