La desventaja del socialismo

"Frecuentemente, nosotros mismos le hacemos el trabajo al Estado por medio de nuestra vida interior. Lo que muchas veces creemos que pertenece a nuestras capas más íntimas y a nuestra vida emocional ha sido producido en otro lugar y se ha reclutado para hacer el trabajo del racismo y la represión".

ANGEL DAVIS

República Francesa y las expropiaciones de bienes a los colaboracionistas, la censura generalizada de los derrotados tras las victorias, la economía social impuesta de manera obligatoria o esa tierra de nadie con licencia para matar que suponen las bases norteamericanas iban mucho más allá de lo que planteó en su día Marx. Y se hizo no precisamente a favor de las mayorías. Pese a todo, el resultado no fue tan "positivo", pues tanto el poder blanco como el poder económico de la industria francesa se mantuvieron se mantuvieron y los viejos industriales alemanes o las elites económicas de siempre recuperaron sin problema su espacio. ¿No deben entonces los nuevos regímenes democráticos defenderse del Antiguo Régimen y de las coaliciones en su contra? No es nada sencillo combatir a un poder histórico que lleva siglos gobernando.

La reflexión teórica que señala la necesidad de medidas extraordinarias es correcta y tiene mucho que ver con las reflexiones de Maquiavelo en El príncipe, cuando aconseja cómo mantener un reino o república. Es una lección de realismo, muy común en el conservadurismo pero más escasa en la familia de la izquierda. En una dirección similar, esta necesidad se la recordó Lenin a Kautsky cuando este le reprochó que el poder soviético, sacando conclusiones de los errores de la Comuna de París, había suprimido la democracia para la burguesía para que fuera posible la democracia para las masas. Lenin le contestó en La revolución proletaria y el renegado Kautski en 1918:

Durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando de hecho, inevitablemente, tremendas ventajas: conservan el dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe), algunos que otros bienes muebles, con frecuencia considerables; las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los "secretos" (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración; una instrucción más elevada, sus estrechos lazos con el alto personal técnico (que vive y piensa burgués); conservan (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc.

Si los explotadores son derrotados solamente en un país —y este es, naturalmente, el caso típico, pues la revolución simultánea en varios países constituye una rara excepción— seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados, porque sus relaciones internacionales son poderosas. Además, una parte de los explotados, pertenecientes a las masas más atrasadas de campesinos medios, artesanos, etc., sigue y puede seguir a los explotadores, como lo han probado hasta ahora todas las revoluciones, incluso la Comuna (porque entre las fuerzas de Versalles había también proletarios, cosa que "ha olvidado" el doctísimo Kautski).

Por tanto, suponer que en una revolución más o menos seria y profunda la solución del problema depende sencillamente de la relación entre la mayoría y la minoría es una estupidez inmensa, el más necio prejuicio de un liberal adocenado es engañar a las masas, ocultarles a sabiendas la verdad histórica. Esta verdad histórica es la siguiente: en toda revolución profunda, lo normal es que los explotadores, que durante bastantes años conservan de hecho sobre los explotad os grandes ventajas, opongan una resistencia larga, porfiadas y desesperada. Nunca se someten los explotadores a la voluntad de las mayorías de los explotados antes de haber puesto a prueba su superiodad en una desesperada batalla final, en una serie de batallas.

Después de la primera derrota sería, los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento ni creían en él, que no aceptaban ni siquiera la idea de que pudiera producirse, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa y odio centuplicado a la lucha por la restitución del "paraíso" que les ha sido arrebatado, en defensa de sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan dulce y a quienes la "chusma del populacho vil" condena a la ruina y a la miseria (o al "trabajo" simple…).

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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