Honor para nuestros mártires bolivarianos

Con profundo dolor estamos leyendo la triste noticia del fallecimiento del revolucionario Darío Vivas, Jefe de Gobierno de Caracas. Y anteriormente la del padre Vidal Atencio, en el Zulia, a quien no conocía, pero por los comentarios y lecturas fue fácil entender de su gran entrega. Y con mucha preocupación nos informan del contagio en Jorge Rodríguez, Freddy Bernal, García Carneiro, Héctor Rodríguez, José Vicente Rangel y, gracias a Dios, recuperados Omar Prieto, Tareck El Aissami y Diosdado Cabello. Seguramente hay muchos alcaldes en iguales condiciones, los saludo desde aquí deseándoles pronta recuperación.

Apreciados lectores, se me hace difícil dar crédito, como ha sugerido Mario Silva, a que el imperialismo sembró el covid-19 en nuestros principales dirigentes. No dudo de la complacencia de ellos, de su deseo insano de asesinar, con esta circunstancia, a los cabecillas de la revolución bolivariana.

Pero sí puedo dar fe y asegurarles del trabajo incesante de ellos, a favor del pueblo, para protegernos y ayudar al país. Estos personeros muy importantes del Gobierno Constitucional de Nicolás Maduro, conscientes de las condiciones extremadamente vulnerables en que nos encontramos como nación golpeada, sancionada y, por ende, muy frágil, han dado el todo por el todo para vencer. Como siempre han hecho, y siguen haciendo, los revolucionarios de este gobierno, entregarse completamente, luchar, trabajar, sin descanso, y estar en el frente de la batalla.

Es justamente esa posición de estar en el frente de la batalla, lo que hace que los riesgos sean extremadamente elevados. Han podido quedarse en sus casas, en la oficina del partido, resguardados, pues tienen gente preparada, obediente, comprometida, a las que mandan, personal de confianza que trabajan también con ahínco. Pero no, han estado ahí junto a ellos, a su lado, dando la cara, ofreciendo la vida y poniendo en práctica su arraigado hábito de luchar para vencer. Obligados por las circunstancias, como desde hace años se encuentra esta revolución sometida por las fuerzas más poderosas del planeta. Es una batalla de David contra Goliat, y por eso, el empuje, la fortaleza espiritual, la gallardía, la valentía, para enfrentarlos.

Apreciados lectores, no deseo ensuciar este sencillo homenaje a nuestros revolucionarios, pidiéndoles que observen ¿cuáles y cuántos dirigentes de la oposición, Gobernadores, alcaldes, otros, ¿han sido afectados por la pandemia en Venezuela? ¿Quién de ellos se está exponiendo para luchar contra la pandemia, para colaborar y apoyar a los venezolanos? A ustedes la respuesta, obvia.

Y no voy a dejar de mencionar a los médicos y personal de salud que, en Venezuela, arriesga día a día la vida para este propósito, tristemente con un número ya elevado de fallecidos. Personal que busca la salud del otros, se preparó para ello, para atendernos, y caen cual palomas frágiles atacadas por el cazador. Son bolivarianos también ellos, aunque muchos no sean chavistas, son hijos de Bolívar, son venezolanos, son nuestros héroes que hay que llorar, que hay que atender, proteger.

No sabría escribir sobre Darío Vivas. Sólo sé de su empeño con la revolución, de su talante de hombre muy comprometido, hasta el fondo, desde siempre. Presente donde era necesario, desde donde lo llamaran, al pie del cañón, literalmente. Darío Vivas, revolucionario bolivariano dispuesto a dejar de lado una cómoda y merecida vejez, junto a sus afectos. Una vejez como estamos muchos viviendo, incluyéndome, desde afuera, desde lejitos. Observando los tiros a lo lejos.

Acompañamos así con estas palabras escritas, la única arma de la que dispongo, la que llegará a algunos, para rendirle un sentido homenaje, agradecido, por todos aquellos que, en Caracas, en esta grave pandemia que la atacó, sintieron y se beneficiaron de su presencia, de su capacidad, de su desmesurada gestión. Poniendo en riesgo su vida, con gran generosidad, con entrega.

Y a los demás, contagiados del mismo modo, cumpliendo su alto deber, acompañarlos con nuestras silenciosas oraciones, en el silencio de la noche, o en el amanecer de un nuevo día, cuando rezamos al Creador: "Protégenos Señor, por esta humanidad que sufre y llora, esta humanidad que enferma y muere". Un gran abrazo para todos.



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Flavia Riggione

Profesora e investigadora (J) Titular de la UCV.

 flaviariggione@hotmail.com

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