Behatokia publica un informe sobre torturas

Denuncias de terribles torturas a Vascos, bajo el mandato de Rodríguez Zapatero

(19/01/2005 13:54)
Behatokia - Observatorio Vasco de Derechos Humanos publica un informe sobre las últimas denuncias de torturas y hace un balance del nuevo gobierno español en materia de denuncias de torturas

Estimados/as amigos/as,

Les escribimos una vez más desde Behatokia-Observatorio de Derechos Humanos para informarles que un nuevo info se encuentra disponible en nuestra página web. En esta ocasión, escribimos un monográfico referente a las numerosas y graves denuncias de torturas recibidas durante el mandato del nuevo presidente del gobierno español. Especialmente recogemos los testimonios de las diez personas detenidas a principios de noviembre por la Guardia Civil, cuyos testimonios pudimos leer en algunos medios de comunicación.

Estas terribles denuncias de tortura vienen cuando se habían creado grandes espectativas de cara a este nuevo gobierno en Madrid. Esperamos que sean los últimos testimonios que tengamos que escuchar.

El info podrán encontrarlo en formato pdf (con fotografías) y comprimido en nuestra web o clicando en:
http://www.behatokia.info/docs/Info/bilbo/esp/atxiloketesp.zip

Por otro lado, si prefieren el formato word
http://www.behatokia.info/docs/Info/bilbo/esp/atxiloketakesp.rtf

Podrán asimismo tener acceso a los testimonios completos en los siguientes enlaces:
- Amaia Urizar: http://www.stoptortura.com/docs/testiweb/amaiaurizar.rtf
- Inma Basabe: http://www.stoptortura.com/docs/testiweb/inmabasabe.rtf
- Aitziber Sagarminaga: http://www.stoptortura.com/docs/testiweb/aitzibersagarminaga.rtf
- Garikoitz Urizar: http://www.stoptortura.com/docs/testiweb/garikoitzurizar.rtf
- Sergio Regueiro: http://www.stoptortura.com/docs/testiweb/sergioregueiro.rtf
- Gaizka Larrinaga: http://www.stoptortura.com/docs/testiweb/gaizkalarrinaga.rtf
- Gorka Ribadulla: http://www.stoptortura.com/docs/testiweb/gorkaribadulla.rtf

Una vez más recordar que el info estará disponible en los próximos días en diferentes idiomas.

No duden en hacernos llegar cualquier sugerencia, o cualquier duda que pudieran tener,

Reciban un cordial saludo,

Grupo de comunicación de Behatokia

Euskal Herriko Giza Eskubideen Behatokia
Observatorio Vasco de Derechos Humanos
Kale Nagusia, 50 - 1
Hernani 20120 (Gipuzkoa)
Euskal Herria (Estado español)
tel 0034 943336478
fax 0034 943336479
info@behatokia.info
www.behatokia.info


