¿Elegimos o nos eligen? – reflexiones a propósito de un tiempo nuestro

La calle está saturada de la queja, es la catarsis posible pero inútil por intrascendente, las coñazas que se arman en las colas de lo público son la huella de un ahora es así, la violencia no es sólo el aumento de los pedazos en que se cortan los cuerpos de las víctimas, la paramilitarización del miedo, sino el estallido de la desesperación de los muchos. Las miserias individuales saben florecer en el campo de las derrotas y del caos social. Cuando se rompe la piñata los niños se lanzan sobre el suelo y se golpean unos a otros por los caramelos, la piñata tiene el rostro de su héroe favorito, y nadie se da cuenta de la contradicción.

Ya no es un secreto a voces, por tanto no nos volvamos retóricos. Más allá de los argumentos de un lado y del otro, entre es “culpa del imperialismo” y es “culpa e’ Chavez” no cabe posibilidad de duda, todo es total, eres bueno o eres malo, racionalizar las causas de este desastre que vivimos es motivo de acusación, ¿en cuánto tiempo de persecución? Una política que no pueda ocultarse con ojo crítico, a riesgo de ser señalado, evidentemente no es una política que en su seno defienda la libertad de hombres y mujeres, y mucho menos reivindique una vida cercana a la solidaridad, la tolerancia y la justicia. En el discurso cabe todo, y eso es algo que éste gobierno sabe cómo abusar. Pero, ¿hasta qué punto puedes sostener un proceso apoyado por una “mayoría” cuando le entras a patadas en el estómago y le escupes la cara al mismo cuerpo al que después le pides lealtad para que te salve en nombre de una nunca mejor vendida tranquilidad de todos? A punta de dadivas y a punta de palabrería no se sostiene nada, ¿o sí?

Pensar que sí se sostiene es el centro de una discusión que debe darse con la cara lavada, sin la carga insoportable de la política del chantaje y el aguante, de la política agotada de la sinrazón, del no importa los medios y se hace “como sea”, de vota por un corrupto, cálate la subestimación de tu inteligencia, sacrifica tu ética para que ganemos, porque lo importante es siempre ganar, no importa para qué; en estos términos el socialismo es una especie de espejismo cada día más lejano, un lugar dónde llegar en una carrera destructiva. Kundera no se equivocaba cuando hacia retrato narrado de estos personajes monstruosos del poder totalitario, capaces de matar a su propia madre en sacrificio de “algo” siempre más trascendente e importante, tan trascendente como desvirtuado. Así se nos ha ido la historia de la humanidad, así pueblos enteros se han enterrado en una derrota de la cual es muy difícil salir vivo.

Pero el chantaje funciona, ha funcionado por tanto tiempo que perdimos la cuenta de la entrega de nuestro espíritu libertario, funciona en la medida en que no existe alternativa, a veces se ve pero no se asume, a veces, en los casos más tristes, ni siquiera se ve, es absolutamente imposible deslastrarse de la maldita lógica del poder estadal sostenido en la opresión de las fuerzas movilizantes del pueblo, la militancia se reduce al voto y el silencio cómplice, y en otros casos, cada vez más, en la fuerza de choque contra todo levantamiento popular. Sí, los pueblos son capaces de matarse a sí mismos, los de arriba sólo ponen las condiciones, y abajo nos escoñetamos y cada elección esperamos que venga otro pendejo a poner el orden que no hemos sido capaces de construir de otro modo. Nuestros hijos pueden ser narcos, pranes, policías o corruptos, nuestros hijos pueden ser la garantía de la existencia de los narcos, los pranes, los policías y los corruptos, ¿quién detiene su legitimación? usen o no usen palabras “bonitas” que nos aplaquen la culpa revolucionaria, todos se metieron solitos en el mismo saco de hambreadores y déspotas de siempre, eso no ha cambiado de unos quinientos y tantos años para acá.

