La impaciencia del odio y el camino de la infamia

La impaciencia es la falta de paciencia, la ausencia del sosiego, quienes carecen de este atributo son intolerantes, inseguros, no saben esperar. Los impacientes desean tener el control de todas las situaciones e intentan dar un paso delante de la realidad misma. La impaciencia genera frustraciones, estrés y ansiedad dado que sus metas no se logran en el tiempo, tal conducta lo obliga a mantenerse apremiado.

El odio es una pasión ciega de profunda antipatía, disgusto aversión, animosidad, enemistad o repulsión hacia una persona o hacia grupo de personas que no comparten los mimos intereses, o la misma religión, o la misma concepción política, o el mismo color de piel. Por tal motivo el odio puede conducir a ciertos individuos hacia la compulsión para destruir, a desaparecer lo aborrecido, hasta la de asesinar al ser detestado, haciéndolo responsable de su infelicidad. La envidia engendra odio.

Ciertamente, no existe una razón o una lógica del odio. Es un estado de ánimo formado en la imaginación de los individuos que de seguro pudo ser inculcado por alguna vía externa como, por ejemplo la familia, la escuela, los líderes políticos y religiosos, los medios de comunicación de masa, entre otros. El rencor es una emoción desagradable e inútil que hace que la persona afectada por este vil estado de ánimo se sienta enfermo porque el odio le roba su paz y tranquilidad.

El individuo que alberga odio en su pensadora anhela que el ser odiado le vaya mal o que le sucedan cosas insufribles. Lamentablemente los acontecimientos no se suceden como él lo anhela y el ser aborrecido, inocente de aquel rencor, sigue su vida normal desconociendo la antipatía del otro. Esta indiferencia le crea, a quien alberga este sentimiento soez, un estado de impaciencia dado que no puede controlar la vida del ser odiado y como consecuencia, podría tomar la determinación de lastimar al sujeto víctima de su turbulenta emoción.

La impaciencia asentada en el odio es aprovechada por expertos en la comunicación como una estrategia política-ideológica para fomentar el aborrecimiento entre grupos religiosos, entre militantes de partidos políticos, entre los miembros de diferentes etnias solo para promover la violencia y obtener de esto ciertos beneficios, bien de tipo económico o político. Evidentemente, el objetivo que se persigue en esta guerra sicológica es la anulación de un grupo para mantenerse en la cumbre o para el surgimiento de un grupo hegemónico.

Ejemplo de esto son numerosos, de los cuales solo destacaré unos pocos. Hace varios siglos los sacerdotes, desde los pulpitos de las iglesias católicas, con sus sermones inoculaban en la mente de los feligreses, quienes acudían a la casa de Dios en la búsqueda de una paz espiritual, el odio hacia los judíos. El ku klux klan fue y es una organización de la derecha cristiana norteamericana que promovía y promueve la xenofobia contra los negros, los judíos, los homosexuales, los latinos y los comunistas, basada en la "supremacía de la raza blanca". Para la difusión y propagación de la "doctrina del odio" estos grupos de intolerantes utilizaron, utilizan y manipulan a la familia blanca y a ciertas hermandades cristianas para generar violencia con miras del exterminio del otro. El partido nazi alemán, esgrimiendo las mismas herramientas de los antiguos padres de la iglesia católicas, fraguó un sentimiento xenófobo en la población germana contra los judíos, los gitanos, los homosexuales y sobre todo, contra aquellos seres que no descendieran de los grupos arios, la verdadera "raza pura". Un genocidio reciente ocurrió en Ruanda, una guerra entre los hutus y los tutsis, dos tribus pertenecientes al mimo grupo étnico. Esta animadversión fue propiciada por la La Radio y La Radio Televisión Libre des Milles Collines, factor fundamental, dado que sus mensajes de odio devinieron en pogromos que asolaron al país. Resultado de estos odios inoculados entre las personas fueron millones y millones de muertos que hoy la humanidad los recuerda no sin estupefacción y dolor.

Pareciera que algunos venezolanos apátridas están empeñados en destruir la patria, herencia de nuestro Libertador. Porfían en erradicar la paz y generar una guerra civil que degenere en una intervención extrajera, la cual culminaría en "bombardeos humanitarios". En materia de subversión y terrorismo ya no falta nada por ver. Permanezco atónito y aterrorizado ante las desatenciones jurídicas de la fiscalía general ante el caos y las pérdidas de vidas humanas, de los linchamiento, los saqueos, los robos a particulares y a las propiedades, la destrucción de patrimonios privados y oficiales, la quema de personas, los muertos por accidentes de tránsito debido a las barricadas, la violación de los derechos humanos (impedimento de la circulación, la educación y los servicios médicos), asedio a hospitales y medios de transporte, quema de depósitos de alimentos, medicinas y de autobuses; secuestro de poblaciones enteras, uso de menores de edad en acciones terroristas, ataque a instituciones militares, pogromos contra instituciones del estado, continuo llamado a la violencia, delitos de alta traición, acaparamiento de alimentos y medicinas, inflación inducida, en fin no hay ley en los códigos criminales que no la hayan violado tanto los terroristas, actores materiales, como los dirigente políticos de PJ, VP y AD, quienes fungen como actores intelectuales.