Denuncias de terribles torturas bajo el mandato de Rodríguez Zapatero “Al cabo de unos diez minutos de que me hubieran metido en el calabozo, golpearon en dos ocasiones en la puerta, e hice lo que ellos me habían ordenado; me puse de espalda a la puerta contra la pared, me temblaba todo el cuerpo del miedo que tenía. Nada más se abrió la puerta oía la voz del guardia civil que había ido en el coche hasta Madrid, diciéndole a otro, al que llamó Garmendia, que hiciese lo que tenía que hacer. Se tiró sobre mí, me echó a la cama y me agarro muy fuerte de los brazos. Empecé a gritar que me dejase y ellos me gritaban “¡cállate puta!”. Entonces les vi, estaban encapuchados y el que había ido en el coche tenía bajados los pantalones y los calzoncillos, y venía hacia mí mientras me decía entre risas “nos vamos a follar a la novia del jefe”. Se tiró sobre mí mientras restregaba su cuerpo contra el mío. Notaba su pene entre mis piernas, yo estaba llorando y forcejeaba para quitármelo de encima mientras ellos me gritaban que me iban a violar. La puerta del calabozo estaba abierta y allí había no sé cuantos guardias civiles más que gritaban, entre carcajadas, que ellos serían los siguientes. Yo les gritaba, estaba llorando, pero les daba igual. El que estaba sobre mí, me sobaba todo el cuerpo con sus manos y cada vez se apretaba con mas fuerza contra mi entrepierna mientras me gritaba “Qué te dice tu pareja mientras te folla, ¿gora ETA? ¡Seguro que estás poniendo cachonda, puta, te vamos a follar todos y le vas a dar asco porque nos lo vamos a pasar muy bien contigo…!”. Los que estaban en la puerta estaban pidiendo su turno y entre risas me decían “te va a follar hasta la tía que está aquí con nosotros”. Siguieron durante bastante tiempo así, yo me encontraba completamente perdida, porque aquello solo era el principio y tenían cinco días. Estaba completamente aterrorizada, estaba sola en sus manos…” Pese a las expectativas creadas por el cambio de gobierno español, el año 2004 será tristemente recordado en Euskal Herria por ser una vez más, un año en el que numerosos ciudadanos vascos y vascas han denunciado torturas durante su estancia incomunicada en dependencias de las diferentes policías que actúan en Euskal Herria. Este info está dedicado especialmente a la operación llevada a cabo el pasado mes de noviembre en Bizkaia en el que el diferentes jueces centrales de instrucción de la Audiencia Nacional ordenaron detener bajo incomunicación a varios jóvenes vascos. Si bien fueron más de veinte, el caso de las diez personas detenidas por la guardia civil es especialmente escalofriante, por los testimonios de torturas presentados tras la custodia policial. Los testimonios denuncian los más graves métodos de tortura, golpes, asfixia mediante la bolsa, asfixia mediante la bañera, descargas eléctricas mediante electrodos... Sin embargo, tendrá especial impacto los relatos de las mujeres detenidas, que fueron objeto de graves torturas sexuales, incluso registrandose una violación con un arma cargada. El contexto en el que se producen estas detenciones viene marcado por la presentación del último informe hecho público por el Relator especial para la cuestión de la tortura, en el que recordaba una vez más las recomendaciones para acabar con esta terrible práctica, y mencionaba especialmente al gobierno español por su empeño en rechazar la puesta en práctica de sus comentarios. No solo el gobierno del Partido Popular liderado por José María Aznar ha sido conocido por ignorar abiertamente las recomendaciones de organismos internacionales, el nuevo ministro del interior español, esta vez de diferente opción política, también declaraba que “todas las denuncias de torturas son falsas”. La operación llevada a cabo por la Guardia Civil comenzaba el 25 de octubre, y poco a poco a modo de goteo extendido en el tiempo fueron llevándose a cabo diferentes arrestos. Los testimonios arrancados bajo tortura de unos servían para provocar la posterior detención de otros. Estos testimonios servirán también para dictar la prisión preventiva de algunos de los detenidos. Diez detenidos, diez denuncias de torturas Haritz Totorika, detenido el 25 octubre, tras 5 días, ingresa en prisión. Amaia Urizar, detenida el 29 octubre, tras 5 días, ingresa en prisión. Garikoitz Urizar, detenido el 2 noviembre, tras 5 