Tal vez tengan razón quienes proponen que lo político revolucionario, en el contexto histórico-social actual, se define en la interacción entre "lo vacío" y "lo flotante" por cuanto debe referirse al "pueblo que falta", esto es, con autonomía de pensamiento y acción. Un pueblo que parece anunciarse como multitud en su deriva al manifestar su malestar, descontento y protesta al acompañar azarosamente los saqueos de los establecimientos comerciales de alimentos y víveres principalmente, ante la imposibilidad o la limitación de satisfacer sus inmediatas necesidades de consumo al respecto. Deriva decimos, ya que no tiene anclaje consciente o reflexivo respecto de algún proyecto político de transformación o de convergencia en una propuesta radical, en consecuencia, manifiestan un vacío. De aquí, que utilicemos lo términos de vacío y flotante para referirnos a su situación presente de indefinición política o de posible transición.
Cuando afirmamos que no poseen anclaje o referencia política, obedece a que hemos observado que si bien en algunas ocasiones se dejan llevar por la incitación momentánea de "aprovechar los saqueos para proveerse", producidos por pequeños grupos de agitación de la oposición, la mayoría de las veces son acciones sorpresivas programadas por los "bachaqueros" o lideres de delincuentes organizados en bandas que se presentan como los protectores de las comunidades barriales. Incluso, estos grupos, que están cobrando cada vez más fuerza, han logrado un ascendiente sobre estas comunidades con base de una hibridación de intimidación del poder de las armas que portan y accionan contra cualquiera que los adverse (incluyendo a las fuerzas policiales cuando penetran a "su territorio"), y de la seguridad que garantizan frente a las agresiones individuales o grupales de otras bandas territoriales contra los habitantes de "sus comunidades".
Dicho en otros términos, parafraseando y utilizando descontextualizadamente el pensamiento de Michel Foucault, esas bandas ejercen el poder territorial de "matar o dejar vivir", a semejanza del poder del soberano (el rey, príncipe, etcétera) en la época europea anterior al desarrollo capitalista liberal, que impuso otra tecnología de poder biopolítico: "hacer vivir y hacer morir". Hacer vivir para poder explotar la fuerza vital del trabajo o de los trabajadores, a través de políticas sanitarias, etcétera, y hacer morir para mercantilizar la administración o gestión del mercado de la muerte por vía de la venta de servicios de salud, de la medicalización, etcétera, para postergarla.
Sin embargo, nos interesa destacar que el poder ilegal o paraestatal de las bandas delincuenciales populares se origina, según nuestro criterio, y en el marco de otras causales que no podemos desarrollar aquí, en la incidencia de la falta de reconocimiento y de ejercicio del poder popular real o autónomo frente al Estado-gobierno, y del accionar del poder de éste de manera indiscriminada, arbitraria y violenta sobre esas poblaciones. Siendo esto último, causa de resquemor y resentimiento en los adolescentes y jóvenes principalmente, que induce deseos de venganza y enfrentamiento armado contra los agentes estatales.
Deseamos señalar dos datos curiosos que al respecto están ocurriendo en estos momentos. Por un lado, las bandas de bachaqueros y las delincuenciales están desplazando y enfrentando a los agitadores de la oposición en la conducción de los saqueos, ya que los consideran unos "riquitos" indeseables y enemigos; y, por el otro lado, en consecuencia, los habitantes opositores de las urbanizaciones de clase media, han empezado a crear grupos armados de vigilancia ante el temor y miedo de que "los saquedores populares o barriales" vengan a saquear sus comercios y supermercados territoriales donde se abastecen, así como sus bienes. Temen ahora que la violencia que desataron se esté volviendo contra ellos, porque perciben que se está asumiendo una connotación de clases sociales que puede convertirse en una lucha de clases: de "pobres contra ricos". Por ello han puesto a circular asustados en sus redes la consigna: "No al saqueo. Es protesta".
Aunque hemos hecho una simplificación de un asunto mucho más complejo en su explicación, bastará esta aproximación para abordar lo que queremos destacar: la potencialidad de animar y apoyar la organización de una auténtica expresión del poder popular paraestatal, contraria a la cooptación o adscripción castradora que ha hecho el Estado-gobierno con las incipientes organizaciones del poder popular, que conduzca la lucha y organización de las barriadas populares, que hasta ahora se ha expresado distorsionadamente en el poder de las bandas delincuenciales territoriales. Es más, los revolucionarios deben diseñar acciones de acercamiento y concientización política hacia ellos, para que se comprometan a la defensa del pueblo frente a una eventual confrontación con la oligarquía burguesa antipopular que quiere asaltar el poder para su beneficio clasista, ayudando así a que el pueblo que falta, aparezca y sea gobierno definitivamente.
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