La venus hotentote

La de Saara Baartman es la vida de una joven sudafricana de la étnia khoikhoi (hombres de los hombres) humillada por la sociedad europea de inicios del siglo XIX al haber sido dotada por la naturaleza con un prominente trasero, producto de la acumulación de grasa (esteatopigia) lo mismo que una gran vulva con amplios labios. Rasgos característicos en algunas mujeres negras africanas y caribeñas.

Hacia mediados de 1810 fue traída bajo engaño por un médico inglés a Londres donde fue objeto de estudios médicos y antropológicos. Posteriormente, cuando ya no generó mayor interés científico, fue exhibida desnuda dentro de una jaula como un animal salvaje. Siendo objeto de burla y mofa, con el mote de Hotentote (tartamudo) término despectivo usado por los holandeses para humillar a las culturas de África del Sur por su característica del chasquido en el habla de esta lengua.

Saara Baartman permaneció en Londres hasta mediados de 1814 cuando fue vendida a un empresario circense francés quien la llevó a París para presentarla en los espectáculos como una atracción animal al tiempo que era examinada por científicos, como el médico Georges Cuvier, padre de la anatomía comparada. Sus prominentes nalgas al igual que su vulva abultada, junto con su piel color miel terminaron por ser objeto de fascinación y deseo sexual. Hacia mediados de 1815, ya olvidada y abandonada, Baartman murió posiblemente de hambre, en la calle, en un intenso invierno. Su cerebro y esqueleto fueron mostrados en el Museo del Hombre de París, hasta mediados de los años ’70s, cuando fueron retirados y dejados en los depósitos. Finalmente en 2004 el presidente Nelson Mandela solicitó al gobierno francés la repatriación de los restos de Baartman para ser enterrados en su tierra natal.

La historia de esta mujer sirvió para que el escritor Stephen Jay Gould escribiera su novela Venus Hotentote. También esta triste historia ha servido como base para la película La Venus Negra, del director tunecino Abdellatif Kechiche, donde la actriz cubana Yahima Torres interpreta a Baartman. En su tumba, cercana a su pueblo natal, en Sudáfrica del este, existe una placa con una breve reseña de su historia y un extraordinario poema escrito por Diana Ferrus, una de las voces más significativas de la poesía africana.

Igualmente, la historia de esta mujer es representada por Chantal Loïal, directora y coreógrafa de la compañía de danza Difé Kako, con textos de Marc Verhaverbeke. El solo de actuación que representa Loïal muestran la versatilidad y plasticidad en los movimientos de un cuerpo que va contando la historia de este ser humano, quien es humillado hasta la saciedad y que encuentra en el acto dancístico una expresión verdaderamente artística, más allá del contenido temático que tanto horror nos causa.

Sencilla es la escenografía así como la muestra coreográfica. La escena inicia desde la oscuridad y en ella se mantiene hasta el final con la presencia de esta excelente representante de la danza moderna, quien protagoniza todo el torbellino del drama corporal que artísticamente es resuelto en una combinación de movimientos donde el cuerpo expresa la violencia a la que es sometida esta mujer. Expresiones guturales que hablan desde el fondo del cuerpo, como voz primaria que aúlla sufrimiento y humillación, combinado con declamación de partes de poemas dedicados a esta mujer.

Habría que agregar el acompañamiento musical en dos momentos. El inicio, mientras el cuerpo apenas está reposado, con música clásica, como muestra de los primeros momentos cuando es encontrada y vive como esclava de unos granjeros holandeses en su país natal. Posteriormente, cuando es traída y maltratada en Londres y París, la música se convierte en registro de voces que acompañan el cuerpo en movimientos y giros más ágiles, quizá agresivos, junto con cantos tribales y de voces que acompañan los restos de una calavera que quedó y fue mostrada en uno de los museos más prestigiosos de la antropología mundial, el Museo del Hombre de París.

Triste historia y agravio a la dignidad de la mujer, por una sociedad de hombres misóginos que una vez más muestran su corrosiva idea de seudo inteligencia y superioridad.

 

 



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Juan Guerrero


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