Colombia, la OTAN y el narcotráfico

Lo que ha ocurrido en Colombia los últimos años ha derrumbado grandes mitos de la historia contemporánea. Podríamos decir que, al nivel del Muro de Berlín, exigiendo un esfuerzo descomunal a los Señores de la Guerra, los jefes imperiales y sus aparatos de prensa para aplazar una conclusión irrebatible: Colombia quiere la paz; el pueblo de Colombia reconoce en la FARC y el Acuerdo de la Habana la esencia de la Colombia Humana. La FARC no implicaba el genocidio ni el narcotráfico, por el contrario, el tránsito de Santos a Duque reveló claramente, oficialmente, descaradamente, que la oligarquía bogotana es una gran estafa: traicionó el Acuerdo de Paz, corrompió el sistema democrático y gobierna por la vía del fraude electoral con toda la ferocidad genocida, dictatorial y corrupta para un puñado de empresarios asociados al paramilitarismo.

La situación es tan obvia que, no tanto en los discursos, como en los actos, el gobierno usurpador de Colombia hace alarde de la senda que comienzan a trazar los grupos de poder y control institucional. Por puro cumplimiento con el guión imperial, el presidente saliente y el entrante persisten en atacar a Venezuela, porque mientras más señalen al Gobierno Bolivariano de fraudulento, más se "olvida" que el terror, el crimen y el fraude le robaron el triunfo a Petro, como le robaron el triunfo a la FARC en el referendo. Cuanto más el Palacio de Nariño señale las espinas en el ojo del vecino, "menos mirarán" el genocidio sistemático de la Colombia Humana, el auge del crimen como Estado y el avance del dominio forzoso de todo el sistema de producción, procesamiento y distribución de lo que, definitivamente, nunca fue culpa de los grupos guerrilleros: el narcotráfico, ahora "legalmente" administrado por los sanguinarios hechos gobierno.

Pero como no sólo Colombia es Humana, el mundo entero analiza y señalará ese tipo de gobierno fraudulento, genocida y forajido, atado al molino que arrastra también a Donald Trump, en medio de la colosal guerra de los imperios donde, cada cual, a su manera, lucha por prevalecer. Por ello la oligarquía bogotana se abraza con la OTAN sobre las mismas dos razones que desvelan a burgueses e imperios: el dinero del narcotráfico y las riquezas de Venezuela. Ambos trasnochos Bruselas los comparte, porque se acerca el tiempo en el cual el mundo exigirá drogas libres de sangre y sin abono de fosas comunes, lo cual es un serio problema para la burguesía colombiana, ante el desafío de reconocer a las Cooperativas Campesinas productoras de materias primas y las trasnacionales procesadoras que no requieren del genocidio y la tortura para empaquetar marihuana. En ese escenario la OTAN tiene grandes intereses. Aunque sus estatutos declaren que su "misión es la paz", en el fondo los jefes del Atlántico Norte viven de dos cosas: la guerra y las drogas.

La otra obsesión que trasnocha a Bogotá y la OTAN es Venezuela, donde se ensaya el método más eficiente desarrollado por sus asesores israelíes hasta los momentos: el Daesh; una combinación de paramilitarismo y ultra fundamentalismo, perfecto para el dominio de áreas, procesos y culturas. Acaso no es DAESH el obligar a pagar en efectivo un pasaje de Acarigua a El Tigre; el mercadeo de los insumos en los hospitales, el cobro de peajes en cada Alcabala para trasladar el maíz e insumos comunales, el doble precio en todos los productos y la extracción de carnes, pieles, efectivo y gasolina por nuestras fronteras.



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Joaquín Román Rondón Santiago

Profesor universitario

 unellezjoaquin@gmail.com      @LaGuaratara

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