¿Por qué es tan lenta la Justicia?

El Código Penal sanciona las conductas de corrupción. Se castiga el cohecho (soborno), la malversación de caudales públicos, el tráfico de influencias y la prevaricación (tomar una decisión injusta sabiendas). Curiosamente, no incluye algo suscrito por Venezuela en las Naciones Unidas y que la mayoría de los países "democráticos" tipifican como delito: el enriquecimiento injustificado. ¿Cuántos podrían ser pillados si fuera obligatorios justificar lo que tienen a nombre propio y de familiares y testaferros? A todos nos llama poderosamente la atención ver cómo personas de entorno han prosperado espectacularmente en poco tiempo.

Bueno sería introducir una legislación que aminore las penas de quienes ofrecen pruebas concluyentes para las investigaciones y el castigo de la corrupción.

¿Por qué es tan lenta la Justicia? En primer lugar, a causa de la ley procesal: por más que haya sido reformada varias veces, se remontan a varios años atrasados y se descansa todo el protagonismo de la investigación en el Juez instructor.

Otro factor que influye en la lentitud de la justicia es la demora, muchas veces interesada, de personas, burguesía, bancos y empresas a la hora de remitir la información requerida por los jueces. No digamos cuando se trata de pedir datos al extranjero.

También hay que tener en cuenta que estos delitos, a diferencia de los crímenes, no se descubren en caliente. A veces pasan años hasta que se tienen noticias del hecho corrupto, lo que trae consigo un doble efecto: primero, que las pruebas no sean fáciles de encontrar y, segundo, hay añadir el tiempo transcurrido desde que se cometió el hecho en la fase de investigación y el día del juicio.

Hay otras dos cuestiones que desmoralizan al pueblo, a los condenados muchas veces no les pasa nada y el dólar robado no aparecen nunca. Una vez que la sentencia es firme y se ha decidido la pena, resulta que no tiene por qué empezar a cumplirse. Los condenados pueden pedir el indulto al gobierno y este concederlo sin motivación alguna.

Son frecuentes los indultos y casos de prevaricación o malversación de caudales públicos. Podemos imaginarnos el estado de ánimo de jueces, fiscales y policías cuando se dan cuenta de que su trabajo no ha servido para nada. A veces el indulto no es sólo de cárcel, sino también de inhabilitación política, de manera que un diputado, un gobernador, un alcalde o un concejal condenado puede presentarse de nuevo a las elecciones. (caso 6-D.)

Pero esto no es todo en las penas de prisión. Suponiendo que el condenado llegue a ingresar en la cárcel, se le puede conceder el tercer grado para que sólo tenga que ir a la cárcel a dormir, y a veces ni eso.

Amén de un fallo más o menos justificado, aquí se dan todos los ingredientes sobre el funcionamiento de la Justicia: una Fiscalía escasamente dotada de medios, demora de los procesos, juzgados saturados, temas prescritos, etc. la sentencia nos indica que los procedimientos deben ser aligerados.

Luego de la leve condena queda otra sospecha. No se recuperarán los dólares robados y el tiempo que los condenados pasarán en la cárcel será muy escaso.

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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