días, queda en libertad. Gorka Ribadulla, detenido el 2 noviembre, tras 5 días, queda en libertad. Gaizka Larrinaga, detenido el 2 noviembre, tras 5 días, queda en libertad. Iker Arzelus, detenido el 2 noviembre, tras 5 días, ingresa en prisión. Sergio Regueiro, detenido el 4 noviembre, tras 5 días, queda en libertad. Asier Arriola, detenido 5 noviembre, tras 5 días, queda en libertad. Inma Basabe, detenida 6 noviembre, tras 5 días, queda en libertad. Aitziber Sagarminaga, detenida 11 noviembre, tras 5 días, ingresa en prisión. Testimonios: “(...) Llegó un momento en el que no podía más, me sentía muy mal y comencé a vomitar, me daban arcadas, hacía mucho ruido y vino un guardia civil gritando, pero yo seguía vomitando, no era más que líquido lo que echaba, pero era mucho, al principio era de un color claro como el agua, pero luego era más oscuro. Me caí sobre la cama y me gritaba para que me pusiera en pie, yo le decía que no podía y aunque él intentaba ponerme de pie, me caía. Se fue y me quedé sobre el colchón, temblando, me encontraba muy mal, y si me movía algo, de nuevo comenzaba a vomitar. (...) “Porque ya sabes lo que viene ahora, ¿no? Ahora viene la caja de la risa, ¿ya sabes lo que es eso? Son los electrodos. Vamos a hacer un experimento contigo, esto es nuevo”, y comencé a oír ruido. Me envolvieron todo el cuerpo con goma espuma. Yo creo que la goma espuma por la parte de fuera tenía cartón , me envolvieron de rodillas para arriba, con las manos dentro. Y por encima me precintaron y de nuevo me hicieron la bolsa otras dos o tres veces, me seguían golpeando en cualquier parte del cuerpo, siempre por encima del cartón,, y ya no notaba por dónde me golpeaban, ni con qué lo hacían … Lo que quería en aquellos momentos era salir de allí, no podía respirar… y de esta forma me hicieron tres veces le bolsa. Después dijeron “este experimento no vale, vamos”. Yo estaba desnudo, porque esto ocurrió después de haber echo las flexiones y siempre acababa desnudo. En aquel momento el guardia civil que me hacia al bolsa salió de la habitación diciendo que se iba en busca de los electrodos. No podía más. Al cabo de unos diez o quince minutos vino el otro con un trasto que hacía ruido, y decían a mi lado “ahora lo vamos a enchufar, cuál es el voltaje…” mientras tanto tenía que seguir haciendo flexiones, me golpeaban en la cabeza. De repente dijeron “ponte recto, firme, no te muevas por nada, que además estas en el punto, con todo el sudor en el cuerpo, es el mejor momento” y me hicieron la bolsa. Me soltaron y dijeron “ahora vamos a pasar a los electrodos directamente” me echaron un líquido por el cuello y por la espalda, estaba muy frío y con los dedos me iban mojando toda la espalda, y después me iba marcando vértebra por vértebra y uno dijo “dame los dedos” y entre ellos me puso algo de metal o plástico duro con velcro. Me tocaron la espalda con algo, no sé qué era, pensaba que eran unos cables. Estaba completamente aterrado, porque pensaba en lo que me podría ocurrir si me daban una descarga en la espalda. (...) “Zabalza, ¿no te suena de nada? Porque antes la incomunicación eran quince días, luego la bajaron a diez y ahora son cinco, pero nosotros con cinco días tenemos suficiente”. Me dolía todo el cuerpo, no podía más, de repente empecé a sentirme muy mal, cerraba los ojos y veía cosas raras, estaba contra la pared pero no podía ver la pared, parecía que no tuviese fondo, pero de repente aparecía ante mí, cerraba un ojo y no veía, y comencé a emparanoyarme, se me derrumbó todo, notaba una tremenda sensación, perdí por completo la cabeza, no sabía ni quién era en aquellos momentos, y de nuevo comencé a vomitar. (...)Me hicieron la bolsa casi hasta la asfixia, , y de allí en adelante no me la quitaron en ningún momento, si rompía una me la cambiaban y me ponían otra, estaba todo el rato haciendo flexiones, cuando me agachaba me golpeaban en los testículos, y cuando me levantaba me golpeaban en la cabeza, las preguntas eran incesantes, y al agacharme en las flexiones me ponían una porra en el culo y hacían amagos de metérmela” (Gaizka Larrinaga) “Aunque estés con el antifaz puesto, al final acabas viendo algo, por lo menos el suelo, los pies de los guardias civiles, el suelo, mis pies, bueno, cuando querías ver, porque había veces en que tenía los ojos cerrados porque prefería no ver nada, porque igual veías que te iban a golpear, hacías un gesto de forma automática e instintiva y como se daban cuenta que veías algo te golpeaban más. Por eso, cuando me estaban golpeando cerraba los ojos para no ver por dónde me venían los golpes. En la pared había algunas manchas, que parecían sangre seca y ellos me decían “¿Sabes lo que es?” eran como chorretones, parecía sangre seca, y me decían que era sangre.