(Fotos) Juan Pablo II 'frenó' Teología de la Liberación, pero sigue viva porque no "depende de la jerarquía de la Iglesia, sino de sus bases", afirma Leonardo Boff

"El Papa no soportó una revolución hecha con los cristianos," dijo el padre y seguidor de la Teología de la Liberación Ernesto Cardenal quien fue regañado en púlico por el Papa durante su visita a Nicaragua en 1983.
Foto: Mario Tapia
RIO DE JANEIRO (Reuters) - Cuando Juan Pablo II inició su pontificado de 27 años en 1978, algunos pudieron pensar que daría un espaldarazo a la efervescente Teología de la Liberación, que se extendía por América Latina y otros continentes.

El Papa Karol Wojtyla, de origen polaco, que comenzó con atlética pujanza sus históricas giras por todo el mundo, incluidas visitas a la República Dominicana y México, generó aplausos y esperanzas en América Latina con sus mensajes en favor de los pobres.

En la actualidad, son muchos los que consideran que, si bien no llegó a enterrarla, Juan Pablo II detuvo la expansión de la Teología de la Liberación, que vio alineada con el comunismo, al que ayudó a derrumbar impulsando la desintegración de la Unión Soviética.

Juan Pablo II "frenó la Teología de la Liberación (TL), eso no cabe duda," dijo recientemente el obispo Bernardino Piñera, ex presidente de la Conferencia Episcopal de Chile en la década de 1980.

Sin embargo, el teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los más conocidos abanderados de la TL, opina que esa teología está aún vigente, principalmente en América Latina, Africa y Asia.

"La teología está viva en aquellas iglesias que hicieron la opción por los pobres y la justicia social, en aquellas iglesias que tienen comunidades de base, que trabajan con los sin tierra, con los negros, con los indios," dijo a Reuters.

Y la TL vivirá mientras existan pobres e injusticias en el mundo, afirmó Boff, quien considera que el cambio de Pontífice tiene poca importancia para esa teología, aunque sería bueno un "Papa humano, no fundamentalista," como calificó a Juan Pablo II.

La Teología de la Liberación tuvo sus raíces en el Concilio Vaticano II (1962-1966), en el que prelados y teólogos centraron sus discusiones en los problemas terrestres más que en asuntos místicos, académicos o dogmáticos. La Iglesia ya no era considerada como inmutable y se había volcado al hombre.

El segundo empujón vino en 1968 de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) de Medellín, en cuyos documentos figuraron temas que fueron la base del movimiento, liderado entre otros por el peruano Gustavo Gutiérrez, los brasileños Hélder Cámara y Boff, el argentino-mexicano Enrique Dussel, el salvadoreño Juan Sobrino y el uruguayo Juan Luis Segundo.

La Teología de la Liberación vivirá mientras existan pobres e injusticias en el mundo, afirmó el teólogo Leonardo Boff.
Foto: Revistafusion.com
IGLESIA DE LOS POBRES

Gustavo Gutiérrez estructuró finalmente el movimiento con su libro "Teología de la Liberación," editado en 1971, aunque la TL fue considerada el resultado de un pensamiento colectivo en el que el centro de atención eran los pobres y los explotados.

Según Boff, la TL no es una teología -como se afirma fundamentalmente en Europa- sino "una forma nueva de hacer teología (...) una perspectiva de nueva experiencia de Dios."

La misma opinión fue del chileno Piñera: "Desde el punto de vista de la iglesia universal, la TL era más bien un fenómeno teológico dudoso, una teología que se consideraba con algunas ambigüedades, con peligros y confusiones.

"Para nosotros era más bien un estado de ánimo de una iglesia que quería comprometerse con los pobres y que quería estar en las poblaciones, que quería promover comunidades eclesiales de base, otro estilo de pastoral, una iglesia popular."

Así surgieron "pastorales" de diversas iglesias latinoamericanas que trabajan directamente con el pueblo, como la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) de Brasil, que defiende a los campesinos desamparados.

La teología incluso traspasó los límites del cristianismo, se extendió a otras religiones y a grupos sociales y políticos que ayuda a surgir, como el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) y el Movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil.

"El MST nació dentro de las comunidades de base y de las tres fuerzas que están en la base del PT, una de ellas, y la más fuerte, es la iglesia de la liberación, las pastorales sociales," dijo Boff.

LAS SANCIONES

Sin embargo, la TL no pudo cambiar la posición ortodoxa del Vaticano, que elaboró dos documentos "que quisieron sistematizar la teología de la liberación, sólo que ésta no parte de los pobres, parte de la Biblia" y de documentos eclesiásticos, según Boff. "Es una Teología de la Liberación que no tiene pobres."

"El Papa se opuso a los principales teólogos intentando desmoralizarlos (...) y eso el Vaticano lo ha hecho de una manera muy injusta, porque ha atacado a los amigos de los pobres, acusándonos de marxistas," dijo Boff.

El teólogo brasileño fue uno de los muchos castigados por el Vaticano a raíz de la Teología de la Liberación. En 1984 la Congregación de la Doctrina de la Fe lo juzgó por uno de sus numerosos trabajos y condenó a un año de silencio.

Bajo crecientes presiones del Vaticano Boff dejó los hábitos y la orden de los franciscanos en 1992 para trabajar como un cristiano seglar.

La iglesia se había "abierto" al pueblo con el Concilio Vaticano II y el Papa Pablo VI, dijo a Reuters el presidente de la CPT de Brasil, el arzobispo Tomás Balduino.

"Con Juan Pablo II retrocedió. Creó una iglesia mucho más clerical, masculina, ortodoxa, centralizadora, sin visión de pueblo de Dios (...) entonces eso afecta una pastoral como la nuestra, una pastoral de frontera como la CPT," agregó.

Es que Karol Wojtyla estaba cambiando su perfil hacia uno más conservador e imponiéndolo en el clero de todo el mundo.

En Brasil, por ejemplo, las tres cuartas partes de los más de 400 prelados fueron nombrados por Juan Pablo II, quien trató de volver más conservadora a una iglesia caracterizada por sus dirigentes progresistas, como Hélder Cámara.

Sin embargo Boff y otros defensores de la TL sostienen que no fue frenada y continuará extendiéndose, porque no depende de la jerarquía de la Iglesia, sino de sus bases.

"No nos orientamos por el Papa, porque del centro no vienen ni santos ni grandes revolucionarios, vienen burócratas (...). Lo que podemos esperar es que más y más cristianos -religiosos, laicos y obispos- se den cuenta del sufrimiento de la humanidad, que pasa hambre, que sufre violencia bélica y económica," afirmó.

Y al movimiento, añadió, "se incorporan otros grupos, sean del neomarxismo, de la izquierda, o de un humanismo más radical, y andamos todos juntos. Tenemos orígenes y orientaciones distintas, pero tenemos una meta común."

"Creo que la humanidad está empeorando porque el sistema es el sistema de muerte, no de vida (como el de la TL), y utiliza cada vez más el poder para imponer sus estrategias. Nos oponemos a eso por estar ligados al pueblo que sufre."


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