Día Setenta y Ocho La Mística Pedagógica por el Filo de la Navaja del 2018

Ayer en una cola, para acceder a mi pensión del IVSS, la espera se hizo grata y pasadera al encontrarme con una ex condiscípula de aquellos viejos tiempos en el Edificio Central del Instituto Pedagógico Nacional. La circunstancia fue especialmente interesante porque en la medida que avanzaba la amena conversación fuimos descubriendo, que después de medio siglo de tantas experiencias vividas, teníamos enfoques muy aproximados sobre la compleja realidad nacional.

Ese encuentro aleatorio, fortuito y casual no pudo menos que hacerme pensar, entre tantos desencuentros, cambios de rumbo, volteretas y caminos tortuosos, que de donde menos uno se lo espera aparecen personas con los valores superiores de la constancia, la perseverancia y la persistencia, en la manera de ser o de obrar, con los pies bien plantados sobre la tierra.

El primer tema obligado de abordar, en una conversa, por dos veteranos de la educación fue la remembranza de aquella generación patriota que nos formó con su ejemplo de dignidad profesoral. Entre los eternos maestros uno de ellos, Ramón Tovar, partió recientemente al encuentro del infinito. Pasamos revista por aquella plantilla de excelencia docente que habita con su ejemplo inmortal los pasillos, las aulas, los laboratorios y los campos deportivos del primer bastión histórico de las ciencias pedagógicas en nuestro país.

Imprescindible hacer un balance de la generación pedagógica que se formó en la década del sesenta, y que se desempeñó profesionalmente en los treinta años siguientes, para hacernos al final la pregunta de qué ha pasado con la mística del docente, con la calidad de la educación y con el prestigio de la educación pública. Los enormes esfuerzos del Estado, en la matrícula escolar, comedores escolares y dotación, no han dado los frutos esperados ante el fenómeno implacable de la masificación sin calidad.

Aquí en mis reflexiones pedagógicas después del intercambio de ideas con la colega, cuyo nombre me reservo, pienso que el gran reto educativo de la revolución bolivariana, lo cual es viable y factible, es lograr, con renovada mística y moral magisterial, una educación pública más eficiente, más confiable, más responsable y de mayor calidad que la educación privada generadora de los valores, individualistas, egoístas y consumistas del capitalismo.



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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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