Ligeros argumentos

Compulsifrenia en las redes sociales o ¿Psicotecnología?

Si bien es cierto que no hallaba qué epígrafe colocarle a estas ligeras cuartillas, no es menos cierto que la tecnología comunicacional ha presentado efectos psíquicos colectivos en este gran vecindario de las redes sociales – como yo las llamo – donde las noticias, como género periodístico, han dejado de serlo, en parte, como consecuencia del galopante accionar de ese entretejido de intercambios o no de opiniones. A mi modo de ver, argumentos que si no se operan con prudencia, corren el riesgo de convertirse en patrimonio de la verdad, aunque ésta sea virtual o imaginaria; y, que se extiende tan rápido como la seda de araña, que atrae a los incautos y lo hace presa de sus proposiciones. Proposiciones que en la mayoría de los casos, juega un doble papel: De víctima y victimario. Vale agregar que ambos, casi siempre, se convierten en jinetes del corcel de la compulsividad; esos impulsos irresistible de opinar con conocimientos a media, transformándose en armas de la ignorancia de las causas y efectos. Se convierten en un verdugo anónimo. Este vetusto al menos lo ve así.

Soy el que piensa que la compulsividad sin control no conduce a ningún puerto seguro. Considero que es un temazo para la elaboración de una tesis para optar al título de psicología o bien, sociología. El que se hace valer de las redes sociales, de una manera encubierta, no mide con vehemencia sus razonamientos, procurando pretensiones absurdas, según sus intereses. No da la cara ante la realidad. La confusión y el descontento son sus semillas. Dan cifras irreales y; desgraciadamente, caen en exigencias desproporcionadas. Ahora bien, toda esta artillería de apriorismos atemorizan o alegran –según sea el caso- a quienes no conocen los intríngulis del personaje o su red, que lo rechazan de tajo, cuando empiezan a conocer la realidad de la situación; a lo que a mi modo de sentir, el compulsivo hierve en su propia olla de presión. Puedo apreciar que el compulsivo en las redes sociales, es astuto en el manejo de sus opiniones y contra opiniones; utilizándolas como un instrumento, no obstante, no conoce el fondo de las mismas; volviendo una melcocha los axiomas. Todo se les desmorona. Quedan exangüe.

Ya bajando la santa maría, el compulsivo de la redes, es como el insidioso que anda en el vecindario, llevando chismes de casa en casa, e ir creando incertidumbres entre todos los vecinos, hasta en muchas ocasiones, hacerles pelear, hacerles enemistar sin razón aparente. Se enmaraña en las redes sociales, haciéndose creer que él es importante, importándole un bledo a quien se lleve por delante con sus arrogantes quimeras. Cuando se descubren sus subterfugios sólo quedan ante los demás como objetos ornamentales. Seres que no lavaron ni prestaron la batea. Si bien la tecnología comunicacional ha traído ingentes aportes en este ámbito, no puede obviarse que también ha sido utilizada para fines réprobos; el compulsifrénico –como yo les digo- no escapa a ello. Dijo alguien por ahí: "Detrás de cada tecnología se esconde un delito". Podemos agregar además, parafraseando a la biblia: "De todo hay en la viña del señor". El compulsivo se convierte en un personaje de embrollar las cosas, hasta las más simples. Muchas veces, funda matrices de opiniones que recorren las redes como una estrella fugaz, creyéndose el astro de la información ¿Usted qué piensa? Compulsifrenia en las redes sociales o ¿Psicotecnología?

¡Nuevamente, gracias! Nos leemos en la próxima producción.



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José García

abogado. Coronel Retirado.

 jjosegarcia5@gmail.com

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