(…) La obligación de realizar flexiones no iba sola, iba con la bolsa, con golpes en la cabeza y en los testículos, y en alguna ocasión con golpes en la cara, en alguno de estos golpes se me torció el aparato que tengo en la boca. En una de estas ocasiones en que me estaban golpeando, no sé que hice, si me revolví o qué, es que era todo el tiempo golpearte y golpearte, coger y entre dos o tres golpes por todas partes, y amenazas de que si me revolvía me iban a matar, y yo como una ovejita, si me decían “di que eres un hijo de la gran puta” yo decía “soy un hijo de la gran puta” y así.(…) Ahora, cuando pienso en esos días tengo la sensación de que los interrogatorios eran continuos, mucho tiempo, muy largos, no cuidan nada, van a machacarte, igual te pasas una hora haciendo flexiones y después otra hora con la bolsa, o las dos cosas a la vez, o te obligan a desnudarte y te hacían ponerte a cuatro patas y te daban un gel en el ano mientras te obligan a elegir si prefieres una botella o un palo para que te violen, lo tienes que elegir tú, todo el rato con el palo y con la botella, me decían que le iban a poner un condón, porque así no dejaba marca, que con el gel tampoco dejaba marca… Yo me encontraba muy mal, cuando me hacían la bolsa, me ahogaba, estaba muy mal. Ellos te dicen que te van a poner la bolsa, que te van a hacer “la caja de la risa”, la bañera, las cosas por su nombre, en el interrogatorio estaban todo el rato con la bolsa, me tocaban con ella en la oreja, te dicen que te la van a hacer, y al final lo hacen. (…) Yo no sé cómo es una máquina de electrodos, pero sí sé como es un cargador de batería de coche y sonaba igual al encenderse, sonaba igual, es que es un ruido inconfundible. Tenían una pinza que era exclusivamente para ello, era una especie de gancho como esos que son para el pelo, pero en vez de tener puntas era una especie de alambre redondo, blandito. De esta pinza salía un cable, pero yo no sabía dónde iba el cable, y ellos te explican que eso es para los electrodos, entonces te van mojando con un líquido que es como alcohol, me mojaron la barbilla, la cara, te dicen que “te descapulles”, lo tienes que hacer tú, te dan el cable en la mano a ti y te dicen que te toques tú con el cable, que te coloques tú el cable en el pene, te tienes que tocar con él, todo el rato están jugando con el límite, cuando no lo rebasan” (Garikoitz Urizar) “Nada más sacarme de allí me colocaron el antifaz y me llevaron a la celda, me dieron unos golpes muy fuertes en la cabeza por haberle dicho al médico forense que me estaban obligando a realizar flexiones.(...) Por cada vez que no contestase, lo que hacía era “ganar” una descarga más. Me obligaban a llevar la cuenta de todas las descargas con electrodos que me aplicarían. (..) Me dijeron que mi padre y mi hermana estaban en el piso de arriba, y a ver si quería que los detuviesen y tenerlos en la sala de al lado para oír sus gritos mientras eran torturados. (...) Veo cómo me atan las manos y cómo me las mojan, juegan con la máquina de electrodos. Me colocan un par de cables por alrededor de los brazos, y me los meten por entre los dedos de las manos. Dicen que eso no es más que una prueba, que después me los colocarán en los testículos y en el glande. Y comienzan a decir “está al dos, pues dale al tres...” y de repente siento una tremenda descarga en todo el cuerpo, hasta la cabeza. (...) Llega un momento en el que me está dando golpes terribles, y me dicen “¡¡se te han puesto los labios azules, eres tonto, te vas a quedar aquí!!” y cosas parecidas” (Sergio Regueiro) “Empiezan a darme golpes en la cabeza, me ponen una bolsa, y cuando llevo ya un cuarto de hora me orino encima. (…) El interrogatorio me lo hacen estando yo completamente desnudo. Me obligan a realizar flexiones, flexiones y más flexiones, mientras me dan golpes fuertes con la mano abierta en la cabeza. Me preguntan si sé por qué