Aproximadamente, a las 04:00 de la madrugada del sábado 03 de enero, del año en curso me despierto, sorprendido, ante la salida impetuosa de mi señora esposa, de la habitación. Ante esto, le pregunto qué había pasado, ¿qué sucedía?, y me responde: -"están bombardeando Caracas-". Ante esta respuesta, me levanto y nos dirigimos a la segunda planta de la casa, donde habita uno de mis hijos. Ya, en el lugar, pude observar por la televisión donde estaban transmitiendo la información que mi esposa señaló. Sin embargo, aún, no estaba muy claro de lo que estaba aconteciendo. Se me vinieron a las neuronas, de primicia, dos cosas, incontinenti: una rebelión o alzamiento militar; o una incursión militar extranjera. Al poco rato, las dudas fueron despejándoseme cuando pude observar por el medio televisivo que estaban transmitiéndose hechos reales, en pleno desarrollo, relacionados con una flagrante agresión contra nuestro suelo patrio. ¡Me sentí Impotente! ¡Indignado! Sí, indignado, no era para menos; se trataba de mi suelo patrio; el que me vio nacer.
En el momento, cualquiera que hubiesen sido las razones, se trataba de una agresión militar de potencias extranjeras, específicamente, dirigida por el gobierno actual de los Estados Unidos de Norte América, presidido por el señor Donald Trumps, sin ninguna justificación, desde el punto de vista de los tratados internacionales y el respeto de la soberanía y determinación de los pueblos. Como la historia es cíclica, volvió a repetirse aquella frase:-"La planta insolente del extranjero". Aprovechándose de la tecnología comunicacional y toda esa gama de ventajas, que deja en vulnerabilidad a cualquier país Latinoamericano, y que ninguno de ellos escapa ante estas amenazas, produjeron daños materiales, estructurales y personales, como Pedro por su casa, como el patotero que se cree el amo del sector donde vive. Con el súper agravante que secuestran, vilmente, al Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, y a su esposa.
Así las cosas, paseándome un poco por añejas intervenciones extranjeras, a mi parecer, algunas directas y otras indirectas, voy a permitirme plasmar algunas que están registradas en mi hemeroteca personal, y a ellas me remito, veamos: 1902: Bloqueo naval contra las costas de Venezuela, integrada, en esa ocasión, por los países europeos de Alemania, Inglaterra e Italia. 1957: El Departamento de Estado obstaculiza, interviniendo, contra el proyecto que tenía el presidente Marcos Pérez Jiménez de proponer un fondo de ayuda mutua del 10% de los países latinoamericanos, para cavar canales que unirían el Orinoco, el Amazonas y el Río de la Plata (Consejo de Desarrollo Humanístico y Científico, UCV, Caracas, 1963). 1958: Visita del Vicepresidente Richard Nixon, lo cual causó revuelo en los estudiantes de la época. Sin embargo, ante esta situación de protestas juveniles, ya estaban preparados 1000 marines y paracaidistas, acantonados en Puerto Rico.
Para cerrar con broche de oro, le siguen: 1960: En Venezuela se promueven dirigentes como agentes distribuidores de donaciones, que posteriormente es penetrado por la CIA. ¿Paz? ¿Alianza? ¿Injerencia? 2021: El National Endowment for Democracy, fondo dotado por el gobierno de Estados Unidos, apoya con dólares a entes de la oposición venezolana. 2002: Según informes "The Washington Post" en la embajada de los Estados Unidos, en Caracas, se reunieron militares golpistas, días previos al golpe de Estado. También lo confirmó el periódico "La Jornada, México, 26-3-2002". A la larga, todo parece desarticular las doctrinas y principios del Derecho Internacional Público, y como ha podido apreciarse, Estados Unidos pasa por encima de ellas, arreglándolas a su antojo y a su mejor conveniencia, apoyados en el súper poderío militar. Los emperadores romanos ya no existen, no obstante, los Estados Unidos se parecen aI imperio Romano, pero del Siglo XXI.
Lee, que algo queda –dijo alguien por ahí-