¡Maduro! ¡Con mis hijos no te metas! ¡Otra vez!

Él estaba allí, como esperándome, quizás se condolió de mis dudas y buscó las maneras que le hallase para darme buenas nuevas. Pudiera haber creído saber bien como me habían impactado cosas sucedidas en las "protestas pacíficas", donde personas de todas las edades habían sido afectadas tanto como perder la vida y sobre todo aquello ver seres humanos quemados vivos, sin siquiera someterles a los "juicios satánicos" de "Las brujas de Salem". Sintió necesidad supiese detalles del pensar profundo y hasta brillante de los suyos, quienes se oponen más ferozmente al gobierno. Quiso tentarme y me juzgó como a Luisa Ortega Díaz y tantos camaradas tan confundidos que, sin saberlo, están en donde juraron jamás estar. Tomaron el camino de nunca jamás habiendo tantos, aunque poco se reciba a cambio, como el de seguir siendo consecuente con uno mismo y eso es bastante.

Como cualquiera que nos lee, sabe bien cuánto nos ha defraudado el gobierno; no necesitamos hacer una declaración a priori. Uno no ignora que a aquél le hacen la guerra. Sólo que sabíamos bien que ella vendría y ellos, las vanguardias, no debían ignorarlo. Mostrarse como sorprendidos por todo lo que poderes internos y foráneos han desatado sobre Venezuela, el acoso, bombardeo con todas las armas posibles, empezando por la información, que el gobierno denuncia, en veces luce como infantil, otras fuera de la realidad y muestra de incompetencia para estar al mando de la tarea. Con insistencia nos dejan la sensación que de verdad, quienes gobiernan, están sorprendidos y creen valedero y convincente justificarse en lo que el adversario hace. ¿Y qué hace? Pues todo lo que hace y, en defensa de sus intereses, está obligado a hacer; sin contar barbaridades, terrorismo y actos contra todo lo humano y divino.

Como antes hemos dicho, es como si un boxeador justificase su derrota o acorralamiento en la esquina desde que empezó la pelea, porque el contrario no deja de tirar golpes, mientras intenta cerrarle toda posibilidad de retirada. Por eso, se la pasa todo el tiempo quejándose ante el árbitro y aparte de eso, no hace nada, como salirse tirando golpes y moviéndose al centro, por cambiar el rumbo y ritmo del combate.

Pese su discurso, quienes gobiernan, parecen olvidar lo que pasó al Chile de Allende y hasta la Cuba revolucionaria, de la que, debo advertirlo, tengo todavía demasiadas cosas por comprender y aceptar. Como si esperaron que acá en Venezuela, con todo esos recursos estratégicos que preñan el vientre de la tierra, el capital internacional, con socios muy sólidos adentro, más que los que tuvieron en los dos países antes nombrados, actuaría de manera decente, comprensiva y hasta solidaria con el proyecto bolivariano que llegó a la osadía de elaborar una constitución como la del 99 y hablar de construir una sociedad justa y de solidarios. Como si llegaron a creer que quien suelen definir "como el enemigo histórico" no lo era en realidad o estaba de parranda. Incluso, quienes tuvieron un poco de claridad y hablaron de "independencia alimentaria", no pasaron del discurso, dejaron al rentismo seguir campante y optaron por una política dispendiosa y clientelar sin precedentes que no paran. Por eso, llegamos adonde ahora estamos y hablan como si esto que ahora acontece hubiera sido inexorable y sucedió porque la maldad se nos vino de pronto cuando nunca la esperábamos. Dejamos de pensar en la productividad, trabajo, creatividad, desarrollo de fuerzas productivas, conversión del venezolano multitudinario en multiplicador de panes y optamos por creer que estábamos en la "Isla de Jauja", donde el petróleo brindaría para siempre todo y sin esfuerzo alguno. Y lo peor es que en la medida que la crisis aprieta sólo exhiben en sus manos esas mismas cartas.

