Hay algo que celebrar del 12 de octubre de aquel 1492

Cuántos significados se le ha dado a tal fecha durante siglos:

¿Día de la llegada de Colón?

¿Día del Descubrimiento de América?

¿Día de la conquista?

¿Día de la Raza?

¿Día del Encuentro de Culturas?

¿Día del encuentro de dos mundos?

¿Día del genocidio más grande de la historia?


Ya de entrada notamos que no ha habido criterio que congenie con tal o cual postura, pues de un lado y de otro, en el mismo territorio y fuera de él, están los que lo ensalzan y quienes lo denigran, todas las posturas se les ve la costura; por ejemplo, Colón no llegó solo, no hubo tal descubrimiento, no existía tal américa; la conquista no fue que pasó y se le puso punto final de una raza a otra raza; a cuál de ellas, a cuantas, las hay biológicas y culturales. Cuál encuentro, cuáles mundos, acaso no existía el resto, y si de genocidios se trata, no los hubo, los ha habido y los sigue habiendo; acaso han dejado de ocurrir. Miren cuánto tiempo ha transcurrido, y cada año, no hacemos sino una especie de aquelarre sobre las condiciones del pasado de tantas perversiones en el planeta, como si no fuéramos por caso entre las especies, los seres más agresivos y destructivos del universo conocido. Será por eso que los extraterrestres no osan asomarse entre nosotros, no valla a ser que los convirtamos en trofeos. Cierto que somos capaces de lo más sublime y de lo más atroz, de eso, no cabe ninguna duda. El auto aniquilamiento lo seguimos padeciendo en carne propia, ahora bajo la amenaza de un enemigo invisible, peor que todos los terroristas juntos, que nos mantiene enclaustrados como a monjes penitentes, encerrados, temerosos de que seamos la próxima víctima, y nos mantienen en una larga y penosa cuarentena, ante una pandemia que pica y se extiende. Y lo peor, en medio de una condena anunciada de extinción de nuestra especie por propia mano.

Es lo que hay que recordar de las fechas cada año que pasa sobre el pasado, mientras que lo poco que tenemos de existencia en la vida efímera de esta especie en este planeta, tiene alto contenido de una historia que se arrastra cada cien años, hasta que con la Independencia y hasta bien entrado el siglo XX se celebraron por los criollos, y toda Hispanoamérica y muchos lo siguen haciendo cada 12 de octubre. Incluso después de que nos comenzáramos a llamar latinoamericanos; como si con ello borráramos algo, cuando en realidad es el mismo musiú, la misma cosa, el mismo eurocentrismo colonial solo que galo, más exquisito, como le gustaba a Guzmán Blanco. El 12 de octubre fue día festivo por lo que tuvo y tiene de positivo para los nostálgicos de tiempos borbónicos, y también, y sobre todo por lo que tuvo de negativo, después de aquél pelón de cálculo que tuvo el navegante, y fue cuando se inició el desprecio de unos sobre otros, que no hizo sino continuar con lo que ya se había iniciado principios de año, cuando tuvieron que salir de los reinos recién fundidos en aquella península Católica y cristiana, con la que dominaron más que con la espada, en los dos mundos separados por el gran charco, y todavía nos traen de cabeza; muchos piensan en cuanto pudo haber sido y no fue, sino esta comedia y sus tragedias aconteciendo a 529 años ha de lo sucedido, y el inicio de la otra historia; lengua, religión, población, territorio, leyes, cultura, instituciones políticas.

Es lo que prevalece, pero lo único que nos preocupa es que trataron mal e inhumanamente a los "indios", como si hoy gozaran de paz, dicha y amor; vimos como en Chile los apaleaban ayer mismo, y como son tratados en todo el mundo "civilizado". Todavía hay quien guarda respeto y consideración, y los criollos con doble nacionalidad, europeos de segunda, reencauchados, como les decimos aquí; y que se guarda lo blanco, ese toque de distinción de los que llevan sus apellidos de alcurnia, que, teniendo sus convicciones de clase, guardan los signos de distinción, los símbolos de abolengo y un imaginario pedestre y ecuestre, es decir en uno o ambos repertorios, a dos o cuatro patas. Dignidades que nos han llevado a los enfrentamientos de memorables momentos de conquistas y conquistados. Acaso no piden todavía hoy intervenciones contra los perdedores de ayer y que siguen siendo los pobres de hoy, los humillados de la tierra; no es eso lo que unos celebran y otros aborrecen, y desde hace poco unos quieren ponerle mayor distancia, y otros insuflar el aroma de lo que otrora significó el imperio más grande y vasto de todo el planeta. Y la procesión va por dentro, pues lo que es del cura va a la Iglesia. Así son las épocas que marca el reloj de la historia, aquello que realmente fue, lo que es Occidente, de donde por cierto fue expulsada España durante mucho tiempo; de ahí que nos haya tocado correr con peor suerte, tanto así que se nos siguió agrediendo, invadiendo, hasta bombardeando en varias ocasiones por parte de los europeos, sin España. La historia la escriben todos y todas, otra cosa distinta es que salga a la luz la verdad y se publique.

