Carta a propósito de un adiós al chavismo y otras palabras

Claro que una podría patear la mesa, no agudizar el oído sino taparlo tercamente con las dos manos, no se vayan a internar las palabras que en el ejercicio de su verbo pueden abrir, escudriñar y quebrar por dentro algunas cosas. Pero no. No, porque llevamos unos cuantos-bastantes años colocándonos en el lugar que creímos preciso, justo en la dimensión histórica, para quedarnos luego con la nada bajo nuestros pies. El detalle, lo que nos duele, es que muchas veces lo hemos reconocido, y nos hemos quedado callados, por pura cobardía. No es el silencio del que siendo sabio aprende, sino el silencio de quien tiene miedo de su propia indignación. El miedo vuelto hacia la multitud es capaz de hacernos besar las manos de nuestro propio asesino, de tropezarnos a diversión del Rey.

Entonces bienvenidas sean tus palabras que son capaces de conmovernos hasta dejarnos sarandead(a)s, palabras que vienen a limpiar un centro, uno que con nuestras propias manos quisimos árbol y que luego se nos volvió cueva de nuestra desgracia. Adentro nos hemos estado cayendo a coñazos, ya las heridas se nos notan en todo el cuerpo, ¿en qué momento dejamos que la autentica alegría de ser juntos se nos volviera mueca? No nos tomó por sorpresa, vimos venir la tormenta, algunos dieron la alerta y gritaron a voz en cuello, otros cerraron las ventanas. Hay hombres y mujeres que han tenido el valor de nombrar el horror, la tristeza y la dicha, eso no detiene el descalabro, pero quizá nos alivia la mirada, nos lleva a un fondo donde no queda otra que volver a pie o echarse a morir.

Vivir el duelo, soltar el cuerpo vivo de lo amado para transformarlo en otra cosa, superar la necesidad del ser físico, es justamente lo que no hicimos con Chávez, y esto es clave para entender un momento tan desesperanzador como éste. El Chávez santificado, hecho un muñeco de yeso plantado en la conciencia, ha sido uno de los chantajes más grandes que hemos vivido como pueblo, "el legado de Chávez" es un comodín que el poder ha sabido usar para mantener el silencio, el del miedo. Debemos reconocer que nos han jodido con nuestro propio dolor; en el paradigma de la vida como desarrollo, como avance hacia un estadio de lo perfecto, donde la muerte, la despedida, los cierres, son negados como bichos de otra raza. La santificación, el legado, la parálisis y el miedo son los pilares de un tiempo nuestro. La rabia no ha sido suficiente porque tiene miedo, la rabia no ha sido suficiente porque hicimos el catecismo con "el proceso", la rabia no ha sido suficiente porque incorporamos "al legado" la sumisión y el aguante, porque la militancia tiene salario.

Uno no puede hablar por su generación, ni por su género, ni por su clase. Uno puede hablar como uno. Y es ahí donde toma trascendencia el sentido de lo que uno-una puede decir. Es por eso que todo lo que ataque por debajo y fuera del cuadrilátero, es decir, todo lo que ataque al "hombre" como entelequia, y no al hombre-mujer como carne de su carne, podría ser también, como carne de su pueblo, queda suspendido en la nube de ruido que nos aplasta. En ese estadio de la palabra como liberación, como despojo interior, como grito que sale y busca cargarse de otro aire, es una palabra que se agradece.

Te comentaba el otro día que los pemones componen sus palabras con morfemas que traducen al español un significado metafórico, cercano a lo que occidente entiende como poesía, es así como la tierra, el cielo, el agua, los ojos, la boca y las manos están presentes como raíz de casi todas las demás palabras. Es posible entonces que la palabra "amigo", traduzca "mi otro corazón". Pensaba yo, en la maravilla de este descubrimiento, que las palabras entonces sí son, pueden volver a ser, la hechura gráfica y sonora de nuestra propia versión del mundo. La palabra más que ruido, palpito, más que discurso, cuenco de nuestra existencia y su comprensión. Vengan a nosotros y nosotras las palabras que nos permitan andar sin el peso de la culpa, las que nos configuren en el sueño posible, en la fortaleza de los riesgos asumidos, en la celebración de la vida que vendrá.

Salud por el hombre, salud por la palabra.

 



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Aquarela Padilla

Venezolana. Escritora, productora audiovisual y guionista. Feminista. Formación en literatura, televisión y documental. Experiencia en gestión cultural, investigación y comunicación.

 aquareladelsol@gmail.com

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