El interés común como Guardián

Es verdad que la socialdemocracia se parece a muchos de sus votantes. Por tanto, el espacio de la izquierda no pasa simplemente por representar al pueblo. Toca discutir en su seno acerca de todos estos aspectos camino de un nuevo sentido común. Y esa discusión está ahora mismo en las afueras de los partidos tradicionales. En su juventud fueron vehementes comunistas y ahora son vehementes neoliberales racistas, anticomunistas, integristas. Eran idiotas de jóvenes y siguen siéndolo de viejos. Decía Albert Camus: "Cada generación se cree llamada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá rehacerlo. Pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga". La izquierda es empática y piensa también en las generaciones futuras, las que aún no han llegado. No hay expresión más grande de generosidad que reconocer derechos a quienes no exigimos ningún deber.

La izquierda es éticamente mejor cuando viene de la consciencia. Sufre como víctima que se sabe víctima. Víctima por culpa de gente sin alma que se empeña en desterrar la humanidad y la cooperación que nos ha traído hasta aquí. Porque hemos llegado hasta aquí compitiendo, pero sobre todo cooperando. La izquierda es mejor moralmente porque está con las víctimas y hace suya su suerte. Mejor porque sabe que luchar por la justicia y por la verdad le da la llave de la inmortalidad a los frágiles seres humanos y les otorga un sentido (nuestro yo pequeño y mortal se diluye en algo grandioso). Mejor porque su objetivo se basa en el amor al prójimo. Mejor porque hace de la generosidad una manera de estar en el mundo. Mejor porque obra sabiendo que toda persona es un fin en sí misma y porque le entrega la responsabilidad de sus actos habiendo sentado las bases para que todo el mundo pueda ser igualmente libre. En algún momento de nuestra vida, todos los seres humanos nos comportamos así con alguien. Cuando lo hacemos, en nuestro foro íntimo algo se alegra.

La izquierda no puede mentir salvo cuando escribe mentiras piadosas, como la del padre a su hijo en el campo de concentración de La vida es bella. La derecha siempre construye su argumentario justificador de su egoísmo con mentiras: Dios, la naturaleza, la tradición, la excelencia, la sangre, los genes, la tecnología, la irresponsabilidad, la cadena de mando.

Hay mercados negros de órganos para gente rica y granjas de mujeres para que den a luz los hijos que no quieren —o no pueden— parir parejas ricas. Si estamos en un momento nihilista, la fraternidad es esencial. Un principio de fraternidad sostenido sobre la igual dignidad no puede asumir tampoco que la mala suerte condene a alguien a la pobreza o a la ignorancia. La fraternidad y los derechos del pueblo son dos realidades que se refuerzan mutuamente.

Si no fuera por esta esperanza, ¿quién habría resistido la larga noche del siglo XXI? Lavar y tender la ropa en el lager, en el campo de concentración, era un gesto mínimo que tenía un mensaje infinito: hacemos esto porque la vida, de un modo u otro, va a seguir. Y el mundo que adelantamos con este pequeño gesto es ese en donde nos cuidamos y tenemos tiempo para respetarnos.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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