El álgebra de Teodoro

Los resultados de las elecciones regionales del 23 de noviembre que se celebraron en Venezuela, han dado pie para múltiples análisis y lecturas. Los matices varían desde las posturas demenciales, totalmente disociadas de personajes como Teodoro Petkoff -editor del bodrio ése que llaman Tal Cual-, hasta los cándidos señalamientos de cadáveres políticos insepultos como el también traidor, pero de Podemos, Ismael García; amén del aquelarre mediático montado fría y calculadoramente por el sistema nacional y transnacional de medios de comunicación privados al servicio del capitalismo más salvaje.

Aunque los hechos están muy recientes y falta mucha tela por cortar, es evidente que ha habido un interés apresurado, incluso desmedido, por mostrar -en el escenario nacional e internacional- una victoria inobjetable en términos cuantitativos, como una estruendosa derrota desde el punto de vista cualitativo.

El leit motiv o la consigna fundamental de este análisis tan balurdo es que el chavismo supuestamente ha perdido los centros urbanos más poblados y su apoyo sólo se limita a los sectores rurales, donde –en la teoría de ellos- vive la gente “menos culta” y más fácilmente manipulable.

Con este axioma tan superficial y un argumento tan baladí se pretende descalificar una vez más a una masa mayoritaria de votantes, que en términos absolutos sobrepasa los 5 millones de venezolanos. La idea conecta además con esa visión tan absurda de economía de puerto, que heredamos del tiempo colonial y que se resume en aquella tristemente célebre frase de que: “Caracas es Caracas y lo demás monte y culebra”.

Fue precisamente en función de ése pensamiento perverso y del boom petrolero de comienzos del siglo pasado, cómo se estimuló desde los centros de poder una aberrante concentración del modesto desarrollo que hemos alcanzado, en el denominado eje centro-norte-costero, tan cacareado en los colegios.

Sin embargo, con el comienzo de la revolución bolivariana ésa estúpida visión, prima hermana de de otras no menos idiotizantes como la resumida en la frase: “jodido, pero en Caracas” ha ido perdiendo vigencia y Venezuela es un país que cada vez con más fuerza mira hacia el desarrollo endógeno de sus vastas provincias, las cuales bullen de vida, recursos, nobleza y esperanza.

Arrase psuvista

Lo que estaba en disputa en estas elecciones regionales era precisamente eso: los puestos de gobierno estadal y municipal en ése vasto territorio. También tenían estos comicios un matiz plebiscitario en función del revés sufrido en 2007 con la propuesta de reforma Constitucional. Pues bien, en ambas pruebas el gobierno nacional obtuvo una calificación cercana al 20.

No es poca cosa estrenar un partido unitario de la envergadura y el alcance del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), imponiéndose en 17 de las 22 gobernaciones que estaban en disputa, tampoco lo es obtener 80% de las alcaldías del país (264 sillas municipales de un total de 328 que estaban en juego) y mucho menos puede considerarse algo despreciable obtener más de 5 millones de votos sobre los casi 4 millones que sacó tu contendor más cercano.

Eso, sin entrar a considerar que de las 22 gobernaciones en juego, dos plazas como Zulia y Nueva Esparta ya estaban en manos de la oposición y se sabían bastiones muy difíciles de conquistar; y otras 6 estaban en manos de traidores abiertamente emparentados con el golpismo y las derechas más rancias, como Didalco Bolívar en Aragua, Ramón Martínez en Sucre, Acosta Carlez en Carabobo, Carlos Giménez en Yaracuy, Gilmer Viloria en Trujillo y Eduardo Manuitt en Guárico.

De las 6 gobernaciones que se nos habían “volteado”, el PSUV recuperó de un tirón Sucre, Aragua, Yaracuy, Guárico y Trujillo, borrando del mapa político a los traidores de Podemos y lanzándole un mensaje claro de alerta a otros aliados a ratos guabinosos y a otros también, como el PPT y el PCV. No se pudo hacer el trabajo en Carabobo por muy poco y se perdió Miranda, junto con la alcaldía mayor, casi seguramente por el lastre de las pésimas gestiones, en ambos casos. En Táchira el final fue de fotografía.

Ahora bien, al analizar el mapa político venezolano, desde la esfera municipal, uno se topa con datos tan reveladores como que el PSUV se impuso en 17 de las 24 capitales de estado. Es decir, ciudades tan emblemáticas como Maracay, Valencia, Puerto La Cruz, Barcelona, Cumaná, Maturín y Caracas, entre otras, están en manos del proceso bolivariano.

Todo ello sin perder de vista, que el PSUV triplicó en votos al partido de la oposición más cercano. El chavismo termina, pues, esta justa comicial con una maquinaria política aceitada, engrasada y con la moral más en alto que nunca. A diferencia de la colcha de retazos que prevalece en la oposición, donde la ley es la puñalada y la norma la zancadilla.

Por ello, honestamente, no entendemos el álgebra de Teo, cuando dice en su pasquín “Tal Cual” frases de este tenor: “Confirmado ya el triunfo opositor en Carabobo y Táchira, el mapa político se ha reconfigurado sensiblemente. Son seis circunscripciones po’el buche. Esas seis suman 8 millones de electores, o sea la mitad del total, la otra mitad con 17 gobernaciones cuenta los otros 8”.

Lo que no dice este bufón senil, es que el PSUV, a pesar de que perdió en ésos estados, obtuvo una votación importantísima en casi todos ellos. En Táchira, se perdió apenas por 1%, en Carabobo por un escaso margen de 3% ó 4% y en Miranda por casi 6%. Ello ratifica que en esas entidades ganadas por la derecha también hay chavistas y los hay por coñazo.

Finalmente, el hecho de disponer de más del 80% de las alcaldías del país confiere a la Revolución un capital político envidiable. Con estos alcaldes hay que jugar como dicen en el fútbol hombre a hombre, bajando recursos, realizando seguimiento de las gestiones, para apuntalar el Poder Popular en el corazón de las comunidades. Tampoco se les olvide que hay Chávez por lo menos hasta el 2013. ¿Entonces cómo hablar de una derrota Teo? ¿Quién es el que esta sumando mal?


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Daniel Córdova


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