La voracidad del capitalismo y El Esequibo

Empiezo este ensayo haciendo una breve reseña del capitalismo, como sistema económico propio de las sociedades industriales y burguesas, cuya aparición marcó el final del feudalismo. La burguesía (los comerciantes y más tarde los industriales) desplazó a la aristocracia (terratenientes de descendencia noble) como la clase social dominante.

Este sistema domina actualmente en el mundo entero, con rasgos como la propiedad privada de los medios de producción y el libre ejercicio económico. Más adelante surge otro modelo más destructivo aun, y es el neoliberalismo, modelo económico que tiene como principal objetivo disminuir el papel del Estado en los asuntos comerciales, para privatizar todo lo que consideren, para afectar a las clases populares y pueblos enteros. El neoliberalismo afecta la capacidad de consumo y provoca un grave deterioro del medio ambiente, amenazando con desatar inéditos desastres ecológicos.

En este contexto y de acuerdo a la voracidad del capitalismo por apoderarse de los recursos ajenos, generando la apropiación, con invasiones genocidas y grandes violaciones a los derechos humanos, vemos como históricamente esos poderes hegemónicos han hecho todo lo posible por apoderarse de un tesoro que nos pertenece a todos los venezolanos, como lo es el Esequibo. Su gran interés en ese territorio es porque, entre otras consideraciones, está lleno de biodiversidad y con grandes recursos de todo tipo.

Históricamente Venezuela, siempre en aras de la paz, ha mantenido la disposición en términos amistosos por una integración de los pueblos siempre en términos fraternos. El 19 de febrero de 2.004, el entonces presidente Hugo Rafael Chávez Frías, en visita a la República Cooperativa de Guyana, manifiesta su deseo de compartir con el pueblo de ese país la propuesta de un sistema de integración por parte de Venezuela conocido como el ALBA. Más adelante, Guyana altera esta situación y en una escala de conflicto hace concesiones a la empresa transnacional petrolera y capitalista Exxon Mobil, quien actúa bajo protección de poderosos intereses económicos y políticos transnacionales en contra de Venezuela.

Nuestro Esequibo representa desarrollo y progreso para nuestro país, lo que implica bienestar para nuestra población, razón por la cual ha sido objeto de disputa por más de un siglo, correspondiéndole un territorio de 159.542 km2. El valor lo representa la gran biodiversidad, el potencial hidroeléctrico, las riquezas minerales, la belleza y atracción de las regiones prístinas y de sus recursos escénicos naturales, las posibilidades agrícolas y pecuarias con especies propias y tradicionales.

¿Parecen pocas las razones por la cual esos poderes capitalistas desean apoderarse de lo nuestro?

Ante las oportunidades y expectativas que le son propias, porque tiene una historia diferente a la del resto del país, muy poco conocida, territorio bajo reclamación de despojo, resultado de un arreglo arbitral impuesto y amañado, herencia de un imperio colonial, en la actualidad surge la propuesta del referendo consultivo en medio de una tensión por las licitaciones petroleras que de forma fraudulenta hace Guyana en áreas marítimas pendientes por delimitar. Los venezolanos y venezolanas amamos nuestra tierra y estamos indignados con las pretensiones de los imperios capitalistas, de las transnacionales que quieren quitarnos lo que nos pertenece.

Realmente el Esequibo encierra un dorado para Venezuela, es su sangre (el agua) y es su corazón (la energía limpia), es desde la sociedad bien educada y no condicionada para darle el mayor apoyo al próximo referendo consultivo a realizarse el domingo 3 de diciembre del año 2023, desde donde deben emanar las aspiraciones justas que se conviertan en políticas públicas que satisfagan a la mayoría.

Ahora bien, ¿realmente nos debe importar el territorio esequibo? Nos debe importar porque es nuestro por razón, historia, justicia y por geografía es parte indivisible del país y somos parte de él. Debido a diferentes problemas fronterizos no resueltos su territoriedad está todavía indefinida, por tanto, se trata también de un asunto de seguridad nacional: ese territorio es parte por el que lucharon nuestros libertadores para darnos como herencia una nación libre, soberana e indivisible.

Y si estas no son suficientes razones, pues hay más: por orgullo moral, han de saber que para esas potencias extranjeras en 1899, y en aquel írrito arbitraje éramos "indios bananeros con olor a trópico" y "hombres de color semibárbaros" con quienes no podían discutir el tema en la misma mesa. Por ende, ellos decidieron por nosotros pero sin nosotros.

Para ir cerrando este ensayo, debo decir que veo a Venezuela con un porvenir luminoso para todos sus hijos y con riquezas incalculables. Actuaremos con coherencia, constancia, patriotismo y visión a largo plazo en beneficio únicamente de nuestros supremos intereses nacionales, para que la zona en reclamación se convierta en una zona en recuperación.

Abogada. 

Docente de la Misión Sucre Bejuma.

Maestrante en la Universidad Bolivariana de Venezuela.

leomontigar@gmail.com

 



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