Adaptación Selectiva o Necesaria

La política venezolana ha entrado, después del quiebre simbólico y práctico del 3 de enero, en una fase distinta: menos épica, más cruda; menos ideológica en el discurso y más técnica en la presión real. Ya no se trata solo de sanciones, discursos o reconocimientos internacionales, sino de un reordenamiento de los nodos de poder internos frente a una estrategia externa, principalmente de los Estados Unidos bajo la administración Trump, que busca desmantelar, fragmentar o reconfigurar las estructuras decisorias del Estado venezolano.

En ese contexto, la pregunta central no es si Venezuela cambiará, sino ¿cómo? por adaptación selectiva de sus élites gobernantes o por una adaptación forzada que termine siendo una rendición "estratégica". De allí el dilema que titula este artículo.

Los nodos de poder: más que cargos, sistemas vivos. Para comprender la coyuntura actual, es imprescindible abandonar la visión simplista del poder como una suma de cargos formales. En Venezuela, el poder funciona como nodos interconectados, cada uno con intereses propios, capacidades reales y grados distintos de exposición a la presión externa.

Los principales nodos hoy son: La Asamblea Nacional, como espacio de legitimación política y arquitectura jurídica; El Ministerio de la Defensa, como garante del control territorial y del equilibrio interno; El PSUV, como maquinaria política, disciplinaria y simbólica del proyecto bolivariano; El eje económico-petrolero, donde confluyen PDVSA, corporaciones mixtas y capital extranjero, y; El sistema jurídico y de seguridad, clave para sostener o desmontar cualquier modelo de poder.

Estados Unidos no ataca estos nodos de manera frontal y simultánea; lo hace de forma asimétrica, buscando aislarlos, generar tensiones entre ellos y obligarlos a competir por supervivencia.

La Asamblea Nacional: Jorge Rodríguez y la legitimidad bajo presión. La Asamblea Nacional, bajo el liderazgo de Jorge Rodríguez, cumple una función que va más allá del debate legislativo: es el nodo de racionalización del poder, el espacio donde el Ejecutivo traduce decisiones políticas en legalidad institucional. Desde la óptica estadounidense, este nodo es peligroso porque: Produce marcos jurídicos de resistencia; Legitima alianzas internacionales no alineadas con Washington; Sirve como plataforma discursiva hacia el Sur Global; La estrategia de desmantelamiento no apunta necesariamente a cerrarla, sino a vaciarla de eficacia, sean estos de desconocimiento externo, sanciones personales, bloqueo de financiamiento y presión para reformas "aceptables" al orden liberal occidental. El riesgo interno es claro, si la Asamblea se ve obligada a legislar bajo chantaje económico, su función se reduce a administrar concesiones, no a defender soberanía. La adaptación selectiva aquí puede convertirse rápidamente en autocensura estratégica.

El Ministerio de Defensa: Padrino López y el equilibrio decisivo. El General Vladimir Padrino López encarna quizás el nodo más sensible del sistema: la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). No solo por su capacidad coercitiva, sino porque representa el último dique frente a una reconfiguración del Estado por imposición externa. La doctrina estadounidense es clara, no busca necesariamente un golpe militar clásico, sino una neutralización progresiva y para ellos tiene diseñado, en primera instancia: Sanciones individualizadas; segundo, Incentivos a fracturas internas, y, por último, Ofertas veladas de "normalización" a sectores específicos.

El interés de este nodo es la preservación institucional y la estabilidad, no la aventura política. Pero allí reside el peligro, la estabilidad puede confundirse con aceptación pasiva de un rediseño del país donde la FANB quede reducida a fuerza de orden interno sin capacidad estratégica. Si el Ministerio de Defensa acepta un modelo donde la seguridad nacional se subordine a intereses externos energéticos o geopolíticos, Venezuela pierde no solo soberanía, sino capacidad histórica de decisión.

El PSUV: Diosdado Cabello y el poder territorial. El Partido Socialista Unido de Venezuela, con Diosdado Cabello como figura central de su ala dura y organizativa, es el nodo más complejo de atacar. No es solo un partido: es una red territorial, emocional y disciplinaria. Estados Unidos entiende que: Mientras el PSUV conserve cohesión, el sistema resiste; y Mientras exista movilización social organizada, la gobernabilidad no depende solo de élites.

