Día Ciento Sesenta y Uno Barrio Adentro Caminando por el Filo de la Navaja

Ayer acudí a una Jornada de Salud con los cubanos en una comunidad muy querida de la carretera Caracas a Baruta donde como siempre sus lideresas comunales hacían gala de buenas anfitrionas, mística organizativa y sentido social de gobierno comunal. Hace apenas un mes habían participado las mismas en una explosión cultural con una comunidad hermana a propósito de la Cruz de Mayo después de haber protagonizado, en su propia casa, un evento inolvidable y enternecedor sobre la diversidad cultural. Sin interrupción se preparan de nuevo para participar, el próximo lunes, en un cine foro, con importantes cineastas invitados, de nuestro quehacer cinematográfico nacional. Eso no es todo, estaban en pleno plan de visitar casa por casa para la consolidación de los hogares de la patria y como si fuera poco hacían lo propio para la atención de la comunidad por el programa alimentario del gobierno a través de la milagrosa estructura organizativa del CLAP. Estos no son cuentos de hadas para engañarnos a nosotros mismos sino tareas cumplidas por un grado avanzado de organización social de nuestro pueblo que tiene todavía mucho camino que recorrer, pero va por donde debe ser.

Han pasado algunos años desde que en esta misma comunidad vivieron, con mucho sacrificio, unos cubanos de las primeras oleadas quienes vinieron a nuestro país atendiendo al llamado histórico de José Martí: "Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo". Muchos de aquellos cubanos eran un ejemplo digno del nuevo hombre o de la nueva mujer que parió la lucha revolucionaria contra el capitalismo y el imperialismo. Estaban aquellos nuestroamericanos siempre dispuestos a bridarnos su solidaridad mutua con todo el amor del mundo. Esto lo viví con creces en el centro de rehabilitación del CDI de Santa Cruz, cuando este daba sus primeros pasos, y me tocó escribir entonces un sentido artículo de reconocimiento a sus bondades gracias al cual fueron felicitados sus administradores por las autoridades superiores de la misión cubana.

Digo todo esto por la desilusión que sentí cuando me encontré con una médica cubana que atendía a los pacientes como el peor de los galenos venezolanos en las épocas más oscuras de la salud pública nacional. El amor prodigado por profesionales formados para la atención del pueblo había sido sustituido, en este caso muy particular, por la indiferencia, la apatía y una pizca de despotismo que se acercaba a la obstinación y el desagrado que le causaba su desempeño profesional. Los detalles me los guardo pero hay que revisar lo que puede estar pasando, porque hay muchas quejas, con la actitud irresponsable, la pobre dedicación y la pérdida del apostolado de algunos médicos y médicas cubanas que nada tiene que ver con el médico socialista, humano y revolucionario que el pueblo venezolano idolatra y la revolución cubana acostumbra prodigar por su internacionalismo proletario.



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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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