El gobierno se anquilosó, pero sus miembros se empeñaron en ser los mismos porque de ellos eran las acciones. "Me pongo aquí y si no sirvo me voy para allá a probar suerte y así iré del timbo al tambo; al fin y al cabo soy parte de los conquistadores y a nadie tenemos que entregarle cuentas, salvo al rey, y este está muy lejos". "Quien venga a sustituirme será sustituido por mí y quién le tira a su familia se arruina".

En todas estas cosas meditaba, pensando en el camino a tomar, ahora que se avecina la constituyente, asunto sobre el cual aún no he decidido qué hacer, sin dejar mis viejas e internalizadas banderas desde los años juveniles, cuando me percaté que, en una esquina de la mesa ante la cual me hallaba sentado en aquel café ubicado en mi ruta diaria, había un pequeño papel cuidadosamente doblado. Como si alguien lo hubiese puesto allí para que le hallase. Por la limpidez del mismo, la exactitud del doblez, me llamó la atención, tanto como para sentirme tentado a tomarlo y desplegarlo. ¡Vaya que sorpresa! De alguna manera tenía que ver con mis cavilaciones y estado depresivo generado por el cuadro anterior que había elaborado en aquel momento y sitio.

Él, el papelito, autoría del bando opositor, me dijo todo lo que perderíamos si llegásemos a la constituyente y en esta se modificase la constitución vigente, la que nunca han querido, y entre esas tantas cosas, algunas merecen ser repetidas aquí, por el impacto que me produjo y lo novedoso del discurso. Hagamos un balance citando textualmente:

1.- "Eliminación de la propiedad privada".

2.- "La patria potestad de los menores sería del gobierno".

3.- "Los niños sólo estarían con sus padres hasta los 6 años"-

4.- "Confiscación de todos los ahorros y fondos en los bancos".

La lista es larga y llena de cosas novedosas como esas. Sorprende como el creador de las ideas en este papel escritas, que alguien me dejó sobre aquella mesa como advertencias, quizás por aquello de guerra avisada no mata soldado, fue capaz de llegar a tanta hondura, desplegar aquella poco común perspicacia para comprender el fenómeno y horadar hacia el futuro, sobre todo esa capacidad suya para mostrarse tan original. Lo único que le faltó fueron frases también originales, que no entiendo no se le haya ocurrido antes que a mí, como de "dos casas te quitarán una, esta carnicería tuya pasará a manos del gobierno y con mis hijos no te metas".

No obstante lo novedoso, no sé por qué, sentí la sensación de viajar al pasado.

Y fue tan sorprendente lo allí revelado que todavía pienso, y no sé cuándo dejaré de hacerlo, qué hará Maduro con tanto carajito a su cargo habiendo esta escasez alimentaria que a todos nos agobia.

¿Cómo haré para subsistir si me quitan mis pocos ahorros, hasta la pensión, apenas la depositen, mientras los precios suben escandalosamente?

Ahora entiendo como Luisa Ortega Díaz y algunos compañeros que no nombro por amnesia, fueron capaces de dar esa vuelta repentina. ¡Qué genialidad e intuición!

No obstante tanta claridad, originalidad y perspicacia, como uno es bruto y por ende terco, sigo dudando que la constituyente nos depare la paz, tanto como del fundamento de lo escrito en ese papelito. Sería hacer como el niño de "Uno", de los cuentos de Adriano González León, poner un iglú o un osito peludo en el área tropical del mapamundi.

Por ahora lo que veo son seres humanos quemados vivos, golpeados por el sólo ser lo que son, negocios asaltados y quemados, autobuses, el metro, depósitos de alimentos objetos del mismo tratamiento, hasta escuelas y dispensarios de salud acosados, disturbios por doquier que incomodan la vida ciudadana, intentos de promover una guerra fratricida y la entrada de fuerzas extranjeras a hacer suyo lo que es nuestro o de todos. Un gobierno que no haya en qué palo ahorcarse y menos dónde y en quién apoyarse. Y por supuesto a Trump, el Comando Sur y hasta al mismo Almagro, como cazadores velando venados inocentes.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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