Ligeras apreciaciones

La escuela, templo, donde el personal que limpia hasta los directores, deberán convertirse en verdaderos maestros

Aunque este título parezca un absurdo, un disparate para los más avezados en la materia; no escapa de la realidad que todas las personas que laboran en un colegio, escuela, liceo, entre otros, están verdaderamente en una forma directa o indirecta involucrados en la formación del niño o el adolescente. En mi albedrío, el niño es como una esponja que va absorbiendo todo lo que está o gira a su alrededor; y, que de alguna manera, va a incidir en el desenvolvimiento ulterior del infante. Bien lo resumía Aristóteles, cuando hablaba de la educación durante la primera infancia. Explicaba todo lo concerniente a las formas y limitaciones que el niño debía recibir en estos prístinos años de vida, que son de vital importancia para su futuro desarrollo. En esta sintonía, arguyía el pensador: (...) "Todos los hábitos que deban contraer los niños conviene que comiencen desde la más tierna edad"... (Fuente: Capítulo XV. La política. Pág. 140).

En este orden de ideas, considero que en la escuela todos los involucrados en la comunidad educativa, deberán ser fiel reflejo de aprendizaje y desaprendizaje para los escolares. Así la humilde señora que limpia, por traer un ejemplo, debe cumplir sus oficios de aseo e higiene escolar con esmero, con vocación de servir, con afecto, con responsabilidad, con pasión, como que si estuviera realizándolo en su propia casa. En la oportunidad que estos quehaceres sean así, el discente estará observando el comportamiento de la limpiadora; lo que aprecio, también es una forma de aprendizaje, fuera del pizarrón, lo que va adquiriendo el párvulo; si se toma en consideración, que ese mismo niño, en un futuro no muy lejano será un adulto; y, aquellas enseñanzas cotidianas, así sean las más elementales, o las más insignificantes en el contexto escolar, podrían resultarles beneficiosas en el medio donde le corresponderá actuar. Este modesto ejemplo debe ir enraizado con esos ejes transversales que tanto se acentúan en la educación; donde los docentes tienen una ingente labor. Espejo como ése, hay muchos. Los grandes resultados emergen de las cosas más simples. Un río se forma con infinitas gotitas de agua.

Para concluir, no pretendo hacerlo sin antes dejar plasmado aquí una máxima textual de ese gran maestro Simón Rodríguez que, en palabras de Eduardo Morales Gil, decía: ..."ESCRIBAMOS PARA NUESTRO HIJOS (...) PENSEMOS EN SU SUERTE SOCIAL (...) dejémosle LUCES en lugar de caudales; la ignorancia es más de temer que la POBREZA (ibídem II, 169)" (...). En mi modesta opinión, considero que este aforismo no puede pasar por debajo de la mesa para los padres y maestros de esta generación, que van a ver el resto de este siglo que por razones obvias, yo no veré.

"Escribe, que alguien lee. El que lee, algo le queda" dijo alguien por ahí.

¡Muchas gracias!

 

 



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José García

abogado. Coronel Retirado.

 jjosegarcia5@gmail.com

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