estoy detenido, les digo que no… Hay un momento en el que me dicen que le toque la mano a uno, le toco y noto como tiene puesto un guante de látex (además oigo cómo se lo pone) y me dice que le toque también la otra mano, y en la otra mano, creo que tiene un botellín, un botellín de agua o algo así. Me dicen que me lo van a meter por el culo, pero que antes me van a dar vaselina para que no me deje ni marcas ni heridas, para que luego no lo pueda denunciar. En varios momentos en los que estoy haciendo flexiones, me empujan el botellín contra el ano, pero no me lo introducen. (…) Así todo el rato, que a ver si quiero oír a mi moza, que si quiero la traen y la voy a escuchar gritar a mi lado. (…) Te ponían la máquina de los electrodos al lado y subían la potencia para que pudiera escuchar el zumbido.” (Gorka Ribadulla) Mujer y tortura Especialmente graves han resultado las denuncias efectuadas por las tres mujeres detenidas en esta operación. Hay un componente diferente en los casos de estas mujeres: la tortura sexual. En todos los casos los torturadores son hombres, y degradan a la detenida por su condición de mujer, rentabilizando esta circunstancia en la humillación y degradación máximas. Además de como persona, como mujer. Pero en esta ocasión, debemos denunciar que además de las vejaciones sexuales, humillaciones, tocamientos y amenazas de violación cuando la mujer se encuentra desnuda, Amaia Urizar denunció que fue violada durante su estancia en dependencias de la Guardia Civil. Fue también víctima de otros métodos de tortura que no hacen sino traernos a la memoria los tiempos más oscuros de esta práctica, con relatos que incluyen la asfixia mediante “la bañera”... todos estos testimonios se encuentran de manera íntegra en la página web del Grupo Contra la Tortura de Euskal Herria-Torturaren Aurkako Taldea, www.stoptortura.com “Al entrar allí oí ruido de agua, era como si estuviesen llenando algo, y ellos se reían mientras me susurraban al oído, “Amallita, Amallita”. No sé si fue a causa del terror o porqué razón, pero en aquellos momentos me oriné encima. Algunos comenzaron a reírse de mí, en cambio otros se enfadaron y me dijeron que tendría que limpiar toda la habitación con la lengua. Se cortó el chorro de agua, me obligaron a dar un par de pasos hacia delante y a ponerme de rodillas. Me quitaron el antifaz. Me apretaron las esposas, estaba esposada a la espalda. Ante mi estaba la bañera… me puse muy nerviosa e intentaba echarme para atrás, pero no había escapatoria, estaba rodeada. Ya sabía lo que me iban a hacer, uno de ellos me gritaba nombres que iba atando con “taldes” diferentes; solo querían que asumiese lo que me decían, que asumiese que aquella gente hacía lo que ellos me decían. Yo les repetía que no sabía nada, que era verdad que no lo sabía, que solo eran amigos o gente conocida, y que lo que ellos me estaban diciendo no era verdad, o por lo menos que yo no lo sabía. Entonces entre dos hombres, uno agarrándome del cuerpo y el otro estirándome del pelo, me metían la cabeza en la bañera muy bruscamente, de forma que me golpeaba el pecho contra la bañera: sentía que me ahogaba, intentaba echarme para atrás con las piernas, a los lados, pero no podía; movía la cabeza con todas mis fuerzas para sacarla del agua pero era imposible mientras ellos no querían. Tragué demasiada agua, tanto por la boca como por la nariz, tenía la cabeza mareada, estaba sin fuerzas, pero a ellos les daba igual y seguían gritando y diciendo nombres y más nombres, que lo asumiera, que lo asumiera. El llanto no me dejaba decir nada y me metían la cabeza una y otra vez en el agua. Ya no esperaban ninguna respuesta puesto que no daban opción a responder entre una y otra vez, solo me daban tiempo a que respirase un momento. No hacía fuerza en contra de lo que me estaban haciendo, solo quería que aquello se acabase, si su objetivo era matarme, que lo hiciesen cuanto antes…” (Amaia Urizar) “Nada más llegar a Madrid me llevaron a una habitación. Me desnudaron. Allí habría cinco personas. Para entonces había aparecido el comisario “Arensibia”. Pasé por las manos de todos ellos. Me ponían en medio de todos ellos y tanto el comisario como los otros, me gritaban y me golpeaban en la cabeza. Me obligaron a colocar las manos contra una mesa, y el culo “en pompa”. En aquellos momentos, me