No se tomó en cuenta la producción de alimentos, ciencia y dignidad

En los antecedentes teóricos del 4 de Febrero los insurgentes discutían las ideas escritas por nuestro querido camarada Kleber Ramírez entre otras la formulación estratégica de producir alimentos, ciencia y dignidad. A 17 años de la llegada al poder por la vía electoral, de los protagonistas de la rebelión militar del "por ahora", la revolución bolivariana está en déficit con estas premisas básicas. Olvidamos producir alimentos, ciencia y dignidad. La Ley Orgánica de Seguridad y Soberanía Alimentaria aprobada en el 2008 es letra muerta y el desabastecimiento golpea la credibilidad de la revolución. La Ley de Educación Superior (LEU) generada por la Asamblea Nacional fue desestimada por los exministros de Educación Héctor Navarro y Luís Acuña quienes recomendaron a Chávez su no promulgación dejando a las universidades sin una herramienta legal de renovación para impulsar el desarrollo de la ciencia al servicio del poder popular. La Ley Anticorrupción fue engavetada por imposición de la diputada Cilia Flores, según lo dio a conocer recientemente el ex ministro Héctor Navarro y con ello quedó huérfana la ética socialista y la dignidad del ser humano a merced del nepotismo, el tráfico de influencias y de los vicios más perversos del capitalismo.

Desde 1991 en el "Programa General para el nacimiento de una nueva Venezuela", documentos del 4 de febrero, Kleber Ramírez Rojas en un proyecto nacional y conceptual aclaró la prioridad del problema alimentario para la recuperación nacional. Existe pues una doctrina revolucionaria sobre el tema que se ignoró sin ninguna justificación. Lamentablemente las fuerzas de la inercia trabajaron a favor del sistema de dominación y destrucción nacional. El incumplimiento de sus tareas revolucionarias por parte de los responsables del gobierno y de la dirección política del proceso llevaron a la revolución a ser presa fácil de la llamada guerra económica que encontró a la nación desguarnecida, desprotegida e indefensa. Disponer de las despensas llenas, decía Kleber, es el primer factor estratégico militar para la defensa nacional.

Las despensas del proletariado están vacías por la falta de planificación, por la ineficiencia y por la impunidad con los corruptos, acaparadores y especuladores. La investigación científica anda a la deriva, sin la LEU, en las universidades experimentales y autónomas convertidas en barricadas desestabilizadoras. Para desgracia la dignidad revolucionaria está maltrecha por los escándalos de corrupción completándose así un cuadro de decadencia social, política y económica. Los reiterados reclamos que hacía Chávez a sus ministros y al partido para la concreción de las comunas y el poder popular autónomo se quedaron en una falsa apariencia frente a un estado paternalista y un capitalismo de estado corrupto, alcahuete con los intereses privados monopolistas.

Se ha configurado un status quo que es percibido por un sector progresista de la sociedad como el de un estado agotado, podrido, sin ética ni espiritualidad. El gobierno de Nicolás Maduro y el PSUV perdieron credibilidad en una porción importante del chavismo lo cual es medible en dos millones de votos y la idea del socialismo la convirtieron, para los sectores populares defraudados, desilusionados e indignados, en un proyecto no factible alejado de la realidad. Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez e Iris Varela deberían dejar la necedad de estar a la defensiva frente al chavismo crítico al que hay que reconocerle que bastante alertó sobre el aguacero que se nos venía encima y ellos nunca propiciaron las previsiones pertinentes.

Salir de este atolladero no es fácil pero es imposible lograrlo echándole la culpa al enemigo sin aceptar la propia. Hay que dejar de encerrarse a reflexionar en espacios burocráticos rodeados de los incondicionales y aduladores de siempre en vez de escuchar la voz crítica del pueblo. Ojalá se entienda la complejidad del problema que pasa por recuperar la credibilidad y la confianza perdidas por los errores cometidos que le abrieron las puertas al fascismo.

La oposición debe mirarse en el espejo de la toma de posesión, el 2 de febrero de 1989, del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez cuando éste arrasó con votos y fue coronado con bombos y platillos en el Teatro Teresa Carreño. Debe recordarse que menos de un mes después el pueblo se alzó y dejó la profunda huella histórica del Caracazo. Como se sabe Pérez no terminó su mandato al ser destituido por la Corte Suprema de Justicia. Luego vendría la rebelión militar del 1992 y pare de contar. Ahora es cuando el pueblo tiene historia por hacer camino a la esperanza.

 



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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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