Después de la tormenta del COVID-19

Socializar los servicios de salud (I)

El devenir histórico nos ha demostrado que después de grandes tragedias, la humanidad encuentra el motivo para crear mecanismos y normas que garanticen una vida más segura y de mayor bienestar colectivo. Recordemos por ejemplo que antes del naufragio del "Titanic" en la segunda década del siglo XX (1916), no existían regulaciones precisas en el tráfico marítimo. Los navíos se desplazan con absoluto libre albedrío. La mayoría de los fallecidos, entre ellos una importante porción de la "flor y nata" de la burguesía de la época, se debió a la carencia de controles rígidos en esta actividad del transporte público. Para el momento de irse a pique el trasatlántico, era costumbre que los sistemas de radio-ayuda, dejaban de operar al comenzar la noche y reanudaban la actividad al inicio del nuevo día. Al detectarse la emergencia del "Titanic" en las primeras horas de la madrugada de aquella fatídica fecha, inmediatamente se emitieron mensajes de socorro, pero los pedidos de auxilio fueron atendidos al amanecer, cuando recién se iniciaban las comunicaciones. Navíos procuraron acercarse al lugar del siniestro, pero cuando llegaron al sitio, el "Titanic" ya no se encontraba en la superficie y se desplazaba lentamente hacia las profundidades de las aguas. De haberse atendido la tragedia desde el mismo instante en que fue trasmitida la solicitud de ayuda, otro habría sido el destino de gran parte de los pasajeros del más moderno y colosal transporte acuático de su tiempo, irónicamente siniestrado en su viaje inaugural. Otro elemento que incrementó la cifra de desaparecidos, fue el poco número de botes salvavidas disponible, en comparación con el total de los ocupantes del barco. A raíz de esta catástrofe, se dictaron normas de obligatorio cumplimiento en el tráfico naval: Los sistemas de comunicación deben permanecer activos las 24 horas del día y la noche, y toda embarcación debe estar dotada de una cantidad de salvavidas, similar a la capacidad de ocupantes. Frente a la actual situación donde toda la humanidad es amenazada, acorralada y convulsionada por la hecatombe del COVID-19, el detalle de la falta salvavidas del "Titanic", nos permite constatar elocuentemente que al igual que en aquella oportunidad, los actuales sistemas de salud de la mayoría de las naciones, no están en capacidad de dar una respuesta satisfactoria a esta emergencia sanitaria mundial. Y así como ayer la civilización impuso normas que limitaron el libre albedrío en tráfico del mar, nos corresponde ahora ponerle freno a la visión mercantilista y usurera de la atención médica, cuyos servicios son inaccesibles para los sectores mayoritarios de la población y del que solo pueden beneficiarse grupos minoritarios privilegiados. El deterioro de la función pública de los Estado-Nación, en su obligación prioritaria de garantizar una salud gratuita y eficiente, se inició siguiendo las tesis neoliberales privatizadoras de Milton Friedman con la dictadura de Pinochet en Chile, Carlos Menem en Argentina, Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en EEUU. Esa corriente neoliberal globalizante comenzó a consolidarse a raíz del derrumbe y desmembramiento de la Unión Soviética en 1991. Refiriéndose a este hecho, antes y después del colapso de la URSS, Fidel Castro sostuvo que "...la medicina funcionaba con deficiencia, pero diez veces mejor que ahora"1. Afortunadamente Cuba no se dejó arrastrar por esta perversa doctrina económica, cabalgando valientemente sobre un "período especial" desde 1991, tiempo abundante en dificultades y limitaciones, pero siempre dándole prioridad a las áreas de la salud y la cultura, según las sabias orientaciones de su Comandante en Jefe Fidel Castro, logrando el proceso revolucionario cubano, mantener en solitario con gran dignidad, las banderas muy en alto del socialismo, frente al capitalismo salvaje. En un tácito cuestionamiento al influyente avance del neoliberalismo como política de Estado, el papa Juan Pablo II durante su visita a Cuba en enero de 1998, habló de "...globalizar la solidaridad"2.

El Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la recién Conferencia virtual de los países "no alineados" ha recordado la frase del Sumo Pontífice y comentó que el no haber atendido aquel justo clamor del líder religioso, ha sido la causa mayor por la cual los efectos del COVID-19, han sido tan devastador contra la humanidad.