Por ello, la estrategia no es destruir al PSUV, sino desnaturalizarlo y para ello aplicaría crear: Incentivos pragmatismos económicos; Estimular divisiones internas entre "moderados y radicales"; Asociar su supervivencia a concesiones económicas externas. El riesgo para este nodo es caer en una mutación ideológica silenciosa, donde el partido siga existiendo, pero vaciado de su proyecto histórico, convertido en gestor de un modelo híbrido dependiente.

Economía y petróleo: el verdadero campo de batalla. Más allá del discurso político, el petróleo sigue siendo el núcleo real del conflicto. PDVSA, las empresas mixtas y las corporaciones extranjeras constituyen un nodo transversal donde confluyen todos los intereses. La administración Trump ha sido explícita al demandar acceso preferente a recursos energéticos, forzar una reconfiguración del marco contractual y crear un desplazamiento de actores no alineados, Rusia, China, Irán fuera de Venezuela. La presión no busca solo exportar petróleo, sino reordenar la economía venezolana hacia un modelo extractivo subordinado, que conlleve a una apertura selectiva a corporaciones estadounidenses, reducción del control estatal sobre el sector de los recursos naturales en general y crear una flexibilización jurídica favorable al capital extranjero, especialmente estadounidense. Pero si este nodo no se adapta sin una estrategia nacional clara, Venezuela corre el riesgo de repetir el viejo esquema: riqueza sin desarrollo, renta sin soberanía.

Las Corporaciones Industriales: entre supervivencia y dependencia. Las corporaciones industriales venezolanas, debilitadas por años de crisis, enfrentan una disyuntiva brutal y si no se integran a cadenas de valor externas bajo condiciones desiguale tienen a desaparecer, o se agrupan o son absorbidas por los nuevos actores. Y Estados Unidos utiliza este punto como palanca para provocar esa sumisión con promesas de inversión, acceso a mercados y la normalización financiera condicionada. Pero estas ofertas suelen venir acompañadas de exigencias estructurales tales como privatización, desregulación laboral y pérdida de control tecnológico. La adaptación necesaria puede transformarse rápidamente en dependencia crónica.

Cambios en seguridad, jurídico y orden social. El rediseño que se propone desde Washington no es solo económico. Incluye: Reformas en el sistema de justicia para hacerlo "compatible" con estándares occidentales; Reconfiguración de los cuerpos de seguridad; Redefinición del rol del Estado en políticas sociales. Todo ello bajo el lenguaje de "modernización y normalización". Pero en la práctica, implica reducir la capacidad del Estado venezolano de decidir su propio modelo social.

El escenario final: adaptación o sometimiento. El mensaje implícito de la administración Trump es claro o Venezuela se adapta a los designios de Estados Unidos, o enfrentará un aislamiento prolongado y una asfixia económica estructural. La tragedia es que esta presión no distingue entre pueblo y élites. Golpea a todos. Pero la respuesta no puede ser una adaptación ciega. La historia latinoamericana está llena de ejemplos donde la "adaptación necesaria" terminó siendo entrega silenciosa.

En conclusión, la necesidad de una adaptación soberana. Venezuela necesita cambios, sin duda. Pero no cualquier cambio. Necesita una adaptación soberana, estratégica, consciente de sus límites y fortalezas. Los nodos de poder deben coordinarse, no competir entre sí por la aprobación externa. Si cada nodo busca salvarse individualmente, la Asamblea legislando concesiones, la FANB buscando neutralidad, el PSUV diluyéndose, la economía entregándose, el resultado no será estabilidad, sino desmantelamiento gradual del Estado nacional. La verdadera adaptación no es obedecer, sino reconfigurar sin renunciar. Todo lo demás es, simplemente, sometimiento con otro nombre. Hoy es necesario abrir la discusión ya no de orden ideológico, sin de defensa, desarrollo y seguridad del país. Algunas "prioridades" debe reducir su ritmo y otras acelerarlas.

De un venezolano, hijo de la Patria del Libertador Simón Bolívar.

 



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Miguel Angel Agostini


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