sobaban el cuerpo y me pasaban un palo entre las piernas. (…) Me obligaban a abrir la piernas, y me ponían la bolsa por la cabeza (lo hicieron en una sola ocasión y floja). Y mientras tanto, me golpeaban en la cabeza, y me sobaban, y me obligaban a realizar flexiones. No sé por cuanto tiempo se prorrogaba esto, pero creo que sería durante horas.” (Aitziber Sagarminaga) “El comisario mientras me sobaba, me desnudaba, me decía que yo allí no tenía voluntad, que yo debía hacer su voluntad… (…) No me fiaba que aquella persona fuera forense, por lo que no le iba a decir lo que me habían hecho, aunque si le dije que me mirara el cuello, puesto que yo me lo notaba hinchado y que no podía respirar bien. Él me miró de lejos y me dijo: “pues será bronquitis”. En ningún momento me tocó.(…) Yo tenía que estar todo el rato completamente desnuda, con el antifaz puesto y con la bolsa en la cabeza. En la primera sesión fuerte con ellos, creo que a la tercera o cuarta vez que me pusieron la bolsa vomité. Y con lo poco que podía ver por debajo del antifaz, yo creo que vomitaba sangre. No sé que sería, si del estomago, de la garganta, pero sangre si que había. Allí me asusté. Ese día con catorce bolsas o así deje de vomitar. Catorce bolsas que rompía, catorce bolsas que me volvían a poner, que me apretaban. (…) Al principio me hacían la bolsa, después me obligaron a hacer flexiones, a permanecer en cuclillas... Y durante todo el rato, yo estaba con la regla, yo notaba que me estaba bajando entre las piernas, y ellos se reían de aquello, mucho. Yo estaba haciendo flexiones, todo el rato para arriba y para abajo, con la bolsa en la cabeza y ellos haciéndome preguntas… (…) Empezaron las amenazas de violación. Amenazas con que me iban a dar por el culo, que por delante me iba a librar por estar con la regla, pero que me iban a abrir el culo. Mientras me amenazaban con violarme, yo tenía a uno que estaba todo el rato muy cerca de mí, y que me estaba todo el rato sobando, sobándome las tetas, sobándome todo, todo el cuerpo.(..) Me empujaron y me hicieron ponerme a cuatro patas, encima de una manta que pusieron en el suelo. (...)me estaba todo el rato sobando, continuaba sobándome, y otro me puso vaselina en el culo, mientras yo estaba desnuda, a cuatro patas y con la bolsa por la cabeza. Mientras me untaba la vaselina, me pasaron una escoba por la espalda, y me decían que me moviera como cuando follaba, mientras que todo el rato me insultaban “zorra, puta”, y mientras el otro me sobaba, el otro se reía... Cuando me hacían la bolsa, en un momento pensé que se les había ido de las manos, porque mientras yo estaba con espasmos, ellos me decían que estuviera tranquila que no me iba a ahogar, que ellos lo controlaban bien por los labios, y hasta que los labios no se te pusieran azules no te quedabas dormida, y que yo aún solo los tenía morados. Ellos me decían que la bolsa me la quitaban cuando se me ponían los labios azules. Yo estaba todo el rato desnuda, con el antifaz puesto y con la bolsa en la cabeza. Yo estaba encogida porque tenía muchísimo frío, y me empezaron a echar agua fría por detrás y por adelante. El aire acondicionado me daba directamente, y sentía mucho frío... Pensaba que el corazón se me iba a parar porque cada vez me latía mas despacio, igual no era el corazón lo que yo sentía, pero notaba que se me iba parando el cuerpo por dentro...(...) No tardaron en ponerse encima de mí, inmovilizarme y apretar la bolsa. La mayoría de las veces que me ponían la bolsa podía aguantar mas, no sé si porque podía moverme, o porque al no estar completamente inmovilizada me tiraba al suelo, les pegaba... No sé de dónde sacaba fuerzas pero cuando me ponían la bolsa les pegaba, les daba patadas. Pero esta vez no pude, estaba dentro de la manta, inmovilizada, uno se ponía encima y otro me apretaba la bolsa. Ahí pensaba que se les iba. No sé el rato que estuve así, pero no llegué a perder la conciencia, estaba todo el rato consciente. Luego, a toda velocidad, me soltaron la manta y me quitaron la bolsa. Fue una sensación muy rara porque aunque estaba consciente, el cuerpo no me respondía. Sentía todo el rato la boca abierta, no podía cerrarla y el cuerpo me daba votes, me votaba contra el suelo como si fueran convulsiones. Notaba el cuerpo votando contra el suelo, pero no sentía nada y la boca