Mensaje al Ministro Navarro

Sobre funcionarios públicos y pueblo organizado

  Una profunda tristeza e indignación me produjo ayer el Programa Contragolpe del día 12/06/09, dirigido por la periodista Vanessa Davies, en el cual tenía como invitado al Ministro del Poder Popular para la Educación, Héctor Navarro. 

  Comencemos por la tristeza, la cual sólo experimenté por la comunicadora social que invita al Ministro para debatir un tema de agenda de una intrascendencia inusitada en el contexto de una sociedad venezolana minada de profundas contradicciones sociales, y cuyas escuelas y liceos no son más que semilleros de individuos enajenados, en donde la violencia se ha entronizado y un sentimiento de inopia y desaliento socava las actuaciones de maestros, profesores y personal obrero y administrativo. 

  ¿Qué queda de aquella periodista que se atrevió a ir más allá de la verdad “oficial” y desentrañó los tentáculos represivos de los organismos policiales y de la guardia nacional durante los sucesos del deslave de Vargas? 

  La indignación sólo me la produjo el discurso del Ministro, el cual no se diferencia mucho del resto de las actuaciones del gabinete ministerial. Gris e inactivo. Ajeno totalmente  a la calle, al problema cotidiano que se respira en cada rincón de nuestras escuelas, distritos escolares, zonas educativas, universidades formadoras de educadores… El gerente principal de un Ministerio que tiene una alcabala conformada por no menos de treinta trabajadores que malencarados y prepotentes nos piden la cédula y nos entregan y solicitan unos carnets de visitantes, para accesar a unas estructuras inoperantes que perdieron hace mucho tiempo su razón de existir. 

  Indigna sentir que mientras se aprueba un V Contrato Colectivo en detrimento de los educadores, cuyo contenido nunca fue conocido por la gran mayoría de los interesados y mientras las condiciones pedagógicas en las cuales se forman los venezolanos cada día cobran un saldo mayor de individuos analfabetos funcionales y sin ninguna conciencia histórica ni social sobre su papel en el escenario local, regional o nacional; nuestro tradicional gerente de la cartera educativa – “inferior” y “superior” – se dedica a hablar del “Síndrome de Peter Pan”. (Y que me perdone, Fidel, que sé que él lo sufrió en carne propia en su pequeña pero inmensa isla; pero resulta que ese no es el principal problema que vive hoy en día nuestra sociedad. Y es verdaderamente lamentable que un Ministro ocupe un espacio televisivo para explicarnos cómo opera el “Síndrome de Peter Pan” en su segunda reedición, en la República Bolivariana de Venezuela) 

  La promoción inusitada de ese tema en el momento actual por el que atraviesa la crisis educativa en Venezuela sólo se justifica en la mentalidad pequeña burguesa de una dirigencia de oficina e Internet, una dirigencia que respira la atmósfera banal y superficial de una clase media idiotizada, que no sólo puede repetir informaciones desprovistas del más mínimo sentido común, como aquella que sostiene que el Estado va a separar a los niños mayores de tres años de sus padres, sino que dedica su tiempo a “clarificarle” a ese sector minoritario de la población que “no se dejen manipular” porque nada de eso ocurrirá. 

  Camaradas: si la clase media disociada de nuestro país decide enviar a sus pequeños retoños fuera… que así sea. Allá ellos. Estarían enviando a sus hijos a enfrentar la dura tarea de “abrirse paso” en una nación extranjera que siempre los verá como advenedizos y en la cual tendrá que actuar como un depredador para alcanzar algún escaño de comodidad y confort. No sé cuál pueda ser el desajuste que sufra una nación cuya población joven e infantil repunta cada día más. 

  Pero no menos banales resultaron los argumentos esgrimidos por el Ministro en torno a la falsedad de estas afirmaciones, que según él mismo revela, se las hicieron llegar sus allegados y que ellos las obtuvieron vía internet. El Ministro recurrió a los argumentos sentimentales…” Los que me conocen saben que yo no soy capaz de hacer algo así” “Los que conocen al Presidente saben que él sería incapaz de actuar de tal o cual manera…” ¡Caramba, Ministro, los que creíamos conocerlo pensábamos que usted tenía una formación académica que lo habilitaba para ofrecer argumentos de mayor relevancia! 

  Siempre he creído que la mejor manera para combatir la disociación es alimentando sus excesos. Me refiero a incrementar la dosis de irracionalidad construyéndoles nuevos episodios que permitan al disociado tomar una breve conciencia de su estupidez.  

  Pero indudablemente esa no debería ser nuestra agenda de discusión, Ministro. Lo que sí es un tema impostergable es el debate sobre nuestra Ley de Educación y sobre nuestra Ley de Universidades… ¿Cuál es el perfil que debe exhibir un educador que asume la responsabilidad en estos principios del siglo XXI de mediar el conocimiento a los niños, adolescentes y jóvenes de una República que busca nuevas alternativas de desarrollo? ¿Qué aspectos deben ser normados en nuestras leyes y reglamentos educativos, a una década de aprobada nuestra constitución?  

  ¡Qué importante sería ver a nuestro Ministro a la cabeza de este debate y generando estrategias metodológicas que permitan la discusión en todos los escenarios educativos! 

  Salvo honrosas excepciones, entre las que ubico al Ministro Tarek El Aissami y al Ministro Eduardo Samán, Héctor Soto… los funcionarios que acompañan la gestión presidencial son víctimas de la ideología de la clase social que representan. Por eso difícilmente podrán impulsar desde el marco de esta institucionalidad desvencijada y torcida que todavía sufrimos, procesos realmente transformadores. 

   Y así como aquella jovencita hermosa del barrio Gramovén tomó la palabra en el Aló, Presidente del jueves 28 de mayo del año en curso para devolvernos la esperanza a todos los que soñamos con los verdaderos cambios sociales; sueño y lucho porque un día los maestros venezolanos construyamos organizaciones sólidas y críticas que no sólo rescaten las justas reivindicaciones salariales de un gremio de importancia trascendental en el proceso de desarrollo de una nación, sino que se conviertan en almácigo de una nueva intelectualidad que genere ideas útiles y creativas para resolver los urgentes problemas de nuestra sociedad. 

  Mientras los líderes comunitarios que encabezan los Comités de Tierra Urbana nos dan señales claras de que el pueblo anda por allí creciéndose en las circunstancias, la “clase media socialista”, “chavista”, pero cómodamente instalada en el confort y el ambiente elitesco de sus entornos sociales, transpira el mismo olor a moho de todas las clases medias que en los momentos coyunturales de la historia de los pueblos nunca están a la altura de las circunstancias. 

  Definitivamente, esta lucha sólo es del pueblo; y todos los que en él se escuden para vegetar de él, serán catapultados por la historia. 


  gladysemilia@cantv.net 


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Gladys Emilia Guevara


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