En la física de los encuentros humanos, nada ocurre por azar. Como planteé en mis primeros escritos en 1976, la vida funciona como el choque de electrones: una colisión que transforma el átomo y altera la vibración del universo. El encuentro entre el Dr. Franklin Alvarado y el legendario Mario Silva no fue una coincidencia, sino una necesidad del Latido Invisible para preservar la dignidad en tiempos de oscuridad.
Mario Silva (lo bautizamos en Caracas "El Boludo"), militante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros de Uruguay, no llegó a Venezuela como un náufrago. Fue solicitado formalmente por la alta gerencia del sector eléctrico, convocado por su pericia técnica para blindar nuestro sistema contra los sabotajes y atentados terroristas que buscaban desestabilizar la patria. Era un hombre que portaba en su cuerpo la historia de la resistencia: el tabique de su nariz había sido borrado de un golpe por la bota militar durante la dictadura uruguaya de los años 70, una cicatriz que era, en realidad, un templo a su integridad.
Sin embargo, al llegar, sufrió la traición de la burocracia. El grupo que lo invitó —antiguos luchadores de los 60 hoy mimetizados en sus conveniencias— lo abandonó a su suerte tras utilizar sus conocimientos. Pero donde hubo abandono institucional, surgió la solidaridad, silvestre, cristiana, venezolana y revolucionaria. Franklin Alvarado, con sus raíces profundas en Tercer Camino y la escuela de Douglas Bravo, reconoció en Mario el brillo de la "zarigüeya": esa dignidad de propósito que resiste en silencio frente a las ratas del oportunismo.
Mario no se retiró; a pesar de la ingratitud, abrazó el partido y continuó construyendo, demostrando que la verdadera "expansión del ser sin heridas" no requiere de ellas, sino de la firmeza del alma. Su reciente partida el miércoles pasado, en medio de quizás un mecanismo de defensa cuántico en virtud del dolor de la partida inesperada de su esposa, situación que marcó una cicatriz inmerecida del hermano latinoamericano en Venezuela durante su trabajo desinteresado, garantizando el flujo eléctrico de nuestros hogares y centros de producción... El boludo terco, digno hijo de Artigas, consciente del desenlace, notificó a sus hermanos venezolanos que, mientras su mente responda a sus exigencias de recuerdos, quería conversar de los momentos hermosos vividos en Venezuela que él priorizaba desde la distancia. ¿Y quién mejor que Franklin?, el venezolano que le tendió la mano solidaria y comprendió que los abandonos se devuelven a los fariseos.
Un guerrero no se rinde ante el silencio; simplemente transmuta su batalla hacia una dimensión donde las palabras ya no alcanzan. El amigo, ese luchador incansable, enfrentó la paradoja de una mente que decidió soltar el ancla del mundo material antes que el corazón dejara de latir. (Quizás esa también fue la decisión de mi padre, el Gran Pietro, un partigiano del amor familiar... quien en medio del éter de una mente que reposa del camino, cada vez que quería entraba entre nosotros rompiendo el silencio: "Cuídenme a ese muchacho", sentenció al cargar en brazos su último nieto varón).
El amigo y compañero uruguayo Mario, su memoria no se borró, se volvió etérea. Aunque su cuerpo habitaba el presente, su esencia comenzó a navegar en una "expansión sin heridas", libre de la carga del tiempo y de los nombres que nos limitan. Fue una entrega noble: le cedió su mente al descanso para que su alma pudiera partir ligera, sin el peso de las batallas terrenales. El amigo Mario se fue a saludar a Pepe; se nos fue su forma física el pasado miércoles 4 de febrero en Montevideo. Curioso "Boludo", escogiste una fecha icónica y así cierra un ciclo de lucha transnacional, pero su ejemplo queda grabado como una evidencia de que la salvación cuántica reside en los encuentros que, aunque parezcan fortuitos, son el motor que sostiene la luz de una nación... La letra del Himno Nacional de la República Oriental del Uruguay y la del Himno del Frente Nacional de Liberación Tupamaro de Uruguay se tatuaron en nuestros recuerdos. ¡Gracias, Boludo!
¡Honor y Gloria!
"Hasta que el sol de la patria brille puro,
y el hombre nuevo empiece a resurgir".
"Con la fuerza de la tierra
y el coraje del amor,
abriremos los caminos
hacia un mundo mucho mejor."