tampoco la podía mover. Alguna vez he visto algún ataque epiléptico y yo nunca he tenido nada así, pero no sé si me pudo dar algo parecido. Lo que sí sé es que votaba un montón contra el suelo, que tenía la boca abierta y que se me caía la baba. (...) Otra vez que también estaba desnuda, me llevaron a una habitación que se suponía era donde me iban a poner los electrodos. Me pusieron un cable en cada pezón, era como una batería, pero no llegaron a dar descarga. Hicieron el teatro. Ellos me decían que yo iba a alucinar porque se me iban a poner los pezones negros, que se me iba a mover todo por dentro. Me habían echado agua por la cabeza, por las piernas, por el cuello... estaba mojada y descalza. (...) Ahora no puedo oír la radio, de eso me di cuenta cuando subía de la Audiencia. Cuando oigo la radio me pongo muy nerviosa, esas voces fuertes de hombre. Antes solía oír mucho la radio pero ahora no puedo.” (Inma Basabe) Testimonios desgarradores, que no podemos ignorar ni permitir que se sigan ignorando. Todas estas personas fueron trasladadas ante un juez instructor tras pasar por este infierno, más de la mitad de los detenidos han quedado en libertad. Todos ellos denunciaron en ese momento por el calvario que habían pasado, y ninguno de ellos recibió una respuesta del juez instructor, ni una pregunta, ni mención de abrir una investigación para aclarar la situación, tal y como es su obligación ante el conocimiento de la posible comisión de un delito de torturas. Diez jóvenes son detenidos, incomunicados, y mientras en el exterior se lleva adelante una campaña de desprestigio atentando gravemente contra la presunción de inocencia de todos ellos, en las celdas de los centros de detención de la Guardia Civil estos jóvenes eran salvajemente torturados. Muchos de ellos salían en libertad tras agotar el máximo de la detención incomunicada. ¿Por qué no quedan marcas? está claro que los métodos de tortura son cada vez más sofisticados, además de estar perfeccionados para causar un mayor sufrimiento a la víctima (se busca no solo destrozar físicamente a la persona, sino también se busca su destrucción psicológica, todavía más difícil de detectar), estos métodos buscan no dejar huellas en el cuerpo de la víctima: se golpea a la víctima con palos forrados de gomaespuma, se enrolla a la víctima en colchones mientras los agentes policiales saltan sobre sus cuerpos... pero además estas personas pueden ser ingresadas en prisión bajo régimen de incomunicación, y para cuando un abogado de su confianza puede acudir a visitarles, esas huellas han desaparecido. Debemos asímismo mencionar en este info, las denuncias formuladas por jóvenes detenidos anteriormente a la operación policial a la que aquí hemos hecho referencia. Pedro Alcantarilla por ejemplo, fue la única persona detenida en el Estado español en la operación que se llevó a cabo en octubre. En la misma fueron detenidas diecisiete personas en el Estado francés, y Peio fue detenido en Burgos, donde se encontraba por motivos profesionales. A diferencia de los detenidos en el Estado francés, de los que ninguno de los diecisiete ha presentado denuncia de torturas, Peio relató el infierno vivido en dependencias de la Guardia Civil. No podemos olvidar que este ciudadano vasco trató de suicidarse estando bajo régimen de incomuncación, según sus palabras, por no poder aguantar más el infierno que estaba sufriendo. Mil ejemplos del tormento sufrido que se recogen en sus testimonios, prácticas que aunque se empeñen en hacer creer que pertenencen al pasado, están más de actualidad que nunca. Esto no será así reflejado en los principales periódicos españoles -a diferencia de otros casos que ocurren a miles de kilómetros, en Irak, Guantánamo... sin duda igualmente dignos de denuncia-, hace oidos sordos a esta tragedia. No encontraremos en esos periódicos los testimonios de estas personas, en contraste con los grandes titulares que ocuparon en el momento de su detención. Ni tan siquiera una mención a la puesta en libertad del a mayoría de ellos. No podemos olvidar que el hecho de que estas personas iban a ser detenidas era conocido por diferentes televisiones españolas, que cubrieron adecuadamente la noticia “in situ”. Por otro lado, no podemos dejar de mencionar la operación que llevó a cabo la Policía Nacional, que se saldó con veinte personas