Espantosos acontecimientos nos han ocurrido comenzando el año, si bien algunos, incluso familiares disociados, están felices.
Apreciados lectores me disculparán si peco por falta de información, complemento de la misma o errores. Estoy fuera de casa, en la isla de Margarita donde mis bellos hijos me convidaron el dos de enero para disfrutar mí ya venerable cumpleaños. Dispongo solo del celular el cual uso solo a ratos pues el pequeño tamaño y la cercanía al rostro m desesperan.
Pero más me desesperó el secuestro de Nicolás y de su fiel esposa Cilia. Incluso creo que no venían a llevársela a ella pero, románticamente, imagino que no quiso dejar solo a su esposo n tan grave infortunio. Recordando la frase: en las buenas y n las malas y hasta que la muerte nos separe. No unos gringos miserables, malvados, inconscientes de la humanidad que fueron como hienas a llevárselo.
Se me parte el corazón viendo a Nicolás en un mono ligero, con medias y chancletas, caminando muy lento, pesado, apesumbrado, triste, sin ánimo por ahora.
En varias ocasiones les he planteado por este mismo portal, en diversos textos, que a Nicolás lo percibo como a mi hermano mayor, muy semejante en figura, altura, y comportamiento farandulero. Ayudando a todo lo que pueda, abrazando y bailando, tranquilizando a su pueblo aun a sabiendas que se venía la semana santa para él y sus queridos.
Importante recordar aquí Las Bienaventuranzas, que se aplican perfectamente a Nicolás en este aciago momento. Las leo y todas se aplican a un hombre de bien, un hombre de paz, un hombre valiente y creyente.
Por razones de texto, copiaré las, para mí, más significativas en este momento:
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, pues ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes.
Presidente Maduro un hombre de paz, digan lo que digan sus detractores.
Presidente Maduro lleno de misericordia, pues sabemos de su compasión, y acción, para todos y todas las necesitados.
Nicolás Maduro con hambre y sed de justicia que es la esencia de la revolución bolivariana, a ejemplo de Hugo Chávez, a enseñanza de Simón Bolívar.
Y si bien no sé si Nicolás se conceda permiso para llorar, en su soledad dentro de una celda, yo sí lloro por él, por un hombre bueno, justo, trabajador hasta el tuétano de la médula, conciliador, buscando siempre la paz, paz, paz.
Definitivamente un hombre luchando por una nación que no merece este vía crucis que le ha tocado.
Mis compañeros del grupo latinoamericano han querido reunirse inmediatamente, debido a la angustia que causa los acontecimientos, Yo, como en otras oportunidades cruciales del chavismo, he preferido estar sola, no comentar ni escuchar comentarios. Sentir y dejar fluir mi pesar, mis reflexiones, privilegiar mi sensibilidad en vez del razonamiento. Almenos por unas horas, por un día.
Ya estoy aquí para transmitirles la enorme consternación que me embarga, un llanto ya no reprimido cuando veo a nuestro Presidente violentado en su hora íntima del sueño, y secuestrado en chancletas, no elegantes, no de moda, chancletas como las que usa el pueblo, como las que él siempre usó desde que era joven, revolucionario, trabajador. Cuando nunca pensó ser canciller, presidente, cuando sus chancletas lo acompañaron siempre
Identifican su realidad de hombre sencillo, dicharachero, humilde, hombre igual a los de al lado. Nunca se montó la cabeza, en todo caso se entregó a la difícil tarea encomendada por Chávez, no olvidar, tan claro como la luna llena, a la bendición de Dios, a quien invoca a cada instante, del Señor misericordioso que tampoco lo abandonará en esta circunstancia dándole la fortaleza que requiere más que nunca.
Y nosotros su pueblo no lo abandonaremos. Chavistas y no chavistas, es obligatorio acompañar la protesta, denunciar esta vergüenza internacional, donde la fuerza bruta prevalece sobre nuestra soberanía, nuestra independencia, nuestra dignidad de pueblo libre.
Elevo mi oración por un hombre bueno, leal, trabajador profundamente chavista. Y por su esposa Cilia, mujer fiel que ha decidido acompañarlo hasta que la muerte los separe.