Eduardo Rahn. Grande como su lago, le cantó como Yépez en notas musicales llenas de sol

“La música sería el lenguaje de la

 filosofía si se pudiera pensar con

 sonidos en vez de pensar con palabras”

  Hegel

 Para el destacado pianista de esta Maracaibo del sol amada, a la cual cuesta reconocer como “profeta en su tierra” a los más valiosos de sus hombres, el distinguido Profesor Don Eduardo Rahn, fue uno de los tantos sometidos a un olvido incomprensible, aunque inútil, pues los hombres grandes por su talento i condiciones humanas, superan con creces esa injusticia, como ha sucedido muchas veces en el mundo, porque las mediocridades que son los más, tratan de hacer sombra sobre sus méritos; pero éstos brillan por encima de todos los egoísmos, odios i bajezas humanas. Recientemente, ha fallecido en la ciudad, este magnífico director de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo declarada Patrimonio Nacional desde hace varias décadas, pues venía haciendo las delicias de los amantes de la gran música, de la música clásica o la que expresa el alma de los pueblos, de manera que personalmente, cuando quien escribe, daba clases en la Escuela de Filosofía, de tarde i de noche, convine con aquel mejicano inolvidable que fue Adolfo García Díaz, Fundador i Director de la Escuela de Filosofía, que los jueves no me pusiera clases sino mui temprano i pocas horas, para irme i estar a las 8 de la noche en Bellas Artes, para los conciertos semanales de la Orquesta Sinfónica dirigida por el maestro Rahn; compartiendo entonces, con algunos colegas médicos o filósofos, especialmente con mi antiguo profesor de Anatomía el Dr. Jesús Acosta Galbán, quien no se perdía de estos verdaderos acontecimientos musicales i sabía conversar de las maravillas que encierra la música.

 Eduardo Rahn, según sabemos, comenzó siendo un destacado pianista que recorrió el mundo enriqueciendo su arte i su condición humana, i a medida que crecía en su disciplina, captaba los avances de las grandes capitales, especialmente Viena i París, donde además sabía apreciar i valorar el talento de otros, con lo cual terminó por hacer firmes estudio en París, Viena i Salzburgo, la bella ciudad de Mozart, la del río Salzac, la de la Novicia Rebelde i la que dio educación a la voz de nuestro Alfredo Sadel. Estudió, pues, en el Conservatorio de Viena, en la Academia Internacional de París i en la escuela Normal de Música de la misma; en el Mozarteum de Salzburgo i en la Juliard Scholl of Music de New York, i lejos de hacer como muchos en distintas profesiones, volvió a su Maracaibo i a su lago, al cual cantó en sus marullos de notas musicales, toda la pasión i el amor que dispensó siempre a su tierra; de manera que fue algo así, como el José R.Yépez musical del cual nos sentimos orgullosos, quienes conocimos de su talento i sus vivencias. En esa organización orquestal, se dio a la tarea de estimular alumnos i alumnas; en algunos casos como el de el extraordinario Carlos César Rodríguez, hijo del colega periodista Carlos Rodríguez Castañeda. A este joven, en el respaldo del catálogo de su presentación con la Orquesta Sinfónica de Eduardo Rahn, le escribí una nota pronosticando su éxito futuro, i no me decepcionó, pues ha sido un artista internacional que, cuando me visitó junto con sus padres i me obsequió una bella foto en testimonio, andaba como pianista en presentaciones nada menos que de Plácido Domingo, i casi todos los años anda comprometido en presentaciones por todo el mundo. También el profesor Rahn ha formado diversos artista i cantantes, de manera que una crónica reseñando su muerte, dice que murió quizá con más sosiego que Don Quijote, entre seres que lo querían o adoraban, sino que a la vez, una de sus brillantes alumnas, la soprano María Eugenia Rincón le cantaba arias de sus óperas preferidas; de manera que su alma ha debido subir como un remusgo de notas musicales, apaciguando sus penas que a nadie faltan, aunque seguro que no pensaría como nuestro amado Libertador, haber arado en el mar. Al contrario, sembró en su lago i deseó que le cremaran i esparcieran sus cenizas en él, porque así, en la eternidad o en la Nada, pensaría como Leonardo Da Vinci, que solamente se puede conocer bien, la cosa amada. I el lago, azul o verde, pleno de sol, le recibió en sus aguas o le recibirá pronto, puesto que su viuda Gladys, todavía tenía que soportar parte de la indiferencia que muchos otorgaron al grande hombre, según alguna nota recibida de la Secretaría de Cultura del estado estigmatizado por la política de oposición. Rahn, que yo sepa, sólo se ocupó de su música i de sus seres queridos; su música fue la estrella en el arroyo que observó el poeta Blanco, i supo que la estrella estaba arriba. Si, mui arriba, por encima de las pasiones humanas; esa es la filosofía de la vida pensada en sonidos, como dijera Hegel.

  Por eso estas líneas, de despedida al maestro a quien recuerdan sus seres queridos, esposa e hijos, alumnos i alumnas, pero también los desconocidos que en una butaca innominada del teatro, nos complacimos de su arte. Nunca le conocí de trato, excepto en ocasiones de saludarle i estrecharle la mano, reconociendo su grandeza como hoi reconocemos la de Dudamel, tratado i consentido como se ha debido tratar a Eduardo Rahn. Cuando una exposición de mis pinturas i libros, fue homenajeada por la Sinfónica, estuvo su adjunto, brillante discípulo i mi amigo, el profesor Havi Sánchez. Posiblemente ya venía padeciendo de una larga enfermedad que le llevó a la muerte que consideraré como he dicho siempre pensando en Unamuno, que es la simple postergación del olvido, o como ahora que padecemos también la ausencia de Benedetti, recordemos que el olvido, está lleno de memoria.



robertojjm@hotmail.com



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Roberto Jiménez Maggiolo


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