detenidas. Aunque sus testimonios no han salido a la luz de la misma manera que los de las personas detenidas por la Guardia Civil, muchas de estas personas denunciaron igualmente haber sufrido torturas durante su detención incomunicada. Izaskun Villanueva, por ejemplo denunció haber sufrido la bolsa. Las detenciones se llevaron a cabo entre el 16 y el 18 de noviembre. Más de la mitad de estos jóvenes se encuentran en libertad. Los detenidos esos días por la Policía Nacional, fueron: Maider Viso Rubén Nieto Jon Duque Margari Eizagirre Ibon Urrestarazu Alaitz Iturrioz Aitziber Igoa Patxi Cabo Amaia Mundiñano Lorea Azpilikueta Iban Medina Izaskun Villanueva Igor Astibia Gorka Jaunarena Gustavo Fernández Koldo Lekuona Sergio Iribarren Jorge Urruñuela Xabier Balerdi Andoni Cobos Según los últimos datos de que disponemos el año pasado se produjeron las siguientes detenciones incomunicadas a ciudadanos vascos: Policia francesa: 52 Ertzantza: 6 Policía Nacional: 43 Guardia Civil: 24 Total: 125 De todos ellos las denuncias por tortura ha sido tal y como sigue: Policia francesa: 0 Ertzantza: 0 Policía Nacional: 32 Guardia Civil: 22 Total: 54 De aquí se desprende, que el pasado año fueron torturadas 54 personas, todas ellas a manos de los dos cuerpos policiales españoles que ahora mismo operan en Euskal Herria: policía nacional y guardia civil. Los datos referidos a la puesta en prisión de los detenidos: Policía francesa: 35, (el 67,3% de los detenidos) Ertzantza: 3 (el 60% de los detenidos) Policía Nacional: 19 (54% de los detenidos) Guardia Civil: 7, (el 33% de los detenidos) Total: 64: 56% de las personas detenidas fueron enviadas a prisión. De estos datos se pueden desprender las conclusiones de que el gobierno español de Rodríguez Zapatero continúa obteniendo rendimiento policial de la dinámica de detención, incomunicación y tortura, en contra de todas las recomendaciones internacionales emitidas contra ello. Además, hay que tener en cuenta que el mayor porcentaje de personas detenidas que después han ingresado en prisión son las personas detenidas por la policía francesa. Este grupo de personas detenidas no ha denunciado torturas, por lo que caen de esta manera los argumentos a menudo esgrimidos por el Estado español en cuanto a la supuesta consigna de los detenidos en denunciar torturas. Por último, es de evidenciar la inexistencia de denuncias de tortura por parte de la Ertzaintza, lo cual, en sí mismo y sin bajar la guardia por la experiencia acumulada por este Behatokia, es una buena noticia. Según los últimos datos de que disponemos el año pasado se produjeron las siguientes detenciones incomunicadas a ciudadanos vascos: Policia francesa: 52 Ertzantza: 6 Policía Nacional: 43 Guardia Civil: 24 Total: 125 De todos ellos las denuncias por tortura ha sido tal y como sigue: Policia francesa: 0 Ertzantza: 0 Policía Nacional: 32 Guardia Civil: 22 Total: 54 De aquí se desprende, que el pasado año fueron torturadas 54 personas, todas ellas a manos de los dos cuerpos policiales españoles que ahora mismo operan en Euskal Herria: policía nacional y guardia civil. Los datos referidos a la puesta en prisión de los detenidos: Policía francesa: 35, (el 67,3% de los detenidos) Ertzantza: 3 (el 60% de los detenidos) Policía Nacional: 19 (54% de los detenidos) Guardia Civil: 7, (el 33% de los detenidos) Total: 64: 56% de las personas detenidas fueron enviadas a prisión. De estos datos se pueden desprender las conclusiones de que el gobierno español de Rodríguez Zapatero continúa obteniendo rendimiento policial de la dinámica de detención, incomunicación y tortura, en contra de todas las recomendaciones internacionales emitidas contra ello. Además, hay que tener en cuenta que el mayor porcentaje de personas detenidas que después han ingresado en prisión son las personas detenidas por la policía francesa. Este grupo de personas detenidas no ha denunciado torturas, por lo que caen de esta manera los argumentos a menudo esgrimidos por el Estado español en cuanto a la supuesta consigna de los detenidos en denunciar torturas. Por último, es de evidenciar la inexistencia de denuncias de tortura por parte de la Ertzaintza, lo cual, en sí mismo y sin bajar la guardia por la experiencia acumulada por este Behatokia, es una buena noticia.


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