Día treinta y ocho, la cultura carnavalesca por el filo de la navaja del 2018

Nadie puede poner en duda la tradición, creatividad, ritmo y colorido existentes en los carnavales de El Callao, población ubicada al sur del estado Bolívar, no en vano, es una de las fiestas más populares de Venezuela con una data de más de 100 años de historia. Es mucho más que una fiesta, es la conmemoración de la historia de una lucha por la libertad de sus antepasados. Asimismo, celebran la multiculturalidad que surgió en esta tierra del oro, desde la llegada de pobladores de otras latitudes, para la explotación de las minas.

Son también históricas y pintorescas las comparsas en los carnavales de Carúpano. Con más o menos notoriedad hay fiesta de carnaval en todo el territorio nacional con énfasis donde el interés turístico despierta esa manifestación popular. En Caracas los carnavales también tienen su historia de la cual me interesa destacar su interrelación con los gobiernos de turno, por lo menos, desde la dictadura de Juan Vicente Gómez hasta nuestros días. Existe en las carnestolendas un trasfondo político que me interesa dilucidar porque allí hay mucha tela que cortar.

Debido a la participación de Pío Tamayo, antiguo exiliado político y uno de los introductores del marxismo en Venezuela, quien en la coronación de Beatriz I leyó un poema juzgado como subversivo por las autoridades, se desata la represión de la dictadura y revienta la rebelión estudiantil de año 28. Para la dictadura gomecista la fiesta de carnaval se convirtió en una pesadilla.

Durante la dictadura perezjimenista los carnavales en Caracas alcanzaron su máximo esplendor. Así el régimen militar mostraba una falsa cara de alegría popular con las cárceles llenas de presos torturados y exilados políticos. Eran los tiempos de los grandes desfiles de carrozas, de los templetes en las plazas públicas y el derroche de los saraos en los hoteles y clubes privados. También de la muchedumbre simulando combates y desobediencia al jugar el carnaval con agua y sustancias nocivas.

Llegaron los años de AD y Copei con la temporada de carnaval en Caracas convertida en una gran diáspora vacacional que los caraqueños aprovechaban para inundar las playas, llanos y montañas dejando en la capital a los niños con las manos vacías gritando ¡Aquí es! ¡Aquí es! Paralelamente a las intentonas oficiales, de aquellos años, por renovar el circo del carnaval quedaron las tumbas secretas de los desaparecidos, los asesinados, las masacres y las huellas imborrables de los torturados y presos políticos.

Lejos de pensar en recuperar, restablecer o añorar los carnavales de antaño deberíamos pensar en construir unas festividades combinadas con jornadas dignas y creativas de trabajo productivo en un ambiente de lucha revolucionaria, defensa de la soberanía y transformación social.

 



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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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