¿Equilibrio de fuerzas o preludio de la negociación?

Algunos comentaristas han caracterizado la actual situación política como de "equilibrio de fuerzas" o de "crisis de hegemonía". Por supuesto, es una simplificación de las cosas.

Vamos por partes. Está el asunto de la hegemonía que trajeron a colación Giordani y Néstor Francia en sendos artículos. Habría que distinguir hegemonía de liderazgo. Se aprecia que todavía hay un "sentido común" político, que se ancla en ciertos valores básicos: la democracia, la constitución, el bienestar popular, el amor a la Patria. Motivos discursivos que aparecen en el discurso del Partido-Gobierno, pero también en el de la oposición. No estoy diciendo que tales significaciones guían necesaria y sinceramente el comportamiento de los actores políticos. Sean hipócritas o no; eso es lo de menos. Lo de más importancia, es que les tienen que rendir homenaje a esas significaciones políticas, repetirlas y simular que las toman en cuenta. Esto es señal de hegemonía, de dirección moral e intelectual de la sociedad. Convenimos en que cada día se debilita más. Diferente es el liderazgo.

El liderazgo, entiendo yo, que tiene que ver con el reconocimiento de la gente a sus conductores y, por tanto, a la confianza y la credibilidad que depositan en ellos, y la respuesta a sus llamados a la acción. Aquí se observa que ha habido una pérdida sustanciosa de confianza (y por tanto de credibilidad) en las dirigencias de ambos polos políticos. La capacidad de movilización, escasa en la oposición, importante en el Partido-Gobierno, tiene que ver más bien con la disposición de recursos y ciertos mecanismos de presión, abiertos o no. Por supuesto que hay una masa de activistas de lado y lado. Detallando, se constata que ese asentimiento de liderazgo tiene que ver con cierto "horror al vacío", el sentimiento de que "peor es nada", el desasosiego de "si no son ellos (o él, Maduro), entonces quién o qué". Digamos que los liderazgos políticos hoy en Venezuela, son la ganancia residual del mecanismo de la polarización; no tienen que ver con supuestas cualidades especiales de los "líderes", sino con las coacciones de estar en uno u otro bando. Además, la pérdida de confianza (y de afectos) dificulta un nuevo otorgamiento de sentimientos a otros actores. Digamos que después de una decepción amorosa, cuesta, en general, volverse a enamorar.

Si contamos, como si fueran "capitales" o algo que pudiera cuantificarse, los recursos para la acción política de cada bando, tendríamos un panorama de equivalencia como el que Néstor Francia aludía la otra vez. De un lado, el Partido-Gobierno dispone del Ejecutivo (y si a Poderes Nacionales del estado nos referimos, también el Poder Judicial, el Electoral y el Ciudadano). Algunos compañeros le dan mucha importancia (y la tiene) el mando sobre las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad del estado en general. Pero con todo ese "capital político", el gobierno ha perdido la crisis económica, y eso lo ha puesto contra las cuerdas, paraleando como el coyote encima del abismo. Por otro lado, Francia le reconoce a la oposición una mayoría electoral y el apoyo de los medios de difusión, especialmente los cartelizados a nivel global. En cuanto a lo internacional, es obvio el efecto del ascenso de la derecha en Argentina, Brasil, ahora en Perú. Por otro lado, China y Rusia han expresado abiertamente su respaldo al gobierno, a cambio de una pesada hipoteca. Esta es la fotografía. La película da cuenta de un desplazamiento de fuerzas hacia la derecha.

El Partido-Gobierno presentó la circunstancia de la OEA, como una victoria. Por supuesto, llamamos a cerrar filas contra el intervencionismo. No se discutió la "Carta Democrática"; sólo se postergó su posible aplicación. Pero el punto es: la OEA ya metió la mano en nuestros asuntos. Al llamar al "diálogo", ya obliga a que el siguiente episodio tenga que ver con el desarrollo de esas conversaciones. Más ampliamente, Venezuela ya es asunto de negociación entre poderes que escapan de su territorialidad, incluido el Vaticano, Rusia, China y, por supuesto, Estados Unidos. En otras palabras, la película va hacia algún tipo de acuerdo entre los poderes mundiales; ya no depende exclusivamente de los venezolanos. Claro que nunca fue así totalmente, sólo que ahora es peor. Ya los venezolanos no podemos decidir solos, porque ya demostramos que no pudimos.

De todos modos, llama la atención que todavía haya "estabilidad política" interna, en virtud de un "sentido común" político y un control oficialista de las Fuerzas Armadas (¿o éstas tienen el control del oficialismo?) que hace, además, que los desórdenes y pequeños saqueos se vean constreñidos a episodios locales, inmediatamente sofocados. Los anuncios en torno a centralizar la distribución de productos a través de organismos semi-partidistas (los CLAP y las Comunas), pueden poner peor la cosa, dada la desconfianza y el sectarismo de la polarización. El estira y encoge respecto al referendo agrega ruido.

Pero todo ese ruido no sea más que preparatorio para las negociaciones. Los gritos e insultos llegarán al máximo el día antes del pacto.



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Jesús Puerta


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