Un nuevo liderazgo

Llegó la hora de encarar la realidad de la situación o la derecha se va a encargar de acabar con los sueños revolucionarios. No se trata de cortar cabezas ni de flagelarnos, de eso se va a encargar la burguesía si nos descuidamos. Lo menos que debería provocar el tremendo derechazo infringido el 6D por la oposición a la revolución es estimular la renovación conceptual de esta última porque "Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre" (La Sorbona), según hablaron las paredes en mayo de 1968. Así de dramática es la cosa.

La mayoría de los cuadros políticos de esta revolución se templaron en la candela del proceso emancipador del 4 de febrero del 92 y de la victoria popular del 98 otros vienen de las luchas revolucionarias de la izquierda en años anteriores. En todos ellos hay mucha calidad humana, consecuencia, talento y creatividad, pero lamentablemente son el destacamento dirigente de un status quo, de un sistema, de un poder político, de un proyecto revolucionario que se estancó, se burocratizó, se corrompió y se convirtió en un estado paternalista sin esperanza de un futuro mejor.

La revolución necesita oxigenarse con la rebelión del pensamiento de su dirigencia política que sea capaz de reconstruir la esperanza y dejar de regodearse con lo hecho hasta ahora pues lo más grande, lo más significativo, lo más sustantivo y lo más revolucionario está por hacerse, por cumplirse y por realizarse. La revolución necesita un funcionariado público que no esté disfrutando de sus cargos, beneficiándose de su posición, privilegiándose de su jerarquía, ostentando amantes, carros, escoltas y dándose la gran vida capitalista en restoranes de lujo y viajes de placer.

Hay que reivindicar la ética socialista que está por el suelo. Hace 17 años quienes llegaron al poder, igual que pasó cuando Gómez, Pérez Jiménez, AD y COPEI, en su rol de nuevos inquilinos de las instituciones del estado no tenían ni donde caerse muertos. Debemos premiar a los que, como debe ser, siguen viviendo en las mismas condiciones que antes de estar en el gobierno o ganan solamente lo necesario para satisfacer sus necesidades. Esos son los verdaderos revolucionarios que dan el ejemplo con su sacrificio por el bienestar y la prosperidad colectiva. También hay los que viven en la opulencia beneficiándose de sus negocios con el estado, esos son los que desprestigian la revolución e inciden en la degeneración del proceso.

No pedimos que se traiga de otro planeta a la dirigencia necesaria para la revolución pero a la que tenemos hay renovarle el pensamiento porque nos acostumbramos a ver como algo normal al dirigente político, al funcionario y al contratista que vive como un burgués, con excesivas comodidades y gustos finos. Eso hay que acabarlo si queremos un nuevo liderazgo para la transformación de la sociedad y la formación de un hombre nuevo.

El nuevo liderazgo tiene que decirle la verdad al pueblo y no engañarse a sí mismo. No se puede seguir hablando de socialismo si se piensa que no es factible desmantelar al capitalismo. No se puede seguir hablando de poder popular y de un estado comunal si no hay la voluntad política para romper con las cadenas que nos atan a las instituciones de la democracia burguesa. No se puede ser ideológicamente socialdemócrata y llamarse socialista bolivariano. No se puede ser antiimperialista y al mismo tiempo socio de las transnacionales en las empresas mixtas. No se puede defender la soberanía nacional cuando se hipotecan nuestros recursos naturales.

El nuevo liderazgo de la revolución tiene que sincerarse, ser auténtico y definirse ideológicamente. Los conceptos tienen que ser respaldados por la práctica de los hechos y las palabras con acciones. Sólo así se logrará recuperar la credibilidad perdida. La pregunta de las cuatro mil lochas es si la dirigencia de nuestra revolución podrá dar el salto histórico para asumir el nuevo liderazgo que la sociedad progresista reclama. Eso es lo que muchos humildes servidores como yo deseamos.



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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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