La elección de quienes no votan

"Para ser un hombre de estado, primero debes ser elegido." James William Fulbright

La profunda crisis estructural que asedia a la sociedad venezolana y la ausencia de respuestas convincentes para garantizar salidas viables a tan difícil situación, es causal de desesperanza y pesimismo en la población; sin duda que genera indiferencia para participar en las venideras elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, creando un enorme vacío que evita la posibilidad de establecer condiciones para impulsar los acuerdos necesarios que garanticen en un corto o mediano plazo la "reingeniería" económica y social que permita un auténtico "Golpe de Timón", para retomar el curso de los acontecimientos que favorezcan el restablecimiento del nivel de vida digno que merecemos todos los venezolanos y venezolanas.

El debate electoral es pobre, salvo honrosas excepciones. El mensaje electoral del gobierno descansa sobre las culpas que tiene la Asamblea Nacional opositora electa en 2015 que provocó conspiraciones, desestabilizaciones hasta llegar a las cruentas sanciones internacionales y unilaterales decretadas desde Washington, cuyos resultados trajeron consigo la agudización de la más terrible crisis social y económica que el país haya escenificado. Muchos de sus candidatos promueven como discurso para elegirse la responsabilidad del presidente Donald Trump en todo este cuadro dramático, de sus acólitos venezolanos de la ultraderecha y de los empresarios a quienes el gobierno les otorgó millonarias cantidades de divisas y las invirtieron en otras cosas, menos en la reanimación de la producción interna (Por cierto nunca se dijo quienes fueron esos empresarios y cuánto dinero se les otorgó). Incluso, una candidata del Gran Polo Patriótico señaló en un programa de televisión que en tal caso más del 70% de la economía es tarea de los privados y de ahí la crisis. En conclusión, si hay responsables no son los del gobierno. Otro se atrevió a decir que la industria de la construcción se desplomó gracias a las sanciones internacionales, como si la escasez y especulación con materiales para la construcción como cabillas y cemento viniera de hace tres años para acá.

La oposición que participa, hace intentos por sobrevivir y apela a las armas del descontento social para ganarse la benevolencia del elector en un archipiélago de tarjetas partidistas pues poco consiguieron para conjugar un gran frente electoral que estuviese en mejores condiciones de enfrentar a la poderosa maquinaria del PSUV, amalgamada en una alianza electoral perfecta con otros partidos (GPP) y con un discurso, que aunque pueda resultar disonante, es uniforme.

Otra opción en escena es la liderada por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), a través de la Alternativa Patriótica Revolucionaria (APR), conformada por un conjunto de organizaciones políticas y sociales deslindadas del gobierno del presidente Maduro, también con la participación de individualidades provenientes de los partidos PPT, Tupamaro y UPV convertida en contrapartida revolucionaria que promueve el liderazgo del bloque socialista opositor y sirve como referencia para los sectores disidentes del chavismo crítico.

En este escenario de participación electoral para el venidero 6 de diciembre, existe un contrapeso, que aprovechando el escepticismo, la desesperanza y el pesimismo reinciden en la estrategia más anodina para el gobierno, la presentada por la oposición durante los procesos de 2005, 2017 y 2018, me refiero a la abstención. Y que por cierto tiene como características: 1. Es promovida por la dirección que hace 20 años viene conduciendo a la oposición que pretende desalojar al gobierno desde entonces. 2. La misma que luego de la estruendosa victoria electoral opositora de 2015, promovió la violencia social durante los años 2016 y 2017 para tumbar al gobierno, sumiendo posteriormente a las fuerzas opositoras en una desmoralizante derrota, que desde entonces dejó impregnado el desaliento social en la psiquis del venezolano.

No podemos negar que la abstención es un síntoma de falta de legitimidad. Pero ha quedado demostrado que exacerbarla no garantiza soluciones, basta que revisemos el porcentaje electoral con que fue electa la Asamblea Nacional monocolor del año 2005. Y por supuesto que es totalmente contraproducente a los propósitos de renovación política que cualquier país requiera en un momento histórico determinado. Pero peor aún, quienes llaman a la abstención lo hacen sin un programa coherente, racional, convincente, luego que los propósitos invasores foráneos y la ilusión del golpe de Estado se les desvanecieron. Acuden ahora a una consulta (que para ellos es un camino "legitimo", como la presidencia interina, el TSJ en el exilio, la Fiscalía General de la Republica en el exilio, etc…), para preguntarle al pueblo si quiere que Nicolás Maduro deje el poder y de ser así si quiere que la comunidad internacional venga a imponerlos en el poder, luego de una cronología de derrotas y desaciertos, pero sobre todo, con una capacidad de movilización popular ínfima.

Por cierto, uno de estos señores en alusión familiar me decía, que desacierto, equivocación e irresponsabilidad más grande fue el episodio histórico de la Lucha Armada en la década de los años sesenta. Pero que va, como van a comparar a estos, con esos hombres y mujeres que expusieron su vida las 24 horas del día en nombre de un ideal de redención, que no vivieron exilios dorados, que después rectificaron y con cicatrices en sus cuerpos, reconocieron sus equivocaciones y retomaron el sendero democrático para enarbolar las banderas de la lucha revolucionaria.

Lo que si es cierto, es que la vía electoral es una vía sensata, sobre todo para elegir el 6 de diciembre un parlamento, que más allá de controlar la gestión pública y legislar, sirva de epicentro para promover una recomposición institucional mínima que pueda direccionar la capacidad de gobernar en temas álgidos como la economía. Urge un Plan Económico Nacional promovido por los poderes Ejecutivo y Legislativo para rescatar la producción nacional y por supuesto el poder adquisitivo de los trabajadores, que suelte las amarras del sectarismo gubernamental en materia económica y permita la consulta con todos los sectores de la sociedad, y que por otro lado se vayan levantando las sanciones criminales contra el pueblo venezolano. Que se elijan el resto de los poderes públicos de manera consensuada y equilibrada, que vaya tomando sus cauces naturales la normalidad del país. Al fin y al cabo es lo que quiere la gente, las encuestas lo revelan una y otra vez. Nos dieron un don preciado la democracia, ella respira por los votos, y como dijera el político español Enrique Múgica Herzog, "La democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para resolverlos."



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Victor Barraez


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