Otra cuestión es que se pretenda y quiera resolver las cosas a punta de decretos, estos son asunto más espinoso, complejo, complicados, que involucran a indios, blancos y negros, y cuanta mezcla existe de tales combinaciones, que solo son tocadas superficialmente, recordemos que todos y todas somos indígenas, habitantes del mismo planeta. Otra cosa es la existencia de aborígenes que llevan ocupando los territorios por centenares o miles de años, que intervinieron y los ocuparon, pacíficamente o por la fuerza, que así es como nos hemos comportado desde que pasamos a ser homos y hembras sapiens; fue cuando terminamos de abrir los ojos y expulsados de la tierra, cuando nos la cambiaron por la Biblia. Entonces el más allá pasó a ser para los muchos que son los pobres de la Tierra el más acá de las privaciones y los tormentos de las siete plagas, y como consuelo, la esperanza del después cuando se pase el Rubicón, cuando finalmente habrá gozo pleno y total, redimidos de todo mal. Es lo más que nos han vendido y hemos estado pagando por cuotas, y todavía nos queda un pendiente. Esto es lo que creo que celebramos, que conmemoramos, que recordamos cada 12 de octubre desde 1492.

Hoy, y con mayor cinismo se nos presenta el príncipe de Maquiavelo, y con toda la corte y el mayor cinismo, y se nos sigue contando el cuento de había una vez una liebre que en realidad era un gato; o el chigüire convertido en cochino, o el caribe comiéndose al pendejo; viveza criolla la siguen llamando. Y no es que se deba al color de la piel, a la mayor o menor pigmentación, que nada o muy poco tiene que ver con una postura u otra, los hay ricos, y los hay pobres. Además, los criollos nada hubieran podido hacer, ni lograr todo lo que lograron sin el "indio" y el negro, que se han empeñado en llamarse afros, craso error y confusión epitelial; desconocer u ocultar los primeros siglos, de las crónicas y relaciones, inauguradas las fundaciones de provincias de Venezuela. Por cierto, los desafueros continúan, más edulcorados, rebajados, gracias a más ironías que se cuelan tras nuevas categorías y conceptualizaciones, acompañadas de instancias que los entes y organismos internacionales apoyan y aplauden, lo mismo que ocurría entonces, con sus bemoles, por parte de las santas alianzas, y ejes de tal o cual signo. Si las cosas tan caras para la sangre y la piel tuvieran recursos más expeditos y sencillos como legislar o judicializar los asuntos de marras, sería cuestión de soplar y hacer botellas; pero la cosa es más seria, pues todavía levantan ronchas, bajo las cuales hay heridas más superficiales o más profundas, que tocan las fibras en lo más hondo. Entonces no hay asunto resuelto, y vemos que es así. Menos son cuestiones de efervescentes bravatadas por la efusiva y apasionada adolescencia, y los impulsos del torbellino revolucionario que prende súbito en las jóvenes mentes, que entienden más de acciones apasionadas que maduradas y consientes. Cuestión más de adrenalinas que de neuronas, puesto que buena parte de nuestra existencia actual es parte de lo que fuimos y logramos ser con lo que hacemos, y la forma con las maneras de poner en orden las cosas, sin saltarse los pasos necesarios para la construcción con la solidez de los nuevos tiempos y los por venir.

En nuestro universo actual, pasamos a niveles de otras dimensiones, y por supuesto han aumentado los paralelismos y el número de malintencionados que pretenden el neocoloniaje, en vísperas de la modernidad líquida, antes de que se instaure el Nuevo Orden Global entre los pocos acaparadores del poder y la política a su servicio, frente a los muchos a quienes no se les dispensa lo mínimo necesario para solventar sus lamentables existencias. Se desean anexar nuevas provincias como estrellas sobre el pabellón de los imperios, o las potencias que siguen disputándose el planeta. En todo caso son las mismas personas non gratas, como las que nos recuerdan cada año las fechas nefastas para la condición humana. En tanto que el curso de la decolonización, y la descolonización aparejada, no hace más que recalcar que la historia habla a través de los pueblos, y raudos y ligeros, han aprendido sobre que está lo real, pero que existe lo trascendente y está la realidad, un trinomio que implica el desembarazarse de los recuerdos nefastos, que, en la piel y el ADN, hay memoria, hay historia, recuerdos antropológicos, cultural y social. Y ciertamente toda una camada de historiadores con formación, profesionales de los nuevos tiempos, y muchos apasionados y enamorados de la ciencia que nos recuerda lo pasado, sobre la misma tierra, en la que hombres y mujeres sembraron lo que hoy estamos cosechando.

Desde las escuelas y las cátedras, desde el barrio y las comunas, desde los consejos comunales, son las historias, las de las fechas patrias, y las que hay que recordar para que no se repitan, porque, así como Bolívar lo plasmó de puño y letra, o por sus amanuenses dejó los proyectos que sólo se debían continuar, y que desde Páez no se hizo, nos hubiéramos evitado tantos recovecos y hubiéramos ido más ligeros de incertidumbres, de la mano de los pueblos. Para algo sirven las ciencias humanas, por supuesto las demás que son grata compañía cuando se logra que congenien, para entre ambas abrir los surcos por donde se desplazarán a torrentes trabajos y publicaciones de investigaciones serias, que discurren sobre mucho más de lo que son simplemente fechas, sino el apoyo con clara evidencia objetiva y también sensible, intuitivas, con las cuales consolidar los discursos en tupidos tejidos por el cual hay historia viva sin duda, nuevos talentos y con su talante de tiempos mejores, bueno es recalcarlo, siendo muchos y muchas las juventudes que sí saben de nuestra historia, pues han bebido en nuevos cuencos de paradigmas en la República Bolivariana de Venezuela, anunciando que con los otros nos la jugamos, y que pese a las diferencias, un nuevo mundo es posible, y que más temprano, y esperemos que antes de que sea demasiado tarde, se pongan en marcha los cambios fundamentales y reales, para bien del corazón, la psique y el espíritu patrio.

Posturas críticas, claro que sí, radicales, también, pero sería bueno no seguir andando de rama en rama, y descendamos de las alturas, para ubicarnos a ras del suelo, desde donde podemos apreciar más de cerca lo que allí acontece en perspectiva, como igualmente podemos compararlas con la política sobre las distintas ideologías. Hay mucho que escarbar todavía para poder mantener una postura cuerda, racional, lógica si se quiere, por ejemplo, si todo fue negativo y terrible, por qué hay quienes se dicen cristianos por la gracia de Dios; no es por casualidad parte de la herencia hispana, y el idioma nacional, y las leyes, y pare usted de contar. Entonces en qué quedamos, la España de entonces era para ciertas cosas buena y para otras malas. Por ejemplo, sobre los criollos hay mucha tela que cortar también, y son bastante rollos. Nos referimos a lo que acontece el primer día Una llegada de unos extraviados marinos después de muchos días navegando sobre una supuesta ruta que los llevaría sin certeza hacia un destino probable según las coordenadas a seguir. O fue una invasión, ocupación, o el encuentro sorpresivo de varios grupos de distintas culturas. Eso va a depender de cuánto hallas oído, sabido, leído sobre tal fecha. Año tras año se hacen reseñas y comentarios sobre lo que se dijo que ocurrió, y se mete en un saco cuanto se quiera, sin que importen los detalles. Por ejemplo, quienes eran cada uno de los navegantes que partieron de España, cruzaron lo que llamaban el mar ignoto y llegaron a unas islas, en este lado del mundo. Los chinos en sus mapas conocían perfectamente los continentes donde quedan lo que luego se bautizará como América (Sur-Centro-Norte) el sepas sobre la historia, qué de la historiografía, y cuanta formación hallas logrado depositar entre pecho y espalda.

Por Real Decreto es la Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad desde 1981.

Entonces, qué celebramos, celebran los indios algo, qué han escrito al respecto, o contado, sería bueno como tema de algún proyecto.



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Franco Orlando


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