Todo lo anterior como consecuencia de la impaciencia de algunos bisoños líderes de la MUD, de algunos sectores de la iglesia y de ciertos medios de comunicación privada comprometidos con la oligarquía rentista, encargados de exacerbar el odio hacia los seguidores de mi comandante Chávez. Ya es frecuente escuchar el grito "muerte a los chavista" para linchar o quemar a un militante del PSUV, a un GNB, o algún sujeto que tenga el infortunio de ser o de tener cierto parecido con un funcionario del gobierno. Hasta ahora lamentamos un centenar de fallecidos causados por un vil sector de la oposición venezolana y la fiscalía, ante tales delitos, permanece impasible. Así mismo, la prensa nacional e internacional miente descaradamente frente unos hechos que en otro lugar del planeta merecería la más alta reprobación y condena, sino fuera porque estos grupos cuentan con el respaldo y financiamiento de las autoridades y de las transnacionales de EEUU.

En este mismo orden de ideas, el día lunes 10 de julio tuve que realizar unas diligencias cerca de la torre a Previsora de la plaza de Venezuela y por órdenes del archiduque Freddy Guevara, en un ukase de última hora ordenó un plantón y un trancazo en todo el país. De inmediato sus cruzados comenzaron a cerrar las vías de comunicación obligándome a emprender mi regreso caminando a través de la que llamaré la "ruta de la infamia", temiendo verme envuelto en el torbellino de los violentos intolerantes.

Mi primera parada fue en Las Mercedes frente al Abasto Bicentenario. Allí encontré tan solo a cuatro malandros encapuchados, los marqueses de la basura, bloqueando el paso. Cerraron la calle con escombros, armados cada uno, no con una espada, sino con palos de golf. Muy cerca de ellos cinco menores de edad de unos seis o siete años esperaban la orden de los cruzados para entrar en acción. Caminé una cuadras más y me encontré a dos señoras (las duquesas de la mugre) cerrando el sendero con desperdicios, estaban sentadas solitarias en un sofá, acompañadas por un motorizado. Debía continuar y la ruta de la infamia demostraba la capacidad de convocatoria del archiduque Freddy. En más de uno de estos lugares lo que encontré fueron escombros sin que nadie vigilara estas trincheras de guerra. No podía creer que cuatro idiotas pudieran generar el caos, pero era una realidad. Continué afanoso mi caminata y más adelante atisbé a cinco aguerridos entusiastas (los duques de las mugre) acarreado trozos de árboles y escombros para cumplir con esmero el decreto del archiduque, representante del rancio mantuanaje criollo.

Durante mi marcha hacia Caurimare no hubo sorpresa, otros idiotas similares, algunos con la bandera tricolor en la espalda, a guisa de capa, como símbolo de su estulticia. No más de diez personas sentadas en cada esquina se mantenían en la expectativa ante la llegada del enemigo que nunca llegaría. Eran los condes de la bazofia, quienes se sentían entre los suyos en la sentina nauseabunda, esperando a un pendejo que quitara de la barrera algunos de los objetos que los protegía de los colectivos que nunca llegan.

En mi ruta hacia el boulevard de El Cafetal fue donde advertí del verdadero talante de las "niñas bien", vecinas de la mal llamada "clase media alta". En una de las esquinas, donde estaban colocados unos parapetos y los escombros para protegerse de los contrincantes que nunca aparecen, caminaban a mi lado dos señoras morenas y sus hijas, todas provenientes de las zonas populares, cargando bolsas de comidas adquiridas en los supermercados del sector. Evidentemente, para ayudar a pasar a sus niñas, muy menores, se obligaron a apartar ciertos escombros que les impedía la marcha a riesgo de caerse. ¡Una afrenta, un desafío! a la majestades de las princesas de la inmundicia. De repente saltó una de las jóvenes guardianas de la libertad y les recriminó a la madre, con violencia y acritud, su actitud de proteger a su niña y le increpó: "mira mamagueva deja eso como está. No vengas a joder para acá". Creí que mis oídos estaban escuchando los fonemas de una furcia de un prostíbulo de baja ralea, pero no era así. Dirigí mi vista hacia la joven que recién había preferido tal inmundicia de nuestro léxico y la observé iracunda. Con su brazo alzado seguía reclamando groseramente tal abuso a la resistencia contra la dictadura de Maduro, el gran "supresor de la libertad". Próxima a mi tenía a una joven de la clase media alta, educada, según pensé, en algunos de los mejores colegios de la zona y estudiante, quizás, de una universidad privada donde supuestamente recibe una excelente instrucción y una formación de primera. Seguidamente la madre sorprendida de la conducta de la joven "bien educada" de la zona, sin más palabra que "becerra" le reclamó su actitud ante la desmedida iracundia, por el solo hecho de pretender proteger a su niña de una caída. Sorprendido ante lo que estaba presenciando, de la reacción de una ilustre joven delegada de la clase media alta, pensé que las palabras insultantes se le habían desgastado. No fue así, su pensadora resguardaba algo "sublime" y le increpó: "regresa a tú cerro de donde nunca deben salir". Por fortuna la joven morena con sus hijas no se quedó callada, pero ninguna de las agredidas recurrió a las vulgaridades e insolencias de la joven de la clase media alta colmada de odio hacia los pobres. Seguí mi camino de la infamia hacia Santa Paula y recordé unas sabias palabras del Libertador:

"Me he convencido más y más de que ni la libertad, ni las leyes, ni la mejor instrucción nos pueden hacer gente decente…, menos aún republicanos o patriotas verdaderos. Mi amigo, en nuestra venas no corre sangre sino maldad mezclada con terror y miedo". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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