Podríamos explicar este fenómeno de ceguera en una generación que creció con éste modelo gubernamental, que hizo la calle y llenó su cabeza de una hermosa voluntad de los comunes reivindicada en la palabra de Chávez, no es tarea fácil salirse del entramado, de la comodidad mental y existencial para construir otra política, donde el hacer es propio y por tanto no basta ser un funcionario público e ir de vez en cuando a una marcha, no basta votar. Y en la generación que se vió codo a codo con la hechura de una violencia revolucionaria necesaria, que padeció la cárcel y la clandestinidad con la dignidad de quien conoce el sentido entero de su vida como revolucionario, cómo explicar que esa generación hoy haga la madrugada para ir a escoger a unos carajos que han hecho de su poder (que le dimos nosotros) la mina de oro de sus aposentos, han hecho del socialismo un cadáver patético para llenarse la boca.

El chantaje funciona porque este pueblo conoce la política opresiva de la cuarta república y no está dispuesto a volver a ella, entonces se mueve entre qué es peor, así de simple es el razonamiento, no pasa de ahí porque no ve salida…traiciono mis historia y mi clase y voto por la derecha fascista, o me tapo los ojos y me hago el pendejo y voto por unos corruptos usurpadores que ni para mantener el curso regular de un capitalismo “bueno” han servido. Vote o no vote el negocio está hecho, en el juego de los intereses capitales no hay ética, sépalo, cada quién anda salvando su negocio, y su negocio es un país de más de 30 millones de personas con un caudal de río negro adentro, aún bastante sustancioso.

Es incalculable la energía que hemos perdido en salvarle el pellejo al gobierno, algunos con las culpas de quien no quiere defender lo indefendible pero termina cediendo y justificando el chantaje con unos colores más cercanos a su propia cosecha, todo desde el plano donde aún se cree que existe un proceso revolucionario que defender, y no una cúpula de corruptos montados en un poder sostenido en el imaginario de las luchas históricas de nuestro pueblo, cúpula que vive del trabajo concreto, revolucionario y cuantificable de miles de compañeros y compañeras que superan mil veces “las líneas” que les bajan para distraer su acción política militante. Es terriblemente desesperanzador ver perderse en el limbo de la coyuntura (el mayor de los chantajes) la fuerza de los y las nuestras, llenarnos de silencio para no herirnos, mirarnos en la certeza de la inconformidad que acepta la cada vez más creciente bola de nieve de las atrocidades explicitas de las tiranías locales, del saqueo permanente y nunca detenido de nuestra tierra y de nuestro trabajo, ahora de nuestra creatividad y de nuestra fe en una sociedad distinta.

Podríamos pecar de ingenuos, seguramente lo somos, pero comparemos el clamor de un pueblo que iba a votar por un proyecto de país que nadie le regaló y que un carajo como Chávez supo reconocer, a este descalabro absurdo, resignado de este tiempo nuestro. Cómo volver a colocarnos en la razón de la transformación, en el empuje de un poder colectivizado y posible en la expresión alegre y avasallante de la calle y de la casa y del continente.

Y cuánto más tendremos que decirnos para encontrarnos después, en el amor, en la calle, compartiendo la misma condición de los jodidos de siempre, golpeados entre nosotros, ojalá con la certeza de no enterrarnos en la misma tumba, ojalá con el entendimiento de intentar de nuevo dignificar la vida, en esa energía quizás nos podamos mirar plenamente y abrir así las manos para reconocer un aire que en puño cerrado sólo anida la rabia. Y si aún no es posible abrirlas al menos sepamos que en el fondo de la tierra, en lo más oscuro, la vida guarda un cuerpo que pare su propia luz, que duerme durante siglos pero despierta…siempre, sabio del aguante, hermano de lo posible.

 
 

 



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Aquarela Del Sol Padilla

Venezolana. Escritora, productora audiovisual y guionista. Feminista. Formación en literatura, televisión y documental. Experiencia en gestión cultural, investigación y comunicación.

 aquareladelsol@gmail.com

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