Sabíamos o no por dónde le entra el agua al coco


No deja de sorprender que a estas alturas de la vida hay viejos camaradas y otros que tampoco es que sea tan jojotos, sin ser criaturas de pecho, que viven quejándose de éste o aquel problema, gobierno, régimen o potencia; que si el imperialismo, o cualquier otro bicho de uñas, un demonio, que en persona, o por mampuesto, que es como sueles actuar, son malucos y nos atacan, y asechan, y de paso nos sacan la lengua y se burlan de nosotros, que somos inocentes, que no hacemos nada y somos los buenos . Y de paso tenemos toda la razón y no hemos roto un plato; aunque a veces es toda la vajilla. Somos o no somos así, y con eso vamos sorteando la realidad. Pero al preguntarnos si sabíamos o no, que, al meternos en camisa de once varas, las cosas se complican. Lo que digo es que estas no son cosas de muchachos malcriados, ni calenturientos por el pleno desarrollo, no, los hechos tienen consecuencias, los acontecimientos son producidos por ciertos eventos previos, es parte de la evolución, pero sobre todo de los procesos políticos, sociales y demás índole.

En dónde nos estábamos metiendo cuando comenzamos a transitar por estos senderos llenos de obstáculos por superar, acaso no lo pensamos, porque quienes estamos de este lado, hacia la izquierda, en la trinchera, frente a los enemigos, sabíamos con Chávez en su momento que nos íbamos a jugar a Rosalinda y todo lo que hay, que es Venezuela, el Estado Nación; o la nación y la noción de lo que significa en términos precisos. No se trata solo de un insulto, sino de cuestiones más serias, suficientes como para llevar a dos grupos, sectores, países o regiones a conflictos de creciente intensidad. Y es lo que precisamente ocurrió, y de lo que debimos habernos preparado, pues el plan estaba trasado de una estrategia previa que se inició en los años previos al levantamiento del año 92. Y con posterioridad, frente al verdadero enemigo, a los arios, caucásicos, los halcones, las potencias imperialistas, que sabemos gobiernan desde los EEUU, pero diseminados por todo el mundo, dentro y fuera de nuestras fronteras, es un asunto que ocurre aquí y en el confín del mundo que conocemos.

El asunto está en que venimos siendo afectados desde 1492 a 1811, y después hasta que cerramos el primer capítulo de la tesis en 1821, y los siguientes todavía los estamos redactando, pero el trabajo tiene su título y subtítulos. En ellos contamos narrativamente el cuento y contamos los caídos, sacrificados, inmolados por la independencia, la libertad y la igualdad, aunque sea un eufemismo, y no podemos creer que todo lo que brilla es oro. Las potencias del signo que ellas sean tienen sus propios intereses, y por más que ayuden y aporten con su acompañamiento todo eso tiene un costo; y lo estamos pagando y bien caro. Nos han impuesto condiciones y se han editado las fórmulas idóneas para esta dinámica que es dialéctica, ya no considerado como un mandato divino, sagrado ni profano, sino es como se bate el cobre; son las maneras a las que nos hemos acostumbrado, y las hemos etiquetado, otra cosa distinta es que nos tomen el pelo, y se quiera manipular con descaro y de paso, hasta alardean y nos quieren acostumbrar a que aceptemos lo que Dios manda, con lo cual ya incorporan una vainilla, un chocolate y una canela que nadie en su sano juicio le pondría a este sancocho en que estamos metidos por una constante mala praxis clínica, que mantiene al paciente en estado crítico, bajo un coma inducido, y mientras tanto se roban los insumos que son vitales para su recuperación; eso sólo se hace o por desesperación, o por maldad.

Ha llovido, tronado y relampagueado bajo este cielo y sobre esta misma tierra, que ya va siendo hora de ponerle orden a la pea, porque nos siguen cayendo a cuentos y después nos cuentan otra de vaqueros. Que ahora sí vamos saliendo de lo que anunciaron hace siete años, y más bien hemos entrado hacia un pozo sin fondo, y al parecer los únicos que no se han dado cuenta son los que nos gobiernan, sordos, ciegos y mudos; los que vemos a diario por los medios de comunicación son solo ventrílocuos de esta tragicomedia de lo absurdo. No es posible que no se den cuenta qué está bien y qué no lo está, y se empeñan en ocultarlo. Claro, mientras tengan los gastos pagos y cubiertos, lo demás es soplar y hacer botella, pero ya no hay tiempo para más equivocaciones, a pesar de la obligatoria cuarentena que pica y se extiende, lo único cierto y verdadero de todo esto es que el único que hasta ahora dijo, hizo, y asumió sus responsabilidades y pagó por ello, que es lo que lo catapultó, por honesto, por sincero y por humilde, fue Chávez, y en su momento, supo cual era su deber, su responsabilidad ante el pueblo, por sus actos y los hechos cometidos. Sin escurrir el bulto se echó el morral sobre el hombro, y llamó a sus compañeros de aventura, en aquella asonada. Muchos de ellos cambiaron de bando, otros saltaron la talanquera, un porcentaje fueron traidores a sus propios juramentos, y lo desconocieron en vida, otros lo han hecho después de su magnicidio.

Hoy casi que quieren tapar el sol con un dedo y decir que aquello no ocurrió, que son cosas de conspiranoico, de noticia falsa. Y nos cambiaron el discurso, como tantas veces ha ocurrido en la triste historia de la humanidad; a líder muerto, líder puesto, como se diría hoy, es lo que está de moda y como tal es pasajera, y lo peor es que, quienes apenas hace unos años, abogaron leer, estudiar, prepararse, investigar a fondo, analizar y ser críticos ante la realidad; y hoy se desmienten quedando al descubierto, y sin argumentos fehacientes y necesarios que satisfagan los reclamos de la gente común y normalita. Nos creen ignorantes supinos, y no saben que están cayéndose de nuevo en el mismo hueco.

Los imperios duermen sobre sus bayonetas, es la forma en que se han acostumbrado y de maneta artera y prepotente hacen lo que quieren, sólo otro pez grande del conglomerado puede oponerle resistencia, del resto sólo la unión y la combinación de fuerzas concomitantes pudieran enfrentarlos y mantenerse en una pieza. Han logrado armar una fuerza y un poder que ya no pueden controlar; una simbiosis la cual se está autoengullendo, se aplican de su propia ingeniería social darwiniana, el pez grande ahora se tiene que enfrentar a millones de peces más pequeños, y basta con leer la parte histórica de la propia Biblia, para darnos cuenta cómo los pequeños pueblos pueden contra los grandes, David contra Goliat, o un banco de caribes o pirañas, con lo cual la naturaleza invierte las reglas, y la intervención tiende a su propio equilibrio y balance. Al hombre le correspondió crear la sociedad y formas prácticas y eficientes para ejercer poder y control de las masas, con la satisfacción de ciertas necesidades para la convivencia y cómo lidiar para armonizar desde una ética, moral, costumbres y relaciones con el poder de arriba hacia abajo.

Venezuela en los poco más de quinientos años de existencia, no ha estado exenta de amenazas por parte de los que llegaron y se instalaron y apropiaron, colonizando y creando lo que hay, o es que acaso el 99% de lo que tenemos no viene de España, Europa, básicamente. Otra cosa distinta es la que luego hemos reivindicado con sus bemoles, al pasar del tiempo hasta el presente. Cuantas veces no hemos transitado y repasado una y otra vez la misma tarea, enmendándola, corrigiéndola, agregándole nuevas páginas y ampliando lo que hay que ampliar, y borrando lo que ya no es útil o necesario por desfazados. Cuando no ha sido así, para un país con tantos recursos, que no estuvieron ni están siendo bien empleados; lo decimos porque ahora hay más ricos que cuando Chávez llegó, y no hablamos de los escuálidos, no, hablamos de muchos que se hacen llamar chavistas, maduristas, padrinolopistas, diodasditas, rodriguistas y pare de contar; muy típico del acervo cultural remanente del criollismo y su viveza rapás, que piensan que los demás son pendejos y pendejas, porque no lo aprovechan, y los tildan de bolsas, de quedados, achantados. Es una característica que con el tiempo de negativa a pasado a ser positiva, digna de encomio, hasta se compite por quien es más osado y rayando en el abuso de poder y hasta de corrupto; que es lo que son a todas luces. Uno los ve ahora cómo se visten, qué comen, cómo se mueven, dónde viven, cuánto tienen, y un comportamiento de pobre que ha perdido la humildad, pero lleva el rancho destartalado en la forma de comportarse y de exponerlo con su cara de tabla bien administrada.

Eso creen ustedes que no lo toman en cuenta los enemigos del proceso, los que tienen intereses en el país y hacen sus negocios con el gobierno y con la oposición, mochando el pastel con una motosierra, y metiendo mano sin pudor. Quienes son las víctimas, y quiénes los victimarios, antes se podía engañar al pueblo una y otra vez, pero ahora es más difícil, la era de la tecnología, de las comunicaciones hacen casi que imposible que las personas a pie, en el día a día no se percatan de cómo se come el asunto político, económico, financiero, social, de las relaciones interpersonales y con las comunidades nacionales e internacionales. El que golpea primero lo hace dos veces, pero eso no basta para ganar una contienda, porque tanto va el cántaro al pozo hasta que puede reventarse. De los gobiernos de la derecha no podemos confiar, y no todos los que se dicen de izquierda tienen credibilidad porque sí, a ciegas, sobre todo esas trasnochadas que ya no son ni chicha ni limonada; como la de los años finales de los 70 y 80. Si acaso deberíamos repasar un poco de historia de las ideologías y ver qué ocurrió en el mundo para que lo que se considera socialismo comunismo, partir del siglo XX, comenzó a ser digerido por muy pocos pensadores, ácratas que exiliados de sus países buscaban rehacer sus vidas y elegían América del Sur, y tierras más templadas donde el avance técnico científico se hacía sentir.

Como ha sido una constante los hitos no son sino referentes para saber dónde arranca y dónde termina una idea concebida y expuesta con cierto rigor. Entre nosotros los siglos cierran como las esquinas de Caracas, antes señaladas por puntos cardinales, luego por aspectos sacros, y más tarde por nombres y hechos casuales o causales. Para poner sólo unos ejemplos que harán más fácil el asunto, nuestro siglo XIX prácticamente cierra por capricho de Gómez en 1936; o el hecho de que de verdad el ser venezolano sin ninguna duda comienza a aclararse absolutamente en el siglo XX. Muchos son los proyectos con los que arrancamos el tercer milenio que para Venezuela prácticamente arranca al final de la IV República, y en búsqueda de un proyecto colectivo nuestroamericano, que nace con Mirando, Bolívar y San Marín, no el panamericanismo, sino de Latinoamérica, como provincia humana a decir de Ribeiro; y que arranca pujante de nuevo por no haberlo comprendido con firmeza lo que ya desde el siglo XVIII fuera para los europeos el inicio del progreso y la nueva burguesía revive en el siglo XX y nos gobiernan nuevamente a expensas de nuestros recursos; América era para los norteamericanos.

La enfermedad que nos aqueja y se quiso demostrar con el fin de la historia, de las ideologías y digamos de las utopías desde los noventa, a esa intelectualidad de nuevo calificada de boba, y que desde la posmodernidad quisieron mostranos los nuevos destinos de la región, esos homo academicus de Bourdieu, entregados a la lógica del capitalismo neoliberal, optando incluso por una tercera vía socialdemócrata, rescatándola del estruendoso fracaso de postguerra, traicionando a los obreros entonces, cuando había sacrificado todo y ganado la justa.

Quienes son los que de verdad van a encarar el destino del país, de la región y del mundo que nos está avasallando, cuando hasta los banqueros hemos visto que han fracasado, desde el sueño americano, y la cultura de masas, que como borregos han sido llevados a la globalización y ya estamos viendo lo que esto implica para un futuro incierto, pero que a todas luces apunta a lo terrible del desafío que tiene la especie humana frente a su espíritu utópico. Hacia dónde quieren llevar al país fuera de los bordes señalados por el chavismo y la CRBV del 99.


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Franco Orlando


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