Carta abierta a Juan Guaidó

Antes de escribir esta carta reflexioné sobre la manera de iniciarla. Supuse que debía utilizar la forma acostumbrada de cortesía, algo así como “estimado”, pero de súbito mi pensadora la rechazó, dado que a un individuo como tu es difícil estimar. Pude utilizar el calificativo tradicional como “señor”, pero algo dentro de mi lo impugnó, dado que tu distas mucho de serlo. También intenté utilizar tu título académico, sin embargo, no quise insultar a otros, quienes como tú se graduaron en una universidad. Por tal motivo utilizaré simplemente Juan o como mucha gente te identifica, es decir, Juanito Alimaña.

Juan, esta misiva te la envío en la oportunidad de descargar parte de la ira acumulada dentro de mi al conocer de tus actuaciones, tanto dentro como fuera del país, sin que hasta los momentos no hayas pagado por todo el daño causado a tus compatriotas. La prensa internacional y alguna de la comprometida con la derecha criolla, cometen el error de identificarte como el líder de la oposición venezolana. Craso error, un dirigente político inventa o sigue alguna idea o una doctrina filosófica, porque son estas las que abren el camino, precisamente, por el surco que los hechos trazan. Son estos surcos o ideas lo que marcan la dirección para alcanzar los objetivos que se persiguen. Para esto se debe trazar alguna estrategia, es decir, acciones perfectamente pensadas encaminadas hacia un fin determinado. Juan, aparte de todo, como careces de ideas no has sabido diseñar una estrategia, tampoco tienes táctica, es decir, no ostentas recursos intelectuales y académicos apropiados para lograr un objetivo.

Quienes han visto, a lo largo de estos años, el accionar de tu quehacer político hemos advertido tu nadería. No puedes tener estrategia, ni táctica, porque tú no tienes ideas, ni te has fijado ningún objetivo porque estos te los delinean tus amos del norte. Juan, te convertiste, o mejor dicho, te convirtieron en una vaga caricatura de reflejos, de voces y de propósitos que no los inventaste tú y los aceptaste de manera estoica. De tu venezolanidad no te quedó ningún poro y de aquella raíz legada por nuestros libertadores, quienes lucharon por la causa sagrada de la libertad, no tienes ni una ñinguita, solo heredaste la genética de los traidores, por eso te convertiste en el bribón que deshonra nuestro gentilicio.

Juan por una sola razón te felicito, perdiste la vergüenza y el sentido del ridículo, no te ruborizas al mentir con descaro, tampoco te importa el grotesco espectáculo que ofreces en las escuálidas marchas a las que convocas. Cuando algún periodista te hace una pregunta, cuya respuesta compromete tu actuación, respondes con frases anfibológicas que nadie entiende, por tú falta de dicción y por tu carencia de capacidad de análisis para hilvanar una oración que de una réplica, cónsona con la interrogante que el reportero o reportera te formula.

Juan, cualquier líder o lideresa debe estar comprometido (a) con su pueblo en lucha por alcanzar la paz, la seguridad, la salud, la educación, la alimentación y en términos general, la felicidad. Contrariamente a estos principios básicos que le aseguren a la población una buena calidad de vida, tú andas por el mundo solicitando sanciones a los presidentes y primeros ministros de la derecha conservadora imperial, para acibararle la vida a millones venezolanos, comprometiendo, mediante tu proceder, aquellas reivindicaciones por los cuales tú también deberían estar identificado.

Juan tengo la duda de si eres un loco o un vil arrastrado. Tan solo a un orate se le ocurre pedir sanciones de tipo financiero y bloqueos económicos que impidan la satisfacción de las necesidades básicas de un pueblo para luego convocarlos a una marcha para celebrar tal atrocidad. Y, si no eres un demente, entonces no me queda sino pensar que eres un arrastrado, un vil jalabolas que por cumplir las órdenes de Donald Trump prefieres ver a tú pueblo padecer de las infamias que pregonas y peor aún, te ufanas de tales ignominias.

Juan, según colijo, no tienes ninguna idea, por lo tanto no tienes estrategia alguna y mucho menos la táctica propia de un estadista. Eres una marioneta que te manejan al antojo según las necesidades e intereses de las corporaciones financieras, agroindustriales y de la industria militar de los países imperiales para entregarles nuestras riquezas, en el caso negado de que llegaras al poder.

Juancito Alimaña, lo único que has hecho bien es robar los dineros de las empresas venezolanas situadas en EEUU y en otras latitudes. Para tu vergüenza, que no la tienes, ese robo no lo planificaste tú, eres, es un vulgar cómplice de Donald Trupm y de otros presidentes del cartel de Lima y primeros ministros de la UE quienes te entregaron tu parte, después de despojarnos de lo que en derecho les corresponde a tus compatriotas. Dineros que sirven para invertirlos en obras de interés social que mejoren nuestra calidad de vida. Substrajiste enormes capitales acompañado de tus secuaces de VP para gastar dinero a espuerta para así satisfacer tus vanidades y las de tu pandilla.

Juan ¿qué tipo de monstruo eres? Cómo es que te sientes orgulloso de las muertes causadas por las sanciones y por el bloqueo económico que solicitaste encarecidamente. No solo eres culpable de los fallecimientos secuela de las sanciones y del bloqueo, también eres responsable de centenas de venezolanos que salieron del país alentados por ti y por tu socio Borges, para finalmente morir fuera del país en manos de viles xenófobos de las “naciones hermanas”. Los mismos, quienes sin piedad alguna agreden a nuestros connacionales por el único delito de poseer la misma nacionalidad del prohombre que llevó la libertad a los pueblos que hoy nos rechazan.

Juanito Alimaña, no soy juez y tampoco me gustaría juzgar a nadie, pero reflexiona por un momento y ponte en los zapatos de uno de estos jurisconsultos o mejor aún, ubícate en la época de nuestro egregio Simón. Cuál sería la sentencia más adecuada para un individuo que hubiese actuado como tú a favor de un país enemigo. Averigua en Internet o en los libros de tus protectores, EEUU, cuál sería el dictamen de un juez sobre un espía o de un traidor a la patria. Juan, te aliaste con lo peor de la política mundial, con los representantes del gobierno de USA, de España, de Francia, de Holanda, entre otros, los mismos países imperiales que durante los inicios del siglo XX explotaron vilmente nuestras reservas petroleras, controlando la producción, refinación, comercialización y distribución de nuestro petróleo a través de las siete hermanas. Supongo que por tu crasa ignorancia, de tu mala memoria de lo que aprendiste en Geografía Económica en la secundaria y tu lameculismo extremo, todo esto te obliga a desconocer quiénes fueron y quienes son los enemigos de tu patria.

Juanito Alimaña, fuiste a Europa para retratarte con los primeros ministros y presidentes que están aplicando sanciones al pueblo de Venezuela, también te retrataste cerca del rubicundo y asesino Donald Trupm, los mismos que están asesinando a miles de compatriotas. Son los endriagos que están sometiendo a millones de venezolanos al tormento de una guerra psicológica bajo amenazas de una invasión militar. Es tu pueblo, que solo exige el derecho a vivir en paz y ejercer el derecho que le asegura las leyes internacionales, como es la de tomar sus propias decisiones sin las injerencias de otras naciones. Juan lo que necesitas no es el apoyo internacional, lo que requieres el respaldo de un pueblo que te rechaza por tus traiciones, por el ridículo que haces, por tus mentiras y sobre todo, por tu cara de gafo que administras muy bien para cometer soeces tropelías. Las sanciones y el bloqueo económico le han hecho más daño al país que el coronavirus en el ámbito mundial.

Juan, no creo que sea motivo de orgullo el calificativo de traidor. Ten presente que ya engrosaste a la lista de unos cientos de individuos que surgieron de los albañales de la historia y a pesar de todo, sobre la cenizas de estos sicofantes como tu, también se construirá la patria. Voy a despedir este articulo con una frase del egregio Simón: “…no podemos tener traidores en las filas, de lo contrario, perderíamos la patria…” Lee que algo queda.





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Enoc Sánchez


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