De traiciones y traidores de la patria

La traición según el cristianismo (y la política; mira tú) es, quizás, el pecado más tremendo. Lo representa, por antonomasia, la figura de Judas, considerado, hasta poco antes de su crimen, uno de los discípulos de mayor confianza del líder de aquella secta. Si hasta se dice que se encargaba de las finanzas de la naciente cofradía. Pero, incluso la historia y las intenciones de este oscuro personaje de final atormentado, no solo por la horca, sino por el arrepentimiento y la imposibilidad del perdón, ha tenido versiones a través de los siglos, que han puesto en discusión los significados de su delito. De hecho, la ortodoxia de la Iglesia de los primeros siglos tuvo que usar la fuerza que adquirió con su hegemonía en el Imperio Romano, para imponer su condena.

Como es sabido, existe hasta un Evangelio de Judas del siglo III o IV D.C. (llamado "apócrifo", o sea, no oficializado por ninguna Iglesia cristiana), que da una versión gnóstica del cuento del apóstol maldito que me parece hasta más lógica que la elaborada por la ortodoxia eclesial. Esta tuvo que elaborar, a través de sus "doctores", un relato bastante curioso, llamado "la prenda", basado en una línea del Evangelio de Juan, según la cual, como en una película de Marvel, el Dios Todopoderoso y gruñón del Antiguo Testamento, vistas las dimensiones de los pecados de su creación favorita, la Humanidad, tuvo que poner a su propio Hijo como prenda de garantía para pagarse él mismo la deuda que los pecadores habían contraído (con Él mismo). La versión gnóstica del Judas no atribuye esta esquizofrenia a la Divinidad y estructura un relato menos complicado. El Dios del Antiguo testamento es, en realidad, una especie de demonio inferior (con razón tanta crueldad y arbitrariedad asesina). De modo que este mundo es en realidad el infierno (verosímil, ¿verdad?). Por tanto, el apóstol maldito solo cumplía con una misión fundamental, encomendada antes de la Creación, sin cuyo cumplimiento el "trabajo" de Jesús quedaría sin hacer. Así, él debía llevar a la muerte a Jesús quien, además, queda muy agradecido por facilitarle salir de este mundo tan lleno de sufrimiento. Si el lector lo piensa un momento, me dará la razón ¿Qué habría pasado si no detienen a Jesús? Pues que no habría habido ni pasión ni muerte del Galileo, y el Nuevo Testamento habría perdido mucho, o casi todo, su atractivo dramático. Judas tenía que entregar al tipo, el cual se prestó de buena gana, además. Imagínese el lector, si el guion no se hubiera cumplido, entonces no habría habido detención, ni las masas judías lo habría seleccionado para el tormento y la crucifixión (justificando así tanto antisemitismo, culminando en Hitler), ni habría sido crucificado. Sin Judas, no habría habido nada de eso. En todo caso, fugitivo más de las autoridades (aquí entra la duda: ¿de las romanas o de las judías? Herodes también le tenía ganas). Por lo demás, lo del beso siempre me ha parecido un invento cursi, digno de Delia Fiallos.

No llego aquí a las consecuencias de un personaje de Borges que, en una "vertiginosa dialéctica", llega a la conclusión de que el verdadero Enviado había sido el propio Judas. Con razón, el argentino pensaba que la metafísica es una variante de la narrativa fantástica- En todo caso, me parece más cercana a la realidad histórica la versión del Judas de la opera rock "Jesucristo Superestrella". Es decir, un nacionalista judío que pensó que Jesús había iniciado una agitación político-religiosa contra la dominación imperial de los romanos sobre su Patria, pero que se "rajó" simplemente, y trató de ocultar su pusilanimidad o, peor, su traición (de Jesús) a los ideales de liberación nacional, con una actitud santurrona, de oraciones solitarias y sermones que hasta promovía el amor a los enemigos. Esta versión parece también más verosímil, a la luz de lo que sabemos del Jesús Histórico: que, si existió, fue uno de los muchos agitadores religiosos que promovía de alguna manera las profecías de la venida de un caudillo o Rey (descendiente del Rey David), a la vez político y religioso (en esa época, como en algunos países de esta época, se confunde una cosa con la otra) que se coronaría Rey, en rebelión abierta contra el Emperador romano Tiberio. Entre otras pistas, se encuentra ese cartelón en el palo vertical de la cruz y otros detalles, como la espada con la que Pedro le cortó la oreja a un policía que los iba a detener a todos. Esos tipos estaban armados y tramaban algo en ese monte. Algo así como la finca "Daktari" ¿se acuerdan?

En esta versión de Judas, como patriota judío, la noción de traición se acerca al significado de disidencia o desacuerdo. Judas no estaba de acuerdo con la táctica de no-violencia del Maestro. Lo consideraba un reformista o, más grave, un revisionista. Había que joderlo porque distraía y contenía a las masas frente a sus enemigos, los imperialistas romanos. Desde este punto de vista, se distinguen claramente las lealtades personales y las políticas. Tanto se distancian, que se abre la posibilidad de que a alguien se le planteara alguna vez un dilema entre las primeras y las segundas. O eres leal a tu amigo, o lo eres a tu causa, a tu Patria. De hecho, el propio Platón, uno de los Padres de la Filosofía occidental, se consideraba más amigo de la verdad que de alguien en particular. O sea, ya se declaraba traidor del amigo, pero firme seguidor de su propio pensamiento. De tal manera pues que, pensar con cabeza propia, ya es una semilla de traición.

Menos mal que la ideología democrática-liberal, hizo esa distinción clave entre libre pensamiento y traición. El primero, es un atributo de los seres humanos por tener cerebro y mayoría de edad. El segundo es un pecado y hasta un delito detestable, deshonroso, ignominioso. Por eso, por ejemplo, los planteamientos de Teodoro Petkoff cuando dividió al PCV en la década de los setenta del siglo pasado, no podían resolverse, mucho menos "refutarse", con la acusación de traidor. Simplemente, el tipo ya no aceptaba los principios "todopoderosos" del marxismo-leninismo. Esto en lo que se refiere a las convicciones políticas. En cuanto a entidades como la Patria, la cosa cambia. Primero, porque ese concepto que es a la vez esencia, pertenencia, territorio, gente, mamá y papá, es casi una Divinidad y, quien traiciona a un Dios, comete un pecado mortal. Segundo, porque, como lo pudieron comprobar los muertos del Terror revolucionario de la Francia de finales del siglo XVIII, guillotina mediante, la acusación de "traidor a la Patria" conlleva la máxima pena, pues la Patria se materializa en un Estado monopolizador de las armas y las leyes. Un pecado se paga después de la muerte. Un delito se paga antes de ella o con ella.

La traición a la Patria es un delito tipificado en el Código Penal y en la Ley Orgánica de Seguridad Nacional. Allí aparece descrito y, lo que es más importante, se detallan las penas que corresponde aplicar. Así, en el Código Penal (2005) se dice: "Artículo 4. Están sujetos a enjuiciamiento en Venezuela y se castigarán de conformidad con la ley penal venezolana: ordinal 1. Los venezolanos que, en país extranjero se hagan reos de traición contra la República y los que, unos contra otros, cometan hechos punibles según sus leyes y ordinal". El Artículo 10 señala que "Las penas no corporales son: ordinal 3: la inhabilitación política". El Artículo 21 señala "La expulsión del espacio geográfico de la República". Un detalle interesante es que el Artículo 24 dice que "La inhabilitación política no podrá imponerse como pena principal sino como accesoria de las de presidio o prisión y produce como efecto la privación de los cargos o empleos públicos o políticos, que tenga el penado y la incapacidad durante la condena, para obtener otros y para el goce del derecho activo y pasivo del sufragio. También perderá toda dignidad o condecoración oficial que se le haya conferido, sin poder obtener las mismas ni ninguna otra durante el propio tiempo volver a esta durante el tiempo de la condena.

En el LIBRO SEGUNDO DE LAS DIVERSAS ESPECIES DE DELITO, TÍTULO I De los Delitos Contra la Independencia y la Seguridad de la Nación, en el CAPÍTULO I "De la traición a la patria y otros delitos contra ésta" se especifica, en el Artículo 128 "Cualquiera que, de acuerdo con país o República extranjera, enemigos exteriores, grupos o asociaciones terroristas, paramilitares, insurgentes o subversivos, conspire contra la integridad del territorio de la patria o contra sus instituciones republicanas, o las hostilice por cualquier medio para alguno de estos fines, será castigado con la pena de presidio de veinte a treinta años. Parágrafo único: Quienes resulten implicados en cualquiera de los supuestos expresados, no tendrán derecho a gozar de los beneficios procesales de ley ni a la aplicación de medidas alternativas del cumplimiento de la pena". Continúa el Artículo 129 establece que "El que dentro o fuera de Venezuela, sin complicidad con otra nación, atente por si solo contra la independencia o la integridad del espacio geográfico de la República, será castigado con la pena de presidio de veinte a veintiséis años. Con la misma pena será castigado quien solicite, gestione o impetre, en cualquier forma, la intervención de un Gobierno extranjero para derrocar al gobierno venezolano.

Artículo 131. Cualquiera que, dentro o fuera del territorio nacional, y a tiempo que Venezuela se halle amenazada de guerra extranjera, favorezca, facilite o ayude directa o indirectamente, con revueltas intestinas, o por medio de actos de perturbación del orden público, las miras, planes o propósitos de los enemigos extraños y no se aparte de aquellas revueltas, ni se retraiga de dichos actos a la primera intimación de la autoridad pública o por propia o espontánea deliberación, será castigado con presidio de doce a veinticuatro años.

Artículo 132. Cualquiera que, dentro o fuera del territorio nacional, conspire para destruir la forma política republicana que se ha dado la nación será castigado con presidio de ocho a dieciséis años. En la misma pena incurrirá el venezolano que solicitare la intervención extranjera en los asuntos de la política interior de Venezuela, o pidiere su concurso para trastornar la paz de la República o que ante sus funcionarios, o por publicaciones hechas en la prensa extranjera, incitare a la guerra civil en la República o difamare a su Presidente o ultrajare al representante diplomático o a los funcionarios consulares de Venezuela, por razón de sus funciones, en el país donde se cometiere el hecho". Como el lector puede observar, como cualquier ciudadano, aun no siendo abogado, hay suficientes normas como para identificar el delito, tipificarlo y aplicarle la ley. Y eso que aquí solo me refiero al Código Penal, y no a la Ley Orgánica de Seguridad Nacional que hace otro montón de especificaciones.

Todos los venezolanos más o menos informados sabemos que un conjunto de políticos de oposición, gestionaron sanciones políticas y económicas contra el país. Fue claro y notorio que, por ejemplo, María Corina Machado se reunió el 31 de mayo de 2005 con el presidente norteamericano, George Busch hijo, para solicitar apoyo para acabar con el gobierno legítimamente electo. Luego, en 2014, se presentó ante la Asamblea de la OEA, asumiendo el cargo de "representante alterna de Panamá" medidas más duras contra el gobierno de Venezuela. Es claro que gracias a estas gestiones, y muchas otras realizadas por otros políticos, el 8 de marzo de 2015, el presidente Barak Obama declarara a Venezuela una "amenaza grave" a la seguridad nacional de los Estados Unidos. ¿Se trata de simples disidentes políticos, tolerables en una democracia?

Esto no es nuevo señalarlo. Analistas como Enrique Ochoa Antich han analizado una y otra vez la estrategia del sector extremista de la oposición: buscar que los presidentes de los Estados Unidos le resuelvan el problema interviniendo militarmente en el país. Esto refleja una profunda mentalidad colonial, por supuesto. La propia de payasos como un tal Alberto Francesqui, otrora dirigente trostskista, con pasantía en AD, para luego llegar a esa histeria vociferante de esa oposición intervencionista pitiyanqui, tan loco y desesperado que ni sus anteriores seguidores le paran. No necesito abundar en el despropósito del llamado "gobierno interino" y su patético presidente. Todo eso está clarísimo.

Lo que no está claro es por qué, habiendo tantas normas legales para detener, enjuiciar y encarcelar a esos individuos, por un delito claramente tipificado y con las penas más diáfanas desde, por lo menos, el 2005, no se hizo nada en su momento y hoy, todavía, el Fiscal no haya hecho ni un movimiento. Lo más extraño es que sí, la señora Machado está inhabilitada, pero por una decisión administrativa de la Contraloría, ejecutada en 2015, y sigue inhabilitada porque siguen unas "investigaciones" acerca de sus bienes, o algo así. Nada de ser acusada formalmente de traidora a la Patria, juzgada y condenada.

Otra sorpresa: ya vimos que hay un Código Penal y una Ley Orgánica que aclaran suficientemente el delito de traición a la Patria ¿cómo es que ahora un grupo de parlamentarios anuncian nada menos que una reforma a la Constitución para tipificar el delito y hasta endilgarle otra pena, nada menos que la pérdida de la nacionalidad? Claro, la hermana de Pablo Medina no se caracteriza por su brillo intelectual y sí por sus estilos bruscos y autoritarios. No es eso. Ella cumple con un mandado. Su tono gris es la característica de todos esos personajes que han alcanzado últimamente cierta notoriedad persiguiendo a la oposición.

Tal vez alguien me conteste: es que en 2015 no había las "condiciones políticas" para emprender esas acusaciones. Lo curioso es que ese año, el mismo cuando la oposición obtuvo una notable mayoría en las elecciones parlamentarias, se hicieron varios movimientos, para neutralizar el avance de los opositores: designación de nuevo TSJ, luego la neutralización por "desacato" de la nueva AN, etc. Tal vez no se quería crear "víctimas". No sé. Ya hay abundantes víctimas. Este gobierno no tiene empacho en producir víctimas, hasta de torturas y muertes.

Una explicación es que esta estrategia de acusar de traición a la Patria a la Machado y a prácticamente la flor y nata de la dirigencia opositora, es una jugada final. El mate después del jaque. Tomar el siniestro camino nicaragüense de aniquilar a la oposición quitándoles la nacionalidad, es quizás el esbozado por la hermana de Medina, el de la piscina inolvidable y partidario de VOX en las últimas elecciones españolas.

El riesgo es obvio. La nacionalidad puede llegar a confundirse con la subordinación al partido de gobierno. La traición se identificaría con el libre pensamiento. Allí no valdrían ni siquiera las candidaturas "moderadas". Toda disidencia o crítica pasaría a ser sospechosa de traición a la Patria y a la pérdida de la nacionalidad. El bonapartismo de Maduro tendría un cambio cualitativo para pasar a ser, definitivamente, la dictadura pura y simple.



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Jesús Puerta


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