El tema que comento me es recurrente. En el 2000, con motivo del anuncio del Presidente Hugo Chávez de un Decreto prohibiendo el cobro en las emergencias de los hospitales, escribí: "...ojalá vaya más lejos y ordene la socialización de todos los servicios de salud, tal como ocurre con la medicina cubana. Si por eso lo tildan de Fidelista, bienvenida esa semejanza con esa revolución socialista"3. La salud no debe seguir operando unilateralmente bajo el criterio monopólico de empresas mercantilistas privadas y trasnacionales farmacéuticas capitalistas, cuyas obscenas ganancias se ubican incluso por encima de los beneficios de la banca y los seguros. No es posible que para poder utilizar los servicios de la llamada "medicina crítica" (unidades de cuidado intensivo), se tenga que vender vehículos, hipotecar inmuebles o empeñar prestaciones sociales. Es el colmo de lo absurdo y la locura. Es como vender la nevera para comprar el almuerzo. En el texto "Ni los Huracanes Podrán Derribar Al Socialismo Cubano", en su página 67 sostengo: "... el hombre sobre el universo no ha creado, ni inventado nada. Simplemente ha descifrado códigos y leyes de la naturaleza y de la vida, creadas por algún ser superior. El lograr interpretar los secretos de la existencia, no puede ni debe ser patente de corso, licencia para la explotación y segregación de las mayorías por unos pocos, en particular por los monopolizadores de tales avances tecnológicos. "Sustituir el injusto modelo neoliberal de salud, solo es posible cuando el socialismo sea asumido como ideología política dominante en la mayoría de las naciones que conforman el universo. Para alcanzar esa meta, es menester llevar adelante un intenso plan comunicacional que le permita al común de los ciudadanos de nuestros pueblos, conocer todo el entramado de engaño y manipulación al que han sido sometidos por décadas. En otras palabras que sepan quién es su verdadero enemigo. Enorme el compromiso para los pensadores progresistas de todos los confines del planeta. En ocasión de celebrarse en Caracas en diciembre de 2004, el I Encuentro Mundial de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel visitó un consultorio de Barrio Adentro en el sector Lagunita de Petare.

Maravillado por conocer esta experiencia médica, desde el mismo lugar, el académico exaltó la conocida consigna del Foro Social Mundial de Porto Alegre: "Un Mundo Mejor, Es Posible"4.

Transcurridos 16 años de aquella reunión en Caracas, el reto continúa vigente. Los acontecimientos están en el pleno desarrollo. En la perspectiva de reconquistar espacios de poder contra el capitalismo salvaje, el horizonte inmediato, a corto y mediano plazo, se vislumbra prometedor. Como lo dijo recientemente en el programa de Rafael Correa por RT, la leyenda del Rox, Roger Waters: "Los muros del oscuro túnel de la dominación neoliberal están tambaleándose".

En ese trabajo de agitación contra el capitalismo en EEUU, justo es hacer mención de la labor que vienen desarrollando las camaradas Eva Golinger, a quien conocí en la ciudad de San Cristóbal en el estado Táchira en el 2005 cuando presentó su libro "El Código Chávez" y a Gloria La Riva, responsable del Movimiento de Solidaridad con Cuba en USA, con quien compartí en el VII Encuentro Continental de Solidaridad, celebrado en Caracas en el mes de Julio de 2013.

La contundencia de las masivas movilizaciones contra la discriminación racial en Norteamérica y Europa, evidencian un cambio significativo en el nivel de conciencia de la humanidad, y activando con ese sentimiento popular, pateando la calle, es como se construirá el socialismo.

Cuando se superen las limitaciones que impone el COVID-19, deben reiniciarse las luchas que permitan recuperar espacios de poder en Chile, Brasil, Ecuador y Bolivia. El compromiso es enorme, pero fascinante. Frente a tan noble objetivo revolucionario, conviene no olvidar lo dicho por el expresidente Abraham Lincoln: "Una parte del pueblo puede ser engañada todo el tiempo y todo el pueblo puede ser engañado una parte del tiempo, pero lo que no es posible, es engañar a todo el pueblo todo el tiempo". A propósito de la fraternal alianza que Venezuela tiene con los Iraníes y que tanto han molestado a la actual elite gobernante en USA por el suministro de gasolina, también Irán mantiene convenios con Cuba en materia de salud, mediante el cual se construyó en la Isla una fábrica de medicamentos anti cancerígenos5.

Esta tripleta de naciones (Irán, Cuba y Venezuela), no se han acordado circunstancialmente para una coyuntura concreta. Es una alianza estratégica para defender sus procesos revolucionarios y enfrentar a su enemigo común: El imperialismo Norteamericano.



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Alirio Almao

Abogado Memorialista.

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