Crisis de Pueblo, el culto al 23 de enero y el país portátil

La idea que trato de plasmar en esta corta nota, es un eco de muchos ruidos a la vez. Es una síntesis de esos ecos y donde es posible que haya decidido quitarle sonoridad y armonía, en procura de un texto muy corto que rompe la continuidad de los sonidos.

II

Vimos nuevamente este 23 de enero dos fiestas y no dos explicaciones de un santo con sus dos milagros. Una de las fiestas o celebraciones es más para tener algo que motive ante la ausencia de motivos. En otra de las fiestas (la nuestra), hay evocaciones que se quedan por la general en una ofrenda a un personaje, porque ha sido más fácil darle vida a las figuras y mitificarla que sacudirnos está manía de reducirlo todo a una voluntad.

El 23 de enero de 1958 fue la culminación de una jornada de lucha y el comienzo de otra, que no comenzó o comenzó mal. Creo que hay una deuda con este evento del 23-E y esa deuda pasa por producir una especie de despojos para dejar salir mitos, espíritus e "interpretaciones" cojas que solo han servido para conservar intereses o una manera de usar este proceso que culminó el 23-E de una manera muy particular.

Debo "agarrarme" de alguna tesis o explicación para poner andar esta reflexión que desde hace un tiempo me tiene como inquieto. Se me ocurre entonces, que Mario Briceño Iragorry me ofrece un recurso para transitar esta inquietud. Puedo igualmente echarle mano a recurso Augusto Mijares, Mariano Picón Salas o Adriano González León, que destacan como importantes referencia intelectual del siglo XX en Venezuela, pero en aras de economizar palabras, trato en lo posible de tomar como referencia alguna idea de la obra Mensaje sin Destino de Mario Briceño Iragorry.

Fundamentalmente, lo que valoro y tomo, es la idea principal de esta obra: Crisis de Pueblo. Iragorry a diferencia de Uslar Pietri, enfoco más su atención en la necesidad de sembrar la cultura que en la idea de sembrar el petróleo, que lamentablemente, fue la idea fuerza que ha cruzado una parte importante del trayecto del siglo XX y parte de este siglo XXI. La idea más bien se centró en hacer un país con una fuente de vida y no hacer una nación. De ahí la insistencia de Mario Briceño en el problema de la identidad que se hace presente en esta obra y otras también.

Hace ya unos cuantos años, Mariano Picón Salas nos colocaba frente a esta proyección como país: "Lo peor que le puede ocurrir a Venezuela es que al amparo de un presupuesto próvido como el que la riqueza petrolera vuelca sobre el Estado nos trocásemos en un país de burócratas y parásitos"

III

Puede asumirse esta tesis de Mario Briceño de "crisis de pueblo", como un colectivo ingenuo, un territorio sin alma y sin consciencia social e histórica. Un país (portátil) que se recrea, se consume y perece en una gesta histórica. Sé que esta idea hoy resulta cuestionable porque lo aparente parece ser otra cosa. Parece haber mucha consciencia y responsabilidad histórica.

Unos vemos el 23 enero como una traición. No digo que no haya sucedido una cosa así, pero debemos revisar, si la traición no esconde la falta de responsabilidad histórica por parte de ciertos autores políticos, que hoy lo vemos como un referente y sobre los cual debemos volcar nuestra tradición al culto a los personalismos. Volcamos como justificación de lo que no fue el 23 de enero; el pacto de punto fijo.Vivimos entonces en cada 23 enero lo que no pudo ser y tenemos un responsable identificado en la alianza de fuerzas políticas de derecha, conocida como pacto fijo.

Obviamos que esta alianza se trazó un proyecto, una ruta y asumieron con acciones y condiciones (un pacto) el cambio de gobierno. Es más fácil quedarnos con la traición y con endosarle la culpa de lo que no fue el 23-E al pacto de punto fijo, sin medir y calcular, cuál fue la ruta de trabajo que asumieron los factores políticos distintos a la fuerza de AD y COPIE, que fueron las fuerzas claves en la concreción de un cambio para que todo siguiera igual pero sin Marcos Pérez Jiménez.

No tengo idea y ofrezco disculpas por mi ignorancia, pero no he podido conocer la ruta concreta en esos días del que fue (por rotación) el responsable de la Junta Patriótica. Los actores del pacto de punto fijo se abocaron a darle sentido a su proyecto con acciones muy concretas.

Hay penumbras en las acciones de los otros actores y muchas glorias como expresión del tradicional culto a la personalidad a "nuestro" referente en ese proceso. Hay un par de nombres y una gran ausencia.

Después de la gesta, quedaron nombres y se ausentó el pueblo. Perece un esfuerzo y se hace viable la idea de país portátil.

No es fácil el intento de colocar en revisión, la visión que hemos institucionalizado el episodio 23-E. Desde la perspectiva de la izquierda, creo que suena como reto animar una revisión de lo que se hizo, cómo se hizo y lo que dejo de hacerse. En esa revisión cabe Mario Briceño Iragorry y otros destacados intelectuales venezolanos, que dejaron una buena producción teórica para completar una tarea como esta, si es que tiene pertinencia y no es un simple ruido.

Marcano.evaristo@gmail.com

@evaromar



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Evaristo Marcano Marín


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