Utopía realizable de una civilización amante de la madre tierra

No hay un objetivo más urgente en el mundo que salvar a la especie humana del peligro real y cercano de extinción. Objetivamente la actual civilización responsable de crear las condiciones materiales y filosóficas para la desaparición de la vida en el planeta, no es viable para evitar el gran vacío infinito que amenaza con dejar de herencia al Universo. La humanidad reclama con angustia por un instinto de perpetuación de su especie, presente en el subconsciente colectivo, que la vida en la Tierra no sea un fenómeno finito clasificable como un recurso natural no renovable. Esta reclamación todavía no ha llegado al nivel superior de la conciencia global y en cierta forma el género humano, en su mayoría, marcha por inercia hacia el matadero, hacia el abismo de su desaparición. La verdad está todavía limitada a los círculos de investigación científica cuyos resultados son inexorables: la vida no será posible en las condiciones adversas físicas, químicas y biológicas, cuantificadas matemáticamente, que se están acumulando aceleradamente en el planeta, como consecuencia de la acción destructora de los equilibrios ecológicos. El conocimiento científico no tiene interrogantes que pongan en duda los resultados de sus investigaciones: si continúan eliminándose las condiciones favorables para la vida, ésta será condenada inevitablemente a su desaparición.

No se trata de alguna fantasía verniana ni de pronosticar, presagiar o vaticinar posibles eventos futuristas perdidos en el tiempo. Son amenazas comprobadas por el conocimiento científico, cuyos primeros efectos pueden ser observados en los cambios climáticos. Son predecibles, con rigurosidad matemática, las consecuencias destructoras de los gases contaminantes y del efecto invernadero. No en vano movimientos ecológicos en todas partes del mundo continúan levantando sus voces de protesta, de alerta y de conciencia conservacionista. Estos grupos de gran importancia humanista tradicionalmente han sido minorías poseedoras de la verdad, portadoras de una mística encomiable y dueñas de la razón pero son todavía minorías conscientes ante la indiferencia de las grandes multitudes planetarias adormecidas, influenciadas y confundidas por los poderosos recursos mediáticos, culturales y por la ideología global predominante en la superestructura del planeta.

Es penoso, terrible y deplorable que nuestra civilización haya desarrollado globalmente una estructura y una superestructura inviables para la perpetuación de la especie humana. Todo el esfuerzo de la inteligencia humana para dotar al mundo de progreso, comodidad y cultura ha devenido en esta triste realidad. El problema causante y generador que está llevando el planeta a su agonía está localizado, circunscrito y confinado en los países desarrollados e industrializados pero las consecuencias destructoras nos afectan a todos y con más fuerza, por razones obvias, a los países pobres, es decir a la mayor parte de la población mundial, pero llegado el día del colapso global la desaparición será total y los ricos tampoco se salvarán de la extinción.

La estructura y la superestructura de los países desarrollados e industrializados están sustentadas materialmente y filosóficamente en el capital que es la esencia y última explicación de todas las cosas en el sistema dominante en el planeta. El capital tiene vida propia ha evolucionado vertiginosamente desde su consolidación después de la Revolución Francesa y de la Revolución Industrial. El capital mutado en corporaciones, transnacionales y en su fase superior el imperialismo, tiene sus propias reglas sin consideraciones ni reflexiones humanas. Al carecer de principios normativos ha construido su propia ética ultracivilizadora y frankeisteniana. Es incapaz de soñar, no es humano, en una civilización cuya prioridad sea garantizar la perpetuación de la vida en el planeta. El capital es un monstruo antinatural, inventado por el hombre, que está destinado a destruir a su creador de allí su naturaleza.

En Cochabamba, Bolivia se reunirá del 20 al 22 de abril la “Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra.” Este será un momento, una instancia, y un espacio donde estará concentrada la esperanza de la humanidad y la utopía sanadora del planeta. Son muchos los temas centrales que ocuparán nuestra atención como punto de partida de una cruzada por la construcción de una nueva civilización libre del monstruo franskeisteniano del capitalismo.

La utopía realizable de una civilización amante de la madre Tierra es un tema prioritario porque es de vida o muerte. La conferencia de Cochabamba catapultará el pensamiento de una nueva civilización creadora del trabajo social en armonía con la naturaleza.

(*) Profesor

sergiobricenogarcía@yahoo.com

padreamalivaca